Pagana, cerveza con sabor de Avilés

Sergio Suárez y Marián González, con su hijo Eloy, y las cervezas que elaboran, IPA Montañera, Refugio Amber, y Cosecha Pale Ale. / MARIETA

Sergio Suárez y Marián González producen y comercializan la popular bebida | Desde Valliniello, justo en el linde con Gozón, nace el proyecto de microcervecería puesto en marcha por la pareja de jóvenes avilesinos

M. PICHEL AVILÉS.

En lo que fue un antiguo llagar hoy brota una fábrica de cerveza. En Piedramenuda, con un pie en Gozón y otro en Avilés, en la misma casa en la que Pepe 'El Chispo' elaboraba una sidra recordada por todos en Valliniello y alrededores, hoy su nieta Marián González y su marido Sergio Suárez han dado con la receta para producir su propia cerveza, Pagana, y comercializarla en un proyecto que cuenta con apenas unos meses de vida pero varios años de maduración. De aquella sidra de casa a esta cerveza artesana, con sello auténtico sabor de Avilés.

Casi comparten espacio el viejo llagar, ya en desuso, y las máquinas de acero inoxidable, modernas marmitas en las que Sergio y Marián casi cocinan, puesto que exige un laborioso y meticuloso proceso de preparación de las recetas, en función de las infinitas posibilidades y sabores, la cerveza. La asepsia, la limpieza de hospital, preside el local, puesto que «una mínima contaminación puede dar al traste con una remesa», explica Sergio.

Poner en marcha la microcervecería es la culminación de un sueño que comenzó cuando vivían en Santander. «Trabajábamos los dos en Cantabria, teníamos una floristería en Entrambasaguas, al lado de Liérganes, que es donde está una de las cervezas artesanas más conocidas. Nos chocó que estuviera en el pueblo de al lado, y sus sabores, muy distintos a lo que estamos acostumbrados. Coincidió también que mis padres vieron un documental sobre este tipo de cervezas artesanas en Estados Unidos, como una alternativa laboral, y decidimos entre mi padre y yo probar. Compramos un kit, y la primera que hicimos era de trigo. Nos sorprendió el sabor», recuerda Sergio.

Decidieron regresar a Avilés y se asentaron en Valliniello, en Piedramenuda, en la que fuera casa de los abuelos de Marián. Y lo que «empezó como una afición», fue cogiendo forma. «Empezamos mi padre Emilio, Marián y yo. Hacíamos una producción al mes, y nos salían unos veinte litros», repasa, y recuerda los «defectos» de aquellos primeros intentos: «Abrías las botellas y la espuma salía disparada, pero luego la servías, y estaba rica, sabía bien».

Los buenos resultados ahondaron en la afición, y «pensamos en la posibilidad de hacer un proyecto comercial». Finalmente, se decidieron, trabajaban en el bar Quevedo de Xagó, e iban ahorrando para comprar el equipamiento necesario. «Había que preparar la instalación, hacer los trámites legales. Fue todo muy progresivo», recuerda Sergio.

En ebullición

Las ideas bullían, en busca de los estilos cerveceros a producir, qué nombre ponerle. Como dice Sergio: «Empezamos a darle vueltas, salió Pagana, vimos que tenía gancho, nos gustó a todos, y ya no buscamos más. Para las etiquetas, primero pensamos en la mitología asturiana. Pero finalmente, mi madre Ana -Menéndez- es pintora y nos hizo los dibujos de las etiquetas». Un bosque primaveral para la IPA Montañera; la Cosecha Pale Ale se viste de otoño, y en la Refugio Amber Ale, un nevado paisaje invernal.

Esos son los tres variedades con los que decidieron lanzar el proyecto, y que empezaron a comercializar en abril. «Teníamos claro que íbamos a hacer una Amber, porque es uno de los estilos que más nos gusta, más suave», confiesa Sergio sobre Refugio. También hacen una apuesta por los gustos que más demanda en la actualidad el creciente mercado de las cervezas artesanas: «Se tiende cada vez más a la IPA, una cerveza con mayor grado alcohólico, con protagonismo de los lúpulos. Nuestra Montañera tiende a los sabores cítricos, tropicales». La tercera, la Refugio, «tiene un menor contenido alcohólico, y también es protagonista el lúpulo». Y en continua evolución, «siempre se ajusta, por eso es un proceso tan lento».

Las remesas son de 200 litros, unas seis al mes, y dan un trabajo completo de «entre dos y tres meses». Para ponerlas en marcha, lo fundamental es elegir materia prima de la máxima calidad. «Los lúpulos buenos son my caros, más de 40 euros el kilo», destaca Sergio, en su mayoría procedentes de Estados Unidos. También las maltas, el cereal, en este caso ya preparado para la cocción, tienen múltiples variedades, que permiten jugar con los sabores, más dulzones, más secos...

Marián la distribuye. «Tenemos ahora 27 bares, entre Avilés, Gozón y Gijón. La gente nos está dando una muy buena respuesta», destaca. Participaron en el Sol Celta con éxito, y también agotaron existencias en las fiestas de Miranda de Pagana, una cerveza de sabores marcados, sin filtrar, accesible, de Avilés, y «una experiencia muy gratificante», en palabras de Sergio y Marián. Ya tienen nuevos proyectos en mente, como comercializar en barril, y agradecen el apoyo de sus familias para iniciar un sueño que ya es realidad.

Fotos

Vídeos