«Tenía que parecer un agente corrupto ante quienes me pasaban información»

Tres de los acusados en la 'operación Tridente', antes de entrar al juzgado, con su abogado. / P. LORENZANA
Tres de los acusados en la 'operación Tridente', antes de entrar al juzgado, con su abogado. / P. LORENZANA

El guardia civil implicado en la 'operación Tridente' negó haber pedido dinero al grupo de traficantes para encubrir a uno de los cabecillas

PALOMA LAMADRID OVIEDO.

El juicio por la 'operación Tridente', que destapó en 2012 una gran trama dedicada al narcotráfico en Asturias, con redes en Avilés y en Gijón, continuó ayer con las declaraciones de los cinco acusados que no llegaron a acuerdos con la Fiscalía el pasado lunes. Entre ellos, se encontraba M. S. F., un agente de la Guardia Civil al que se le imputan los cargos de cohecho y estafa, por los que se pide una pena total de cuatro años y medio de prisión. El Ministerio Público sostiene que acudió varias veces a sus compañeros del cuerpo con el objetivo de obtener información que suministrar posteriormente al grupo criminal enjuiciado.

En una ocasión y para desviar su atención de la operación policial que realmente se llevaba a cabo, estos guardias civiles «le informaron falsamente de que se estaba investigando en la zona de Ribadesella, lo que fue comunicado por M. S. F. al grupo». Según el escrito de acusación, el agente urdió un plan junto con otro investigado, D. G. D., para hacer creer a un tercero (A. L. M., el cabecilla de la rama avilesina) que era uno de los guardias civiles que participaban en una investigación abierta contra esta trama delictiva, integrada, entre otros, por varios hosteleros tanto de Gijón como de Avilés.

Le pidió 200.000 euros para encubrirle y evitar así que la Benemérita descubriese sus actividades ilícitas. «Tuve que hacerme amigo suyo y parecer corrupto ante quienes me pasaban información. Si veían una conducta rara, dejarían de decirme cosas», declaró el agente en su defensa en la sesión de ayer, celebrada en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, en Oviedo. El acusado relató que colaboraba con el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidrogas (EDOA) de la Comandancia de Gijón y que mantenía relación con D. G. D. y A. L. M. para sonsacarles datos relevantes para la investigación. Respecto a los 18.000 euros que guardaba en su taquilla, negó que fueran pagos por sus servicios ilegales, sino que se trataba de ahorros que almacenaba allí porque se estaba mudando de casa y no tenía un sitio seguro para depositar ese montante. Un dinero en efectivo que, según dijo, procedía de dos indemnizaciones recibidas por otros tantos accidentes de tráfico que sufrió y de cantidades que le daba su padre, entre otras fuentes de ingresos lícitas.

«Mandé a mi madre que comprara conejos y por esa charla terminé aquí», dijo otro de los acusados

Atenuante de drogadicción

Por su parte, R. C. G. M. negó que se hubiese hecho pasar por un guardia civil ante A. L. M. y hacer creíble así la historia de M. S. F. Fundamentó su versión en que conocía al cabecilla de la rama avilesina desde hacía mucho tiempo porque ambos habían trabajado en la hostelería, con lo que era imposible que hubiese simulado ser otra persona. Por su parte, A. L. M. también prestó declaración, aunque lo hizo de manera muy escueta. Ayer, el líder avilesino de la trama se limitó a rechazar haber entregado dinero al guardia civil.

Respecto a los delitos contra la salud pública y pertenencia a grupo criminal que también le imputa la Fiscalía, aceptó su culpabilidad y una condena de cinco años de cárcel. Al reconocer la fiscal la atenuante de drogadicción, no entrará en prisión por estos delitos, pero está pendiente de cómo se resuelva el enjuiciamiento del cohecho. Por último, testificaron J. V. G. (hermano de otro encausado) y M. E. L. M. quienes, según el relato del Ministerio Público, participaron en la trama delictiva realizando labores de cultivo de sustancias psicotrópicas en la localidad sierense de Muñó, donde residían.

Relataron que solo plantaban tomates y lechugas y que los ventiladores que se hallaron, supuestamente para favorecer el cultivo de marihuana, únicamente los usaban en verano para sofocar el calor. «Mandé a mi madre que me comprara conejos y por esa conversación terminé aquí», lamentó J. V. G. El juicio continuará el próximo lunes con las declaraciones de los testigos.

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