San Pedro luce sus llaves

San Pedro luce sus llaves

El párroco Víctor Fernández Gaínza instó en el pregón a vivir la Semana Santa desde la fe cristiana

C. DEL RÍO

San Pedro porta desde ayer su principal símbolo y del que hasta ahora carecía: las dos llaves del Cielo. Solo después de que fueran bendecidas por el párroco de San Nicolás de Bari, Alfonso López Menéndez, y colgadas de su cintura, empezó una procesión que llenó de gente la calle de Rivero y el primer tramo de la Ferrería. San Bernardo, La Fruta y la subida hasta la plaza de Álvarez Acebal presentaron menos afluencia al paso de los hermanos de la Cofradía del Santísimo Cristo de Rivero y San Pedro Apóstol, algunos muy jóvenes, vestidos con hábito blanco, capa o capuchón rojo y cíngulo de cuerda. Los menos, con los pies descalzos.

Víctor Fernández Gaínza, párroco de Nuestra Señora de las Mareas, esperaba la llegada de la procesión de San Pedro en la casa parroquial de San Nicolás de Bari, desde cuyo balcón se dirigió a los devotos en un sermón en el que recordó el significado de la misma. El reverendo definió a Pedro, de nombre real Simón y pescador de profesión, como un hombre decidido, que quería hacer rápidamente las cosas, pero que reflexionaba poco. Fue el que acompañó al Señor en el monte Tabor durante su transfiguración y quien recibió el encargo de ser la 'roca' sobre la cual edificar la Iglesia. «Pedro estaba llamado a ser, en términos actuales, el primer Papa de la Historia», relató Fernández Gaínza.

Pero tendría que llegar el momento de la verdad y Jesús profetizó que antes de que el gallo cantara tres veces su discípulo le habría negado. Así ocurrió y «cuando Jesús sale del pretorio, su mirada se cruza con la Pedro, la de Jesús llena de ternura, de amor, de perdón; la de Pedro cargada de vergüenza, de pena, de dolor, expresaba el profundo sentimiento estar arrepentido por no haber defendido al maestro». Tal como lo muestra la talla de la Cofradía, implorando perdón mientras dirige la mirada al cielo. A su espalda, un gallo tallado en bronce simboliza este pasaje. Pedro terminó siendo crucificado en Roma, «aunque boca abajo, según nos cuenta la tradición, porque no se consideraba digno de morir como él», apuntó el párroco de El Nodo.

En la imagen que lo siguió en la procesión, y que tras el sermón la encabezó, Jesús es azotado durante uno de los momentos más violentos de la Pasión.

El público escuchó con atención el episodio más que conocido por los cofrades a los que preguntó si amaban a Cristo y si estaban dispuestos a defenderlo «en este mundo secularizado en el que el Dios del amor es ignorado y no tenido en cuenta». Felicitó a la Cofradía por su devoción e instó a valorar que seguir a Cristo «no es cosa de unos días al año, sino una fidelidad continua y continuada, tranquila y sosegada» y animó a «vivir todos los días nuestra fe, a no perder nunca la esperanza y a dejarnos empapar del amor de Dios». En definitiva, a vivir la Semana Santa «desde la fe cristiana».

Para entonces, la noche ya había caído sobre Avilés, en una jornada que se presume como la más estable meteorológicamente de las que están por llegar en esta Semana Santa que hoy, a las puertas del Jueves Santo, celebrará una de sus procesiones más concurridas, la del Santo Encuentro.

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