El Palacio Valdés descubre sus entrañas

El secretario del colegio, Miguel Ángel Rodríguez, muestra el acceso al sótano. / MARIETA
El secretario del colegio, Miguel Ángel Rodríguez, muestra el acceso al sótano. / MARIETA

La obra de instalación de fibra óptica saca a la luz un sótano de varias decenas de metros cuadrados y cubierto con un metro de arena

C. DEL RÍO AVILÉS.

Primer instituto de Avilés, hospital durante la Guerra Civil y después colegio. El Palacio Valdés supura historia con tan solo romper un tabique y eso es exactamente lo que acaba de pasar. Las obras de instalación de fibra óptica que se han llevado a cabo en los últimos días han descubierto un sótano impracticable de varias decenas de metros cuadros al que se accede a través de la sala de calderas. Tras una primera estancia en la que se agolpan mesas, sillas y hasta un televisor de hace unas cuantas décadas, se logra llegar hasta una segunda sala cubierta por algo más de un metro de arena. Según el arquitecto Felipe Uría, esa arena se incorporó en 1933, durante la construcción del edificio, para crear una cámara aireada y aislar la planta baja de la humedad. Ese era el método de aislamiento habitual en aquellos tiempos.

El curioso descubrimiento apenas ha sorprendido a una dirección escolar que tiene en mente otras preocupaciones «más urgentes» y que ni siquiera ha valorado las hipotéticas posibilidades que abre este sótano. La orden es, de hecho, volver a tapiar el agujero abierto a mazazos. No es desinterés, sino escepticismo. «¿De verdad crees que con problemas de goteras en el tejado y humedades en la fachada de atrás vamos a pensar que pueda haber dinero para esto?». La directora Carmen Puertas no puede ser más clara y el deterioro del mural con el primer claustro de profesores del Instituto Carreño Miranda viene a corroborar su posición.

La fotografía incrustada en la pared de una estancia intermedia sita bajo la sala de profesores se redescubrió, por decirlo de alguna manera, allá por 2008, durante una visita de la asociación de Antiguos Alumnos del Carreño Miranda al centro que albergó originalmente al instituto. A raíz de aquello, se comenzó a hablar sobre su extracción de la pared y restauración. Un proyecto de reforma que ha quedado estancado. Borja Alonso-Buenaposada, exalumno y padre de alumnos, es uno de los miembros de la comunidad educativa más activo con la iniciativa. Se puso al día de lo realizado hasta entonces y trató de movilizar a dos asociaciones de las que es miembro pero que, con otros fines como objeto social, no pudieron implicarse. Contactó entonces con la Asociación de Antiguos Alumnos del Carreño Miranda, la que, según explica, ha tramitado ante la Consejería de Educación y Ciencia el permiso para llevar a cabo esa futura extracción. Sin resultados, de momento.

El trámite burocrático sería a priori el menos complicado, amén de los plazos. Lo verdaderamente dificultoso será conseguir los 20.000 euros que costará restaurarlo. «Sé que se llegó a hablar de que podría encargarse la Escuela de Arte», explica Alonso-Buenaposada, que si bien sería la opción más barata, también la más lenta porque los trabajos en este centro se realizan con visión pedagógica, para que los alumnos puedan trabajar técnicas y disciplinas.

Alonso-Buenaposada, muy interesado también por el sótano del colegio, subraya el valor de un mural elaborado por el que fuera catedrático de dibujo en el Carreño Miranda, José María Pérez-Lozao y Martínez. «Restaurarlo sería homenajear a profesores verdaderamente admirados y queridos. Nombres como Olga Pérez Álvarez de Toledo o Esther Carreño», por citar solo algunos.

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