Las obras de la cubierta del edificio de infantil del Quirinal vuelven a paralizarse

Hierros y postes de la cubierta, apilados frente al edificio de infantil. / LVA
Hierros y postes de la cubierta, apilados frente al edificio de infantil. / LVA

La decisión se adopta tras alertar los padres de la toxicidad de los compuestos desprendidos durante los trabajos en horario escolar

C. R. AVILÉS.

Las obras de la cubierta del edificio de educación infantil del colegio público Quirinal vuelven a estar paradas, en esta ocasión a instancias de las familias. La decisión se adoptó tras la reunión que la directora y la jefa de estudios del centro, Julia Fernández y María González, respectivamente, mantuvieron con los padres de los alumnos y a la que asistieron el arquitecto y un técnico de prevención municipal y el jefe de obra de la empresa.

Mientras tanto, los alumnos de tres y cuatro años entrarán y saldrán del colegio por la puerta de acceso al patio principal y formarán fila delante del edificio de educación infantil. En caso de lluvia, se entrará sin formar fila. Asimismo, los niños de cinco años cambiarán su zona de recreo habitual por el patio trasero y los de tres y cuatro usarán el de primaria en un horario distinto. El último de los cambios provisionales afecta a quienes se quedan al comedor, que se recogerán en el patio cubierto de columnas.

Las medidas son el resultado de una intensa reunión en la que quedó de manifiesto el malestar de unas familias que alertaron de la «toxicidad» de algunos elementos químicos que estaban respirando sus hijos. Porque, según reprocharon, las obras se estaban realizando en horario escolar y no fuera de él, como al parecer se había prometido.

Los alumnos de tres y cuatro años jugarán en el patio de los de primaria, en otro horario

Según trasladaron miembros de la Asociación de Madres y Padres (AMPA) tras las explicaciones recibidas en la reunión, las obras de la cubierta comenzaron a mediados de agosto y se paralizaron a pocos días del comienzo del curso porque no encontraban una máquina para hacer el chorreo. Manifestación que fue recibida con escepticismo entre los convocados, unos cuarenta progenitores.

Uno de ellos alertó de que la pintura que se pretendía eliminar con esa labor de chorreo tenía al menos treinta años y, por tanto, plomo entre sus componentes. Argumentación apoyada en los documentos sobre el particular publicados por el Ministerio de Trabajos y Asuntos Sociales, aportados por otra madre. Los padres criticaron que se hubiera mantenido a sus hijos «de tres y cuatro años, respirando esas partículas en suspensión durante días» una vez retomadas las obras. «Se rebozan por el suelo, se llevan la mano a la boca y, con las ventanas de las clase abiertas, que siempre están abiertas porque son muy calurosas, están en permanente contacto con estos productos. Además están a la vista hierros y otros metales de la obra», alertaron. Es más, algunos confirmaron haber quitado puntas y clavos que los operarios habrían dejado allí.

La empresa adjudicataria de la obra confía en poder culminar las obras el viernes 29 de septiembre, fecha que los asistentes consideraron demasiado optimista.

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