Semblanza de un quijote cubano en Avilés

Mario A. Tagle y Babé, en una imagen de archivo tomada en la Redacción de LA VOZ DE AVILÉS. / MARIETA
Mario A. Tagle y Babé, en una imagen de archivo tomada en la Redacción de LA VOZ DE AVILÉS. / MARIETA

Su azarosa vida serpenteó vicisitudes desde un inusitado sentido de autonomía y libertad personales

MANUEL J. MORENO AVILÉS.

«Y hay pájaros que hacen sus nidos en el aire, a grande altura, invisible a la mirada de los hombres». María Zambrano

«Esta noche le diré a la cuidadora qué ropa quiero ponerme para el funeral», me espetó hace unos días tras celebrar mi presencia en la residencia de ancianos en la que llevaba poco tiempo instalado. «¿De qué funeral hablas, Mario?», le pregunté sorprendido. «Del mío», me contestó, sonriente.

No hacía mucho que había asistido sobrecogido a una intensa crisis delirante de mi anciano amigo, de 93 años, en la que desesperaba mediante sollozos y sórdidos quejidos, buscando al capitán de un barco que venía en su busca, y en el que no lograba embarcar. Esa tarde-noche logré calmarlo mediante palabras de afecto y sugestiones que lo sumieron agotado en el sueño y la calma. Rosa, la persona que lo cuidaba por entonces, me informó que se había despertado eufórico, diciéndole que finalmente había logrado embarcar, y que pudo comer y dormir durante el viaje.

No es mi intención la de articular un epitafio sentimental y a destiempo, sino la de rendir un modesto homenaje a este amigo y hombre singular, Mario Alberto Tagle y Babé, que en estas últimas semanas, se encuentra en las inciertas e inquietantes fronteras del final de la vida.

Y este es el motivo que justifica y alumbra estas reflexiones, la semblanza de este quijote cubano, cuya azarosa vida serpenteó vicisitudes desde un inusitado sentido de autonomía y libertad personales, que coronó sorprendentemente con la ruptura de todo formato social convencional, como lo atestigua su estilo de vida, atuendo y talante personal, especialmente el que se afirmó en sus últimos años.

Mario A. Tagle trabajó a las órdenes del mismísimo Comandante Ernesto Guevara, 'El Che', tras interpelarle desde su característico talante introvertido, que creía estar siendo «subutilizado» en la dinámica revolucionaria de aquel entonces, siendo inmediatamente reclutado por el Che para su equipo personal. Quienes fuimos sus amigos, pudimos deleitarnos con un sinfín de anécdotas personales acerca del mítico comandante, a quien Mario admiraba por encima de cualquier otra personalidad de la revolución cubana.

Conocí a Mario A. Tagle cuando aceptó mi propuesta de entrevista para la revista 'Antorcha', que por entonces yo editaba mensualmente en Avilés. Me había llamado poderosamente la atención, como a tantos avilesinos, el aspecto serio y de penetrante mirada de este hombre, con aquella característica barba y cabellos blancos, vendiendo los periódicos 'Sin Techo' y 'Transeúntes', en la esquina de las calles Fernández Balsera y Doctor Graíño. Estaba seguro, de que aquella mirada introvertida y penetrante, escondía una vida colmada de experiencias... Cuando aceptó mi invitación, nos sentamos frente a frente y comencé por una cuestión excesivamente abierta, con la que quise torpemente romper el hielo. Le dije: «Háblame de ti, ¿quién es Mario A. Tagle?» Se quedó callado, serio, y mirándome intensamente a los ojos, me dijo: «Es que no me gusta hablar de mí».

Y así era, como pude comprobar durante años de estrecha amistad con él, aunque poco a poco fue volcando experiencias y recuerdos, en conversaciones y escritos, pero siempre ubicándose fuera de toda pretensión de protagonismo. Este hombre, de temperamento extraordinariamente enérgico, carece ciertamente de cualquier sombra de egotismo o interés personal. Se volcaba con cualquier causa, por simple que fuera, en la que pudiese resultar de utilidad a otros.

Hace algunos años le presenté en una antigua masía de la comarca barcelonesa del Lluçanés, al sociólogo Javier Pons, con quien mantuvo una estrecha y sincera amistad desde entonces. Siempre que podía, se iba a pasar unos días con él y su familia, y su agradecimiento hacia las atenciones que le procuraron, consagraron una incombustible devoción por Javier. Igual sentimiento tuvo este quijote cubano hacia José María Urbano, jefe de Redacción de LA VOZ DE AVILÉS, hacia quien tuvo siempre palabras de gratitud y afecto, así como hacia Antonio, propietario de La Bodega de Rivero, quien le facilitó un menú del día a un precio que rozaba lo simbólico, y donde Mario se sentía como en casa, cada día.

También debo mencionar a José Luis Zapico, quien lo reclutó en aquellos primeros tiempos de su estancia en Avilés para colaborar en algunos de sus proyectos, y quien contribuyó decisivamente a que el Ayuntamiento de Corvera le cediera las instalaciones de las antiguas escuelas de Rodiles, donde pudo vivir dignamente.

Mario A. Tagle se fue de Cuba y de su revolución decepcionado, considerando (en sus propias palabras durante un encuentro al que le acompañé en Gijón, en septiembre de 2016, con el periodista José Manuel Martín Medem) estar «...seguro de que nunca en ninguna parte se ha cometido un atropello de la legalidad tan grande como en el caso Ochoa». Y es que Mario, doctor en Derecho, fue el abogado defensor designado por el Ministro de Justicia cubano, en la causa especial nº 2 de 1959, seguida contra el General José Abrantes Fernández, ministro del Interior y demás miembros de la Jefatura y Dirección de ese ministerio, para representar al Coronel Rolando Castañeda, apodado 'Roly'.

Currículum

Mario A. Tagle, nació en La Habana, Cuba, el 4 de Marzo de 1925. Se doctoró en derecho en 1955 en la Universidad de La Habana. Fue secretario de la Comisión Depuradora e Investigadora en la Fortaleza Militar de La Cabaña, presidente-vocal-fiscal de las Salas de Justicia de los Tribunales Revolucionarios Nº1, en la Fortaleza Militar de La Cabaña, auditor y jefe de la Policía Militar de La Cabaña en 1961, auditor jefe de las Fuerzas Tácticas de Combate de Occidente, auxiliar especial del ministro comandante Ernesto Guevara de La Serna (El Che), secretario del Consejo de Dirección del Ministerio de la Industria Azucarera y Jefe del Despacho del Ministro Orlando Borrego Díaz. Fue fiscal jefe de la Dirección de Control de la Legalidad en la Fiscalía General de la República de Cuba, y un largo etcétera de cargos. En el año 2004, publicó 'Camino de Guevara' (Septem Ediciones), una obra sobre el espíritu y la trayectoria cronológica del Che.

Pero por encima de todo, Mario siempre fue un alma libre aunque un tanto ensimismada, que convivió con los avilesinos durante dos décadas y media, que se hizo querer y admirar por muchos, y que quizá nunca terminó de encontrar el debido sosiego para su alma errante e inquieta. Y porque ya, personal y colectivamente forma parte de nuestra historia, será difícil de olvidar.

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