La puerta trasera de Villalegre

Estado de deterioro del asfalto en la calle de Rafael Suárez, situación que afecta especialmente a las plazas de aparcamiento. /  MARIETA
Estado de deterioro del asfalto en la calle de Rafael Suárez, situación que afecta especialmente a las plazas de aparcamiento. / MARIETA

Vecinos de la calle Rafael Suárez denuncian la ausencia de inversiones en mantener el asfalto y aceras, y el estado del paso a nivel del tren

ALBERTO SANTOS AVILÉS.

Viven a escasos metros de la avenida de Santa Apolonia. Cada día entran o salen de su calle entre máquinas excavadoras y obreros que avanzan en la reurbanización de una de las principales arterias del tráfico en la comarca avilesina. Están satisfechos por los beneficios del proyecto, pero no pueden evitar sentir cierta envidia. Ellos también viven en Villalegre, en la calle de Rafael Suárez, pero se sienten avilesinos «de segunda división». A pesar de que la calle soporta a diario abundante tráfico camino de la estación de tren, de las sidrerías y hasta del atajo por el paso a nivel hacia La Toba y Llaranes, sus vecinos aseguran que no ven asfalto nuevo «desde hace 36 años».

No entienden el olvido que sufren por parte del Ayuntamiento de Avilés, si bien algunos sí le encuentran explicación: «seremos unos ochenta vecinos, y ochenta votos son pocos para que se interesen por nosotros». Lo dicen resignados una mañana de domingo, uno de esos pocos días en los que se puede encontrar aparcamiento y que dejan al desnudo un asfalto muy deteriorado, como si el paso del tiempo hubiese actuado como una máquina fresadora que deja socavones al descubierto antes de recubrirlos con aglomerado. Pero aquí no llega asfalto nuevo y los vecinos sortean como pueden, a pie y con sus coches, los surcos dibujados en la carretera. Si llueve, la cosa se agrava y se convierten en trampas de agua.

Su desconsuelo va más allá y llega a la estación de tren. Allí, además del aparcamiento de Renfe, hay otro aparcamiento en la plaza de La Estación en el que se «amontonan» los vehículos, casi siempre de clientes de las sidrerías de la zona. «En todos estos años ni siquiera se han molestado en pintar las plazas. Es un caos diario», añaden algunos residentes.

Tampoco entienden que el paso a nivel de Villalegre que conecta con La Espina y Llaranes sigue intransitable para vehículos y peatones.

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