Orbón, Avilés y la Guantanamera

Julián Orbón, acompañado del poeta cubano cubano José Lezama Lima, primero por la izquierda y Alejo Carpentier, primero por la derecha.
Julián Orbón, acompañado del poeta cubano cubano José Lezama Lima, primero por la izquierda y Alejo Carpentier, primero por la derecha.

Se cumple medio siglo de la primera visita del compositor más universal de la villa tras tres décadas fuera de España

ISMAEL JUÁREZ

Creo que mucha gente en Avilés no conoce la importancia de Julián Orbón más allá de 'Guantanamera'. Esto es lo que afirma Fran Vaquero, cineasta avilesino, y que hace unos meses estrenó el documental 'Orboniana'. Una película que, a través de distintos testimonios tomados tanto en Asturias como en Madrid y América, se adentra en la vida y el legado del compositor asturiano.

La hemeroteca y diversos testimonios escritos dejan claro que Julián Orbón fue un admirado compositor elogiado por auténticas leyendas de la música culta, además de un generador de diversión y producción intelectual y creativa con figuras latinoamericanas de la literatura y la música del siglo XX. Sin embargo, «·i preguntas a mucha gente en Avilés quién es Julián Orbón tal vez no sepan responder con seguridad», afirma Vaquero.

Julián Orbón era hijo de un ilustre pianista avilesino, Benjamín Orbón, cuyos lazos con Cuba se estrecharon cuando fundó en la isla un conservatorio al que llegarían a estar adscritas alrededor de 170 academias. Esto haría que los viajes entre La Habana y Avilés fueran normales en la familia Orbón. Julián nacería en 1925 en medio de esas idas y venidas y, hasta su definitiva marcha hacia el Caribe a principios de los años cuarenta, Cuba marcaría su formación y también su lenguaje vital. No en vano, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante llegaría a afirmar que 'hasta el final, fue muy cubano, habanero más bien'.

Sin embargo, el músico no abandonaría España hasta después de la guerra civil, siendo ya adolescente, lo que sin duda explicaría su acento español el resto de su vida.

En Cuba empezó a despuntar como músico precoz hasta el punto de irse a Estados Unidos a seguir formándose bajo la tutela de Aaron Copland quien, al igual que otro gran compositor americano del siglo XX, Leonard Berstein, nunca ahorraría elogios para el talento musical del asturcubano.

Su reconocimiento internacional en los círculos de la música culta llegaría en los años cincuenta, cuando tras estrenar su Cuarteto para cuerdas Nº 1, el famoso crítico musical del New York Times Harold Schömberg afirmó que dicha obra 'es uno de los mejores cuartetos escritos en el Siglo XX'.

Sin embargo, resulta relevante que para el gran público su obra más conocida sea una canción popular: 'Guantamera'. «Fue una broma», cuenta Armando Orbón, sobrino del compositor. «Una broma surgida en una de esas juergas de músicos, intelectuales y amigos en las que mi tío juntó unos versos de José Martí con el son guajiro. Y curiosamente la canción se convirtió en un himno oficioso de Cuba y de la revolución cubana», explica.

En un principio Julián Orbón había simpatizado con la llegada al poder de Fidel Castro pero pronto, debido a su desacuerdo con la evolución de los acontecimientos, tuvo que irse de la isla'. Su sobrino señala que «dejar Cuba fue algo muy doloroso para él, le marcó mucho».

El compositor se iría a vivir a Nueva York y allí continuaría su trayectoria exitosa, donde, además, su casa se convertiría en un lugar de parada casi obligatoria para muchos intelectuales. Su gran amigo Alejo Carpentier o Gabriel García Márquez, así como Andrés Segovia, quien era vecino de Orbón en el mismo edificio de apartamentos, son algunos de los nombres que están en las listas de amistades del compositor avilesino.

Por todo ello, cuando Julián Orbón regresó a España el 25 de septiembre de 1967, ya era un compositor reconocido, especialmente en el continente americano. Había sido invitado para el estreno en Madrid de su obra Monte Gelboe, dentro de un ciclo de música de cámara que la Orquesta Nacional estaba celebrando en el Teatro Real. Esto fue aprovechado por Julián Orbón para reencontrarse con la familia y la tierra que aquí había dejado. Su sobrino recuerda que «estábamos expectantes, esperando el barco a que llegara al Musel. Cuando lo hizo fue muy emotivo. Mi padre y mi tío, los dos hermanos Orbón, se abrazaron efusivamente». La casualidad había querido que en el barco que le había traído desde Nueva York, Julián Orbón se hubiera encontrado con el escritor y poeta asturiano Alfonso Camín quien, también, tras varias décadas regresaba a Asturias. Camín lo haría de modo definitivo, en cambio, Orbón seguiría viviendo en Nueva York.

Durante aquella visita a España, que duraría tres meses, LA VOZ DE AVILÉS recogió algunas impresiones de Julián Orbón, tras haber estado fuera de su villa natal casi treinta años. Ya no era una pequeña villa. Se había convertido en una ciudad donde el gran motor económico ahora era la siderurgia. El compositor bromeó que antes del reencuentro con Avilés había tenido miedo de 'encontrarme con una ciudad como Pittsburgh'. Sin embargo, Julián Orbón dijo reconocerse en el casco histórico de la ciudad. Y dejaría una frase sobre aquellos días que LA VOZ publicaría: «Ahora todo me parece un paseo fantástico por el mundo del recuerdo y la emoción».

Este no supondría su última viaje a Avilés. Regresaría en 1973 y en 1986. En esta última ocasión, para visitar el conservatorio de música que hoy lleva su nombre. Las crónicas de aquellos días recogieron cómo el gran compositor se había emocionado al encontrar el nombre de su padre dando nombre a una de las aulas.

Nunca más volvería en vida a Asturias. Moriría cinco años más tarde en Miami. Aunque 'hasta el final fue muy cubano' y vivió gran parte de su vida en Nueva York quiso ser enterrado en Avilés, en La Carriona. En la villa que marcó sus inicios y su acento. Fran Vaquero cree que el mejor homenaje que se le puede hacer es «que la gente conozca su música más allá de Guantanamera».

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