«Queremos saber sus nombres, a ver si tienen el valor de mirarnos a los ojos»

Hilda y Clari, hermanas de Daniel Capellán, en la plaza de La Merced. / MARIETA
Hilda y Clari, hermanas de Daniel Capellán, en la plaza de La Merced. / MARIETA

Las hermanas de Daniel Capellán siempre tuvieron claro que «alguien había ayudado al asesino a huir» | Reciben con satisfacción la detención de cuatro personas acusadas de encubrir a Eduard González, pero no entienden «que le hayan hecho eso a alguien tan querido como nuestro hermano»

ALBERTO SANTOS AVILÉS.

La familia de Daniel Capellán, asesinado a cuchilladas el pasado mes de noviembre a las puertas de un bar de El Cruce de Llaranes, se despertaba ayer contrariada con la noticia de la detención de cuatro personas acusadas de ayudar a huir al agresor, desvelada por LA VOZ DE AVILÉS. Por un lado, es una prueba más de que la Policía Nacional está comprometida en localizar y detener a Eduard González, pero es también la constatación de una sospecha que han tenido desde el principio: el asesino recibió ayuda para fugarse de Avilés a pie, con un cuchillo en la mano y sin dinero ni documentación. Pero la noticia es, sobre todo, un jarro de agua fría ante lo que consideran una «traición» a Daniel Capellán.

«Estamos consternadas, no sabemos cómo alguien de aquí le ha podido hacer esto a mi hermano, que era una persona tan querida», aseguraba ayer a este periódico Hilda, hermana de Daniel. Tanto ella como su hermana Clari, novia del fugado en el momento de la agresión, estaban indignadas al conocer a través de este periódico la detención de cuatro personas por encubrimiento, tres con domicilio en Oviedo y una en Avilés. Ambas intentaron, incluso, recabar más información sobre la identidad de los detenidos, pero se encontraron con una negativa ante el secreto del sumario decretado en los juzgados de Avilés.

La tensión ha vuelto subir en las últimas horas en el entorno de la familia de Capellán. «Por un lado estamos un poco más tranquilas porque vemos que se está trabajando en intentar localizar al asesino, pero por otro queremos saber los nombres de las personas de aquí que lo ayudaron a escapar. Queremos verlos a todos en el banquillo de los acusados a ver si tienen el valor de mirarnos a los ojos», añade Hilda, hermana del fallecido.

«Sólo había estado una vez aquí antes, está claro que sabía moverse, es hábil» «Estamos destrozadas, mi hermano siempre ponía paz cuando veía una pelea» «Saber que la Policía Nacional está trabajando nos da aliento»

Aunque existe sed de venganza entre algunos allegados y amigos de la familia, las hermanas de Capellán se desmarcan, si bien reconocen que hay gente con ganas de represalias contra quienes han ayudado a Eduard González. «Nosotras solo queremos saber quiénes son y cómo pudieron ser capaces de hacerle eso a Daniel, una persona que siempre que veía cualquier trifulca estaba presente poniendo paz», defienden Hilda y Clari.

La detención de cuatro personas en Avilés, dos de ellas originarias de República Dominicana, confirma sus sospechas de que el fugado había contado con apoyo desde el primer momento, aunque desconocen los detalles. «En unos minutos consiguió ayuda y salió de aquí, pero no sabemos quién ni cómo lo hizo», asegura Hilda. Tampoco si alguno de los detenidos estaba presente en el bar de El Cruce en el momento de la agresión y ofreció soporte a Eduard González para escapar primero de Avilés, y después de Asturias y de España.

En principio, nada hacía concluir que el presunto asesino tenía contactos en la ciudad. Había llegado un día antes junto a su novia Clari, hermana de la víctima, con la que mantenía una relación de apenas dos meses, para acudir a un concierto en Gijón. Pero, según recuerda Hilda, «ya había estado otra vez aquí, y parece que sabía moverse, que era muy hábil», lo que pudo haberle servido para conocer a los encubridores a los que tuvo que recurrir tras la agresión mortal a Daniel Capellán. Aunque huyó a pie sin cartera ni documentación, sí se llevó su teléfono móvil, que habría utilizado para contactar con otras personas vía llamada o mediante mensajería, ya que la propia Policía Nacional comprobó que estaba en línea instantes después de abandonar el bar de El Cruce.

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