El programa municipal que busca vivienda a las personas sin techo se ampliará en 2018

Un hombre cocina unos spaghettis en el domicilio avilesino en el que vive solo. / MARIETA

Los cuatro primeros beneficiarios tratan de rehacer su vida, con dos de ellos en cursos de formación y buscando trabajo de forma activa

AVILÉS.

A punto de cumplir un año, el programa 'Housing First' se reafirma en su filosofía con el resultado de estos primeros nueve meses de funcionamiento sobre la mesa y con la vista puesta en la entrega de una nueva vivienda en 2018. Una más para diez candidatos en una lista no oficial y variable de la que ellos no saben nada. Son los nombres que barajan los técnicos de Servicios Sociales que conocen el bagaje e historia personal de hombres y mujeres que tienen en el albergue de transeúntes lo más parecido a una casa.

El planteamiento de partida de este programa lo define a la perfección su nombre, que traducido al español podría ser 'La vivienda, lo primero'. Se basa en el disfrute de un techo propio como base para salir de la calle y reinsertarse en una sociedad, a veces, demasiado censora con situaciones que pueden provenir de una o varias carambolas de la vida. El techo garantiza no solo intimidad, sino dignidad, esa que se desvanece cuando no hay una llave que abra una puerta, cuando se duerme día sí y día también en una litera en una habitación compartida, en una vida en la que es difícil encontrar un momento de privacidad y sosiego.

Este quinto piso no será el último en un proyecto con objetivos ambiciosos que tiene que ajustarse a los tiempos que marca la disponibilidad de vivienda pública. Importado a Europa desde Estados Unidos y desarrollado en Asturias en localidades como Oviedo y Gijón, Avilés fue la primera en ponerlo en marcha en diciembre de 2016. Sobre este modelo de atención social se comenzó a hablar en 1988 al otro lado del Atlántico, pero no fue hasta 2014 cuando se facilitaron las primeras 38 viviendas en Málaga, Barcelona y Madrid. Según explica la Fundación Rais, la entidad que diseñó e implantó 'Housing First' en Estados Unidos, un «riguroso proceso de evaluación de resultados ha permitido sentar las bases y ampliar el programa a más ciudades en 2016». En esta segunda tanda se incorporaron las cuatros viviendas de Avilés a un total de 161 gestionadas por esta fundación en Alicante, Arona, Córdoba, Coslada, Guipúzcoa, Móstoles, Santa Cruz de Tenerife, Sevilla, Valencia y Zaragoza. En Oviedo y en Gijón son otras entidades las que gestionan el programa.

La puesta de largo del programa tuvo lugar en diciembre de 2016 en el Consistorio, que abrió las puertas de su salón de recepciones para presentar un acto que contó con la presencia del director general de Vivienda, Fermín Bravo, la concejala de Bienestar Social, Yolanda Alonso, y la directora general de Vipasa, María Montes, porque las viviendas que se facilitan a estas personas proceden del parque público.

La vivienda se les entrega indefinidamente en un régimen de alquiler ajustado a sus ingresos, con los que también tienen que hacer frente al resto de gastos que supone vivir de manera independiente. Todos ellos son, a día de hoy, receptores del salario social. De momento porque los más 'jóvenes' tratan de encontrar un trabajo y reincorporarse a una sociedad que los dejó de lado cuando lo perdieron todo.

Uno de ellos es Javier (nombre inventado para respetar su anonimato), una de las tres personas sin hogar que recogió las llaves de su vivienda aquel 9 de diciembre. Más tarde se incorporó una cuarta persona al programa. Javier tenía entonces 41 años y un montón de sueños por cumplir que hoy ya puede confirmar que están en marcha. No va todo tan rápido como le gustaría. En nueves meses es difícil reconstruir una vida rota por los avatares personales y profesionales, pero asume con ilusión la tarea y se forma y busca trabajo activamente. Le cuesta sonreír, aunque se define como dicharachero, quizás porque se toma con mucha seriedad la responsabilidad que tiene sobre sus hombros y que comenzó formando parte de la comunidad de vecinos en calidad de secretario. Puede parecer poca cosa, pero no lo es para alguien que ya no se acordaba de lo que eso suponía asumir una responsabilidad social.

Una vida de altibajos

Javier, que fue usuario del albergue durante mucho tiempo, confirma que «disfruto viviendo solo y lo que más valoro son las libertades y comodidades que antes no tenía».

Su vida estuvo institucionalizada desde niño. Estudió interno en un colegio, cumplió el servicio militar, trabajó en la construcción, en la limpieza y en la hostelería de forma escalonada y, un buen día, se encontró en la calle. Sin ninguna agarradera. Ni familia ni trabajo. Solo le quedaba la calle y un horizonte muy difuso.

Ni siquiera con un breve ejercicio de empatía puede un ciudadano que nunca se haya visto en esa situación imaginar lo que se siente. No solo las dificultades que encuentra la persona no para salir adelante, sino para superar la jornada. Sandra Rubio, jefa del servicio de Servicios Sociales, pone las palabras a la situación que a Javier el cuesta describir. «Es un problema social del que apenas se habla». Subraya el adjetivo social y lo refrenda con un gráfico de la Fundación Rais en el que se muestra como una carambola de acontecimientos que pueden llevar a cualquier persona a la calle. No es raro ni extraño. La vida es capaz de dar un giro de 180 grados en cualquier momento. «En la calle siempre estás en guardia. Tu sistema fisiológico permanece en un estrés continuo. Tus objetivos no pueden ir más allá de las veinticuatro horas siguientes», trata de concienciar Rubio. «La vivienda es el lugar en el que cuidar tu salud, algo que no puedes hacer en la calle, y fomentar una vida social hasta entonces condicionada por las circunstancias», explica sobre la importancia de un programa que no llega a tantas personas como les gustaría. «El problema es la carencia de viviendas de una sola habitación. No tiene sentido facilitar un piso de tres o cuatro habitaciones a una única persona», explica.

La jefa de los Servicios Sociales valora lo conseguido por Javier en menos de un año. «En nueve meses ha organizado su vida. Es autosuficiente, se ha involucrado con la comunidad de vecinos y está en proceso de formación». Desde la Fundación Rais no van a apurar ni a Javier ni a ninguno de los restantes beneficiarios, dos de ellos con un perfil muy diferente. La única mujer del programa es de etnia gitana y le está costando más de lo previsto adaptarse a residir en una vivienda. Los vecinos de la zona, aunque discretos con el caso, tratan directamente con el departamento de Sandra Rubio alertados por algunas costumbres poco habituales. Rubio asegura que la trabajadora social que visita semanalmente a estas cuatro personas rebaja la alarma y pide comprensión en la adaptación de una mujer que ha vivido casi toda su vida sin normas.

El tercero de los residentes en 'Housing First' tiene 51 años y varias dolencias que lo descartan prácticamente del mercado laboral. La buena noticia para él, y para los promotores de este programa, es la estabilización de su vida personal. Vive con su pareja y se ha adaptado a la vida en comunidad.

La incorporación del programa 'Housing First' ha supuesto una novedad en un esquema municipal de atención social que seguía un modelo en escalera. Yolanda Alonso, concejala de Servicios Sociales, lo considera una «revolución» porque supone «invertir el orden de la intervención que estábamos llevando a cabo». «Antes la vivienda era el último escalón, en este proyecto es el primero y, ganada esa independencia, se trabajan el resto de los recursos». Un nuevo modelo que completa el implantado pero para el que, no obstante, «no están preparadas todas las personas».

Alonso recuerda que en Avilés se lleva muchos años trabajando con las personas sin hogar. Con un albergue de transeúntes, «un recurso del que muchas ciudades carecen»; educadores de calle que, sobre todo en los meses que hace más frío, se acercan a quienes duermen fuera del albergue para conocer su situación y acercarlos a los recursos y con la Casa de Valliniello, de media estancia y gestionada por Cáritas, en la que se trabaja con más intensidad la formación y la incorporación al mercado laboral.

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