El regreso de los hijos del desierto

Los momentos más emocionantes fueron los del reencuentro con los pequeños.
Los momentos más emocionantes fueron los del reencuentro con los pequeños. / MARIETA

250 niños saharauis disfrutarán este verano en Asturias de sus 'Vacaciones en paz'Las familias de Avilés y sus concejos vecinos acogen a medio centenar de menores procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf

M. PICHEL AVILÉS.

El auditorio del centro cívico de los Canapés se convirtió ayer, un año más, en un gran espacio de recepción. Un lugar en el que se vieron risas, nervios y lágrimas de emoción, las de los niños saharauis y sus familias de acogida que participan en una nueva edición del programa 'Vacaciones en Paz', organizado por las distintas asociaciones de solidaridad con el pueblo saharaui de toda España. A primera hora llegaron al aeropuerto de Santiago del Monte dos aviones con 250 menores procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf, que pasarán el verano, hasta el 6 de septiembre en Asturias. En Avilés se les dio su primera bienvenida, y en la ciudad les recogieron los que durante dos meses serán sus mamás, papás y hermanos.

Porque los niños saharauis, que deben pasar todo el año en el desierto pedregoso, la 'hamada', en el que se encuentran sus campamentos de refugiados («nuestros refugiados», como recuerdan las asociaciones) de Tinduf, en Argelia, sin conocer su país, el Sáhara Occidental, tienen dos familias, la biológica y también a su familia española, con la que muchos conviven los veranos que pasan en la península. Y todo gracias a un programa, el de 'Vacaciones en paz', que les permite sortear los meses más duros, los del verano, en los que allí se superan con facilidad los cincuenta grados centígrados.

«Para las familias de los niños es casi un derecho. Está tan arraigado entre ellos que no pueden entender que sus hijos no vengan a España. Saben que van a estar dos meses disfrutando, que se les hará una revisión médica, que van a comer bien, y volverán con las pilas cargadas. Aprenden un idioma y cruzan lazos en un intercambio cultural único», explica Félix Flórez, coordinador del programa en Asturias.

«Tenerlos te cambia la vida, con su alegría; esperas su llegada como la de un hijo propio»

Y traen con ellos un plus de alegría para las familias que los acogen, que se hacen cargo de su manutención, los cuidan como a los suyos. «Es la ilusión del verano -admite Félix-. Tenerlos te cambia la vida, con su alegría y felicidad. Esperas su llegada como la de un hijo propio. Para nosotros no empieza el verano hasta que ellos están aquí». Él lo sabe bien, no solo por su experiencia como coordinador en la comunidad (por todo el país llegan unos 5.000 niños), sino en la suya personal, pues ha traído de forma consecutiva a tres hermanos. Por eso, resalta que «la convivencia es buena, y los niños españoles aprenden a compartir».

Necesidad de familias

«Cada vez nos cuesta más conseguir familias», lamenta Félix, que asegura que son «las humildes las que más colaboran». Los requisitos, pasar tiempo con ellos y garantizar su manutención. Pero siempre hay quien se anima por primera vez. Por ejemplo, en Avilés, Vanessa Pozas. «Era el momento adecuado, porque puedo dedicarles el verano», explica. Ella tiene dos niños gemelos, de cinco años, y se informó en su escuela: «Me enseñaron en qué consistía, y no me tuvieron que decir nada más. Me animé a colaborar». Duua será su hija estos dos meses.

También es la primera vez para Lucía Fernández, de Castrillón. Hace tiempo, un documental la impactó, y por fin, cuando el trabajo se lo ha permitido, se decidió. «Se me encendió una bombilla -relata-. Me dije, voy a probar. Me daba un poco de miedo, de nervios. Pero lo hago con mucha ilusión, tratar de ayudar a que tengan un poco más de calidad de vida». Acogerá a Kentawia.

Otros, como Belén Fernández, también avilesina, ya tienen experiencia a sus espaldas. «Hace seis años que participo», comenta, y este será el segundo con Saluka. Comenzó por una amiga, y ella, con dos hijos, de 15 y 10 años, sabe bien qué aporta: «Lo recomiendo, sobre todo a familias con niños, porque aprenden a compartir, conocen la necesidad de los otros. Para un niño saharaui ver una nevera llena, ir a un supermercado, es un mundo nuevo». En la comarca veranearán este año alrededor de medio centenar de niños saharauis.

Vanessa Rozas (Avilés) con Duua

Lucía Fernández (Castrillón) y Kentawia

Belén Fernández (Avilés) y Saluka

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