«El problema será el transporte»

Aida Villa, Adriana Fernández y Nicolás Pevida, ayer, en la cafetería sin servicio del centro.
Aida Villa, Adriana Fernández y Nicolás Pevida, ayer, en la cafetería sin servicio del centro. / MARIETA

Alumnos de Restauración se resignan ante el retraso en la nueva Escuela de Arte | Destacan la amplitud y el buen equipamiento de la actual en Valliniello, en la que siguen cayendo cascotes de una de las fachadas en invierno

C. DEL RÍO AVILÉS.

Los alumnos de Restauración de la Escuela regresaron ayer a las clases en el antiguo centro de formación profesional de Valliniello contra el que se manifestaron en 2011, 2013 y 2014 por no reunir las condiciones mínimas de seguridad. Las protestas se apaciguaron con el anuncio de la construcción de una sede, que acumula un nuevo retraso. Levantada en terrenos del Parque Empresarial del Principado de Asturias (PEPA), podrá albergar a los estudiantes de las dos especialidades que ahora se reparten entre Valliniello y el Palacio de Camposagrado, donde se imparte Diseño. Estaba previsto que el traslado se produjera en este curso escolar, pero finalmente será el que viene en el mejor de los casos. Una tardanza que los setenta alumnos de Valliniello asumen con resignación, analizando los pros y contras de la situación. Todos los consultados coinciden en un punto: el transporte seguirá siendo su punto débil.

Aida Villa, de segundo curso, es la más contestataria del grupo que ayer coincidió en la cafetería sin servicio del centro. «Esto está fatal. ¿A ti parezte que esto ye normal?», pregunta ante un mostrador sin pinchos ni bebidas que ellos suplen con un microondas y una máquina expendedora. Lo peor es que el futuro edificio no cumple, de momento, sus expectativas. Su ubicación y comunicación siguen siendo dos hándicaps. «Donde estaremos no hay ni acera. No nos tienen en cuenta para nada», remata. Aunque la mayoría de los estudiantes acude al centro en transporte público, los que vienen desde fuera de Avilés o Luanco lo tienen un poco más complicado. Ella, que vive en La Felguera, se tiene que levantar entre 5.30 y 6 de la mañana todos los días. «Salimos a las tres y media de la tarde y el autobús no pasa hasta y cuarto, tenemos que estar esperando tres cuartos de hora», añade Adriana Fernández, que es de Pravia pero que ahora reside en Avilés para aligerar el tiempo de transporte.

El ovetense Nicolás Pevida, de los pocos chicos que estudian en Valliniello, coincide en que cualquiera de los dos centros está «a desmano», por lo que no se muestra demasiado ilusionado con una futura escuela «que tampoco veo que mejore mucho las cosas». Al contrario que Ailén Portugal. «Igual no mejora el transporte, pero a mí me gustan los cambios». Eso sí, califica de «decepcionante» la sede de Valliniello por la mala comunicación.

«Llevamos varios años con sensación de provisionalidad», dice la jefa de estudios

Porque, a pesar del transporte y de los cascotes y cubiertas de chapa que siguen volando por una de las fachadas en invierno, el viejo centro de Valliniello tiene algunos puntos a favor para sus inquilinos.

Solventado el frío que pasaron años atrás en las clases, salvo en la cafetería, donde aún el viento silba cuando se cuela por debajo de la puerta de acceso al exterior y hace crujir las viejas ventanas, los alumnos coinciden en señalar las amplias instalaciones y el equipamiento como los grandes puntos a favor de Valliniello. En realidad, dan una de cal y otra de arena.

Gloria Muñiz reconoce «que de espacio estamos muy bien, pero falta cafetería, transporte y hay mala cobertura». Anaís Sánchez corrobora la impresión y se identifica como una de las estudiantes que participó en unas manifestaciones «gracias a las que se pusieron manos a la obra con una nueva sede». Eso sí, es «frustrante que te prometan que vas a comenzar este año y no termine de llegar».

A las primeras alabanzas hacia el espacio y el material de trabajo con el que cuentan van saliendo matices conforme comienzan a enumerar los espacios. Así, la cafetería, por llamarla de alguna forma, no presta servicio y el carácter de salón familiar e informal que tiene se desvanece los meses de invierno, cuando el frío se cuela por todos los lados y no hay quien se desprenda allí del abrigo. «La verdad es que en las clases estamos muy a gusto, se está muy calentito», reconocen Irene Sánchez y Alba Fernández, alumnas de cuarto curso. Irene apunta que «siguen cayendo cascotes y chapas del tejado por una de las fachadas cuando sopla fuerte el viento, especialmente en invierno» y Alba recuerda que en la cafetería «el frío se cuela por las ventanas mal selladas y es imposible estar en invierno».

Ni farolas en el camino

La lejanía del centro respecto a la carretera principal de Valliniello tampoco es baladí. «Cuando en invierno vienes caminando de noche por ahí piensas que si te atacan no se entera nadie, no hay ni farolas», señalan todas. Quejas que no rompen la armonía de familia que se percibe en un centro con varias plantas cerradas.

Yolanda Coto, jefa de estudios, coincide con los alumnos en la positiva valoración del aparataje y el equipamiento de una escuela que «necesita una reparación». «Como llevamos varios años con sensación de provisionalidad nunca se han hecho reformas profundas» y así han ido pasando los años sin que termine de llegar la nueva sede. Al igual que la directora, Carmen Álvarez-Rúa, Coto pone el acento en la importancia de un acceso peatonal para la futura escuela. «Pero, claro, está el problema de las vías...», reflexiona. Si la escuela ha tardado tanto en tomar forma, no quiere ni contemplar si alguna vez se materializará el compromiso que recientemente asumió el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, de eliminar la barrera ferroviaria. Aunque en Restauración están acostumbrados a remozar muchos elemento religiosos, saben que los milagros no existen.

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