Reyes Magos al ritmo del tambor

Gaspar saluda a los numerosos niños que esperaban a los Reyes Magos a su llegada en barco al puerto deportivo de Avilés. / FOTOS: MARIETA
Gaspar saluda a los numerosos niños que esperaban a los Reyes Magos a su llegada en barco al puerto deportivo de Avilés. / FOTOS: MARIETA

Niños y mayores llenan las calles de Avilés para seguir la Cabalgata, en una comitiva en la que las cofradías de Semana Santa sorprenden con el protagonismo de su música

CRISTINADEL RÍO AVILÉS.

Llegó el día más esperado del año por los niños. El día de los nervios, la alegría y la inquietud. El día de los Reyes Magos. Sus Majestades de Oriente, que anoche trabajaron sin descanso, desembarcaron por la tarde en el muelle deportivo en medio de la algarabía generalizada y se dieron después un baño de masas por las calles del centro con el permiso de una lluvia que, pese a estar anunciada, no apareció.

Buen tiempo, por tanto, para aclamar a Melchor, Gaspar y Baltasar, que apenas podían atender las llamadas de atención que les llegaban desde todos los lados. Los más afortunados, o los más avispados, como Omar Berrocal, de siete años, lograron que les cogieran un dibujo realizado ayer expresamente para ellos. Omar, con su hermana Lara, de cinco años, y su padre José Luis acudió al puerto a recibirlos junto a varios cientos de personas que también se dieron cita allí, el lugar y el momento en el que más de cerca se les puede ver. A hombros de sus padres, desde la barandilla o rodeando el coche que los llevaría hasta el colegio de El Quirinal, los críos (y sus padres) se las ingeniaron para acercarse a ellos desde todos los flancos posibles. Todo lo que hiciera falta por mantener la ilusión de sus hijos.

Noticias relacionadas

Jaleados por Antonio Caamaño, encargado de amenizar la espera, los pequeños se desgañitaron en la llegada de los Reyes. Llamaron a cada una de sus majestades por su nombre a grito pelado. Fueron Melchor y Gaspar los que, a petición de Caamaño, dijeron unas palabras recién desembarcados. Melchor, tal vez un poco despistado por el largo viaje desde el lejano Oriente, preguntó primero si habían llegado a Avilés, como esperaban, y, una vez confirmado el dato, aseguró que traían muchos regalos «porque nos han dicho que los niños aquí son muy buenos y solidarios, comparten sus juguetes». Gaspar tan solo certificó que no se habían mareado. De algo sirve ser mago.

A duras penas lograron subirse a los coches que los trasladaron junto a su séquito, pero una vez en el colegio público de El Quirinal, donde los esperaba una comitiva integrada por trescientas personas, enseguida se organizaron para comenzar puntuales una cabalgata que, desde media hora antes, ya tenía a mucha gente guardando sitio en las calles de Juan XXIII, José Manuel Pedregal y hasta José Cueto y la Plaza de la Merced, por donde no pasarían hasta las siete y media.

El desfile comenzó, como siempre, con el cartero real Aliatar y otros catorce jinetes abriendo paso. Tras ellos, unas soldaditas de plomo, formando de cuando en cuando, y un buzón en el que los más rezagados echaron alguna carta por más que desde los lados los padres comentaran que eso ya no se llevaba, que ahora las cartas se envía por correo electrónico o por 'whatsapp'.

Este año, por primera vez en la comitiva real, han participado varias cofradías de Semana Santa, que aunque ataviados con ropajes exóticos propios de otras latitudes se dejaron reconocer por la música propia de Semana Santa de sus tambores, lo que sorprendió al público por los ritmos más propios de otras épocas del año. Precediendo a Melchor, se situó un cortejo de la cofradía Jesusín de Galiana al que siguió el grupo de gimnasia rítmica Valoe, con sus integrantes disfrazadas de cartas. Tras ellas llegó, por fin, la carroza del caballo alado sobre la que desfilaba el rey Melchor y fue, también por fin, cuando los aplausos, algo rácanos hasta entonces, sonaron con más fuerza. Con la lluvia de caramelos estalló definitivamente el júbilo de los más pequeños.

El problema fue mantener el espíritu así de alto durante toda la espera, que si bien no fue muy larga, sí tuvo algunos espacios en blanco o con poca actividad. Por pasar pasaron muchos grupos, pero que animaran de verdad el ambiente solo algunos como los cofrades de San Juan Evangelista, que en lo que pareció una competición entre sus miembros para ver quién tocaba más fuerte, se ganaron los vítores del público. Mucho más animados que el grupo de la Asociación de Africanos que desfilaron poco después y de los que el público esperó mucho más de lo que ofrecieron.

Fue imposible, de cualquier manera, apagar la alegría de los más pequeños. Gaspar desfiló en una carroza de inspiración egipcia y Baltasar en una estrella de Oriente con una megafonía bastante deficiente que lanzaba sonidos africanos. La percusión se solapó en ocasiones con la Banda de Música de Avilés, que recordó que estábamos en Navidad y no en Semana Santa ni en África, con la interpretación de villancicos.

Las bailarinas de la escuela de danza Teresa Tessier, vestidas de cajas de regalo, ofrecieron una sencilla coreografía también muy aplaudida por los espectadores.

El espectáculo Fantasía Iluminada, con sus trajes blancos y sus zancudos interactuaron con éxito con grandes y pequeños a quienes pedían que les lanzasen las mazas para sorprender con unos malabares. Una mujer elevada varios metros sobre un artilugio rodante cerró una de las incorporaciones novedosas en la cabalgata de ayer.

Por último, caballos y camiones con muchos regalos y el Club Patín Virgen de la Luz que, a pesar de repartir caramelos, portaban mochilas y algún que otro carrito con carbón. Por si fuera poco, un camión las seguía detrás con más mineral. El 'Mofletes', el coche de bomberos más antiguo de la ciudad, cerró una comitiva que llegó a la Plaza de España poco después de las ocho y media.

Hasta allí se habían desplazado muchas de las familias que optaron por ver la cabalgata desde las primeras calles. Al paso del 'Mofletes', riadas de gente enfilaron el Parque de las Meanas y la calle de La Cámara. Ir al Parche significa poder oír a los Reyes Magos y tratar de adivinar qué dejarán esa noche en casa, a pesar de que Sus Majestades no se mostraron muy locuaces desde el balcón del Ayuntamiento. Melchor fue el primero en hablar y volvió a preguntar dónde se encontraban. «¿Esto es Madrid?», interrogó. Los niños lo sacaron de su error, pero casi ninguno sabía que estaba bromeando. Unas horas antes, en el Puerto, ya le habían confirmado que estaba en Avilés.

«Nos han dicho que este es un pueblo muy especial porque los niños y las niñas se portan muy bien, comparten sus juguetes y obedecen a sus padres», afirmó el rey mago que, inmediatamente conminó a los pequeños a acostarse pronto.

Gaspar compartió que estaban «encantados de estar aquí, la cabalgata ha sido fantástica, hemos disfrutado mucho con vosotros». Eso sí, después de alabar quiso pedir: «que el año que viene seáis muy buenos, que obedezcáis a padres y abuelos y que os portéis bien con hermanos y amigos». Advirtió a los más despistados que les quedaba mucho trabajo por delante y tantos regalos por repartir que «no nos va a dar tiempo ni a cenar, así que agradeceríamos que nos dejarais algo de comer y beber en casa». Todos tomaron buena nota.

Por último, Baltasar al doble grito de «¡niñooooos!» solo dijo que «hemos traído muchos regalos». No falta hacía que añadiera más. Solo con su presencia, los niños estaban encantados. Como Chloe López, de tres años, que no necesitó acercarse hasta la Plaza de España porque en la calle de José Manuel Pedregal ya le quedó claro que Sus Majestades iban a pasar por su casa. Ella aseguró no haber pedido nada más que un kit de manicura, pero como los reyes son muy espléndidos quizás esta mañana esté desenvolviendo regalos sin parar.

Es la Navidad y son los Reyes Magos, que por mucho que Papá Noel se haya asentado, siguen teniendo la batuta en estas fiestas.

Más noticias

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos