«Lo más díficil es encontrar trabajo»

Abdul Rahman, Fátima, Ali y Nour Haluda en su casa. /MARIETA
Abdul Rahman, Fátima, Ali y Nour Haluda en su casa. / MARIETA

La refugiada siria Fátima Aljawish cumple dos años en Asturias plenamente integrada

Fernando Del Busto
FERNANDO DEL BUSTOAvilés

La vida de Fátima no se diferencia de la de muchas mujeres. A diario se despierta, prepara el desayuno para sus hijos, los lleva al colegio, acude a cursos de formación, regresa a buscarlos, prepara la comida, actividades extra-escolares, organizar meriendas, cenas, pensar en el día siguiente y terminar agotada. Ella, como sus compatriotas, ven con sufrimiento el futuro de un país, el suyo, roto por la guerra.

Pero su velo, un hiyab, evidencia que es musulmana, en concreto árabe nacida en Siria. A finales de este mes, cumplirá dos años en Avilés, ciudad a la que Fátima Aljawish llegó con sus tres hijos: Abdul Rahman, de doce años; Nour Haluda, de once, y Ali, de cuatro. El gobierno de España le ha concedido el estatuto de 'protección internacional subsidiaria', un reconocimiento de que ha vivido momentos muy duros.

Fátima y su familia se encontraban en Madrid cuando escucharon por primera vez la palabra Asturias. Era el destino ofrecido por el gobierno dentro del programa de asilo. La organización no gubernamental ACCEM, una ong especializada en atender a los refugiados, disponía de recursos adaptados a su familia.

Fátima Aljawish y sus hijos llegaron al piso de acogida en Avilés, donde realizaron una primera fase de acogida, de integración. Posteriormente, llegó el momento de retomar su autonomía, si bien siempre existe el apoyo desde ACCEM. «Decidimos quedarnos en Avilés. Es una ciudad tranquila, nos gusta mucho, se puede pasear, hay mucha gente buena: toda la gente de ACCEM, el equipo del Colegio de Versalles», afirma. Abdul Rahman aspira a ser médico o profesor de Matemáticas, mientras Nour Haluda no duda en que su futuro será la docencia.

Su mayor preocupación es trabajar. Es una excelente cocinera y realiza cursos de formación. «Lo más difícil es encontrar trabajo. Cuando llegas y ven que usas velo, que eres árabe, te dicen que no», comenta. Es alguno de los momentos amargos que vivió y que contrasta con otros. Por ejemplo, cuando preguntando por una calle en Versalles, una mujer, Pili, le respondió en árabe. No es la única amistad que ha ido cultivando en este tiempo: Almudena, Amparo, Mina, Fadila, Habiba... Españolas y marroquíes con quienes comparte sus momentos.

También con otras familias sirias, que llevan años en Asturias y que hacen piña son los suyos. Seguramente con ellos no existirá ese momento de silencio que se crea cuando se le pregunta por el futuro.

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