Todo un mundo celta bajo techo

Las terrazas de los puestos de la carpa del Intercéltico son uno de los principales reclamos ante el buen tiempo. / MARIETA

La carpa del Intercéltico concentra música y oferta gastronómica en un mismo espacio

M. PICHEL AVILÉS.

Por segundo año consecutivo, la actividad del Festival Intercéltico se concentra en la explanada de La Exposición. Bajo la carpa se agrupan los puestos de comida y de bebida, mesas para disfrutar del buen ambiente y el escenario en el que se suceden las actuaciones de los grupos invitados. Junto a ellos, puestos de artesanía, hinchables y pequeñas atracciones para los niños. Un mundo celta en miniatura en el que no hay opción para el aburrimiento.

Por la mañana, y a primera hora de la tarde, la actividad se concentra en torno al pasillo que crean los puestos de artesanía. Se ofertan todo tipo de productos, desde joyas hasta juguetes, desde ropa hasta comida: quesos, embutidos... El público se agolpa preguntando a los comerciantes por sus diferentes propuestas, y al lado, junto al Suárez Puerta, los niños pueden jugar en los 'caballitos' o saltar en hinchables y colchonetas. Hay opciones para todos los públicos.

Según pasa la tarde y arrancan las actuaciones de los grupos llegados del arco que componen los llamados países celtas, la carpa se llena de público que vibra al son de la música. «Empieza a notarse la afluencia de gente en cuanto comienzan los grupos en el escenario», reconoce Kike Cabral, que está al frente del bar que comparten Javi Luna Distribuciones y El Eclipse. Él es un firme partidario de esta fórmula de organización que junta a los diferentes puestos de bebida y comida bajo la carpa. «Además hay muy buen rollo entre todos», destaca. No obstante, cree que sería adecuado programar algún pasacalles más, o «alguna actuación por la mañana», el momento más flojo. Es su segundo año, y apuesta por preparar eventos con un planteamiento similar «más veces».

Como dice Víctor Ayuso, de San Miguel-Bulevar 21, «lo fuerte aparece partir de las siete de la tarde, cuando empieza a llegar de verdad la gente». Y resalta la importancia de las terrazas, «tiran mucho». Y la animación se prolonga hasta pasada la media noche, y con el fin de semana, aún más.

Cerca de las sillas para el público, en uno de los costados, está la barra de Astur Eventos, y en ella atiende Anais Bernardo. Para ella, la distribución actual «es un acierto, porque da más ambiente, invita a la gente a venir, y además, nos llevamos entre todos bien». Como sus compañeros, reconoce que el punto de inflexión llega con las actuaciones.

Hora de comer

En la carpa se pueden saciar el hambre y la sed mientras se disfruta de la música y los bailes. Comida ofrece la Pulpería Archi, de Lugo. Uno de sus trabajadores es Dosi Rodríguez, que resalta la diferencia entre la mañana y la tarde, «está bien, pero hay mayor afluencia por la noche», explica. La gente se inclina por los tradicionales productos gallegos, «el pulpo, el lacón, los pimientos...».

También es el segundo año en la carpa de Miguel Ángel Álvarez, de Destino Gin Club. «La gente ve las actuaciones y a la vez consume, son los momentos de mayor afluencia», dice. Solo hay una pega, que se debe al éxito del certamen: «El espacio en la carpa está un poco comprimido».

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