La revolución fotográfica profundiza en sus orígenes

Una profesora de la Escuela de Arte y el fotógrafo José Ferrero analizan una placa.
Una profesora de la Escuela de Arte y el fotógrafo José Ferrero analizan una placa. / PATRICIA BREGÓN

Las fotógrafas Hélène Védrenne y Nina Zaragoza imparten un taller de daguerrotipos en la Escuela de Arte | Profesores del centro aprenden la técnica que emplearon los primeros fotógrafos para hacer unas reproducciones que son arte e historia

C. DEL RÍO AVILÉS.

En la era digital, en un momento en que todo el mundo sucumbe a un teléfono móvil con cámara y en las redes sociales millones de personas exhiben sus fotografías convenientemente retocadas, hay un pequeño movimiento, casi reaccionario, que reivindica los orígenes de la fotografía. La forma de hacer de los primeros fotógrafos. Cobre, plata y yodo para obtener unas fotografías más precisas y definidas incluso que las actuales, pero de tan alta sensibilidad, que tienen que ser protegidas de inmediato por un cristal.

La técnica que patentó el francés Louis Daguerre en 1836, pero sobre la que ya se llevaba trabajando algunos años, es la que enseñan estos días las fotógrafas y docentes Hèléne Védrenne y Nina Zaragoza en la Escuela de Arte del Principado en Avilés.

«No empezamos por una reacción antidigital. No somos antidigitales para nada», aclara Védrenne, que explica que se adentró en los orígenes de la fotografía cansada de moverse al son que marcaba el mercado. «Te acostumbras a una cadena de trabajo y cada poco tienes que readaptarte porque te quitan cosas o te cambian el papel con el que trabajas», algo que no pasa con el daguerrotipo, para el que se necesitan materias primas muy básicas «cobre que después hay que recubrir de plata por electrólisis y que para que sea fotosensible tienes que poner en una caja con vapores de yodo».

Convertidas en expertas de la técnica, aprecian un creciente interés de los profesionales por conocerla, por profundizar en unos inicios que sirven para comprender mejor los desafíos a los que se encontraron los pioneros de la fotografía. Y también para obtener piezas únicas, muy valoradas por el coleccionismo. Además, Védrenne asegura que aunque les interesa este método ancestral, trabajan con cámaras modernas. «No veo el interés de volver a las cajas de madera ni de copiar a los de antes. Lo hacían muy bien pero eran más recreaciones que fotografías, eran como bodegones», apuntó.

El primer procedimiento conocido fue el de Daguerre, «muy lento y que ofrecía tonos muy contrastados». Después se impuso el de Becquerel, «con el que se revela a la luz del día con pantallas de color». Y, en esa carrera por acortar los tiempos que ha estado presente desde el inicio de la fotografía, se usó primero el yodo, luego el cloro «pero era difícil de manejar» y, por último el bromo, «que mezclado con el yodo funciona muy bien y es la base de la fotografía analógica actual», y el punto en el que ayer estaba el taller.

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