Las mujeres que abrieron paso junto a Jesusín de Galiana

Marita Fernández junto a Jesusín de Galiana. /  PATRICIA BREGÓN
Marita Fernández junto a Jesusín de Galiana. / PATRICIA BREGÓN

Marita Fernández, vicehermana mayor de Jesusín de Galiana, ha sido testigo de la historia reciente de la Semana Santa avilesina

EVA FANJUL AVILÉS.

Marita Fernández González lleva casi toda su vida vinculada a Jesusín de Galiana, al que le profesa un «amor enorme». Con trece años comenzó a participar de los actos de la Cofradía de Jesús de Galiana de manos de su padre, Rogelio, directivo por aquel entonces de la hermandad. «Como era una cría, en aquella época solo acompañaba en las procesiones».

Marita fue creciendo a la vera de la hermandad y con los años fue aumentando su participación a la Semana Santa. «Siempre andaba por la cofradía preguntando qué puedo hacer, dónde me pongo y como siempre me gustó mucho el adorno floral enseguida empecé a adornar el paso», detalla.

Con diecinueve años esa colaboración se intensificó y la joven Marita se sumó también a echar una mano en las tareas de mantenimiento de la capilla y en todo aquello que pudiese ayudar. Aún recuerda cuando en su época de estudiante de Biología en la Universidad de Oviedo, aprovechaba el viaje a la capital para conseguir el hilo de oro con el que se repasaba el manto de Jesusín, «no se me olvida, lo compré en 'La más barata', el mismo que utilizaban las monjas», apunta.

Poco después, a finales de los años setenta, fue testigo y partícipe de importantes momentos para la cofradía, como el año en el que las mujeres procesionaron por primera vez con el hábito de cofrade. Marita asegura que este acontecimiento, que causó un gran revuelo aquella Semana Santa, se vivió con total normalidad en el seno de la cofradía de Nuestro Padre Jesús de Galiana. «Fue un cambio espontáneo y natural, nada forzado. Hacían falta cofrades y las mujeres que siempre estuvieron vinculadas a Jesusín de Galiana se incorporaron sin más, y los hombres de la cofradía las animaron porque era algo sencillamente lógico».

Sin embargo, el impacto en Avilés fue tremendo, y «en aquella primera procesión del Encuentro, sobre todo en la plaza Álvarez Acebal, se oyeron pitos e incluso algún insulto», explica Marita.

Por fortuna, la cofradía no se amilanó y al año siguiente las mujeres de El Carbayedo siguieron procesionando junto a la imagen de Jesusín de Galiana, quizá porque en el barrio «las mujeres siempre tuvieron un papel muy importante», destaca. «Lo cierto es que en un par de años la cosa se calmó», señala Marita. Ahora mujeres como ella, vicehermana mayor de su cofradía, no solo marcan el paso en la procesión sino que también integran la directiva, «con naturalidad».

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