«Hay que ruralizar el pensamiento»

Momento del encuentro sobre sistemas alimentarios sostenibles / PATRICIA BREGÓN
Momento del encuentro sobre sistemas alimentarios sostenibles / PATRICIA BREGÓN

El XIV Foro Solidario de Avilés analizó ayer los sistemas urbanos sostenibles

EVA FANJUL AVILÉS.

«Acabar con el hambre es posible pero sólo si cambian realmente las políticas y se avanza en sostenibilidad. De lo contrario fracasaremos», afirma Arturo Angulo, responsable de la Oficina de Alianzas de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Esta fue una de las conclusiones planteadas ayer tarde en el Palacio de Camposagrado, durante el encuentro '¿Sistemas alimentarios urbanos sostenibles?' organizado por el XIV Foro Solidario de Avilés. La reunión de expertos que sirvió para analizar cuál puede ser el papel de las ciudades en la lucha contra el hambre, siguiendo los principios acordados en el Pacto de Milán sobre política urbana alimentaria, un pacto que cuenta con 159 ciudades de todo el mundo, entre ellas Oviedo y Mieres, y al que quizá, en un futuro podría incorporarse también Avilés.

Arturo Angulo aseguró que los datos ofrecidos este año por el Informe de Seguridad Alimentaria 2017 son «muy preocupantes» y confirman que se ha invertido la tendencia: «El número de personas subalimentadas supera la barrera de ochocientos millones, y más de la mitad de la población mundial padece sobrepeso o malnutrición». En España se observa «un preocupante aumento de la obesidad y la pérdida de la dieta mediterránea».

Según las previsiones, en el año 2030 el setenta por ciento e la población mundial vivirá en las ciudades. Para Amparo Novo, la directora de la Cátedra de Estudios de Gobernanza Global Alimentaria de la Universidad de Oviedo, en este contexto «son los gobiernos locales los que tienen que hacer políticas que garanticen tanto la calidad de los alimentos como el acceso a ellos de todos los habitantes». Para ello, propone impulsar el desarrollo de los pequeños productores locales. Pero, sobre todo, destaca la importancia del papel de los consumidores. «Hay que fijarse en las etiquetas y comprar productos de comercio justo porque así estoy mejorando la vida de los trabajadores de más de setenta países del mundo».

En este sentido, coincide con el planteamiento de Gustavo Dusch, veterinario, investigador y escritor, para el que poner en valor el medio rural resulta imprescindible como vía de solución al problema del hambre. «Debemos ruralizar nuestro pensamiento», afirma.

La pedagoga y escritora, Janaina Strunzak, miembro del Movimiento sin Tierra de Brasil, aportó la perspectiva de los campesinos sobre el tema del hambre. Strunzak explicó como la precarización de las condiciones de vida en el campo «es una ola que acaba llegando a las ciudades». Para esta representante del Movimiento sin Tierra, existen dos cuestiones fundamentales para solventar el problema del hambre: el asunto de la soberanía alimentaria y la necesidad de discutir una reforma agraria en todo el mundo. Para Janaina Strunzak señala que en el trasfondo del hambre en el mundo hay una lucha de clases. «Mientras estemos viviendo en el capitalismo estaremos divididos en clases sociales que están en lucha». El hambre de hoy es un hambre fabricada y hay que saber quién la fabrica, porqué y en qué le beneficia hacerlo».

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