«Los mensajes eran vejatorios, humillantes, me decía que iba a acabar en un puticlub»

La mujer que denunció el acoso de su expareja en Avilés sigue atemorizada: «Mi exnovio es un monstruo, va a seguir acosándome»

J. F. G. AVILÉS.

«Sigo atemorizada. Mi exnovio es un monstruo, un ser que actúa por venganza. Siempre va a por los más débiles, a por las mujeres. La orden de alejamiento no va a servir para nada, va a continuar acosándome, lo sé. Solo es cuestión de tiempo, más pronto que tarde». El testimonio que ofreció ayer a este periódico la mujer de 39 años que fue objeto de acoso por parte de su expareja mediante reiteradas llamadas y mensajes telefónicos cuyo caso se juzgó anteayer en el Juzgado Número 2 de Avilés no deja indiferente. Además de la orden de alejamiento, por un año, la sentencia decreta sesenta días de trabajo social.

Ambas partes llegaron a una conformidad que está lejos de convencerla. «Mi abogada me dijo que la orden era por dos años, no por uno. Acepté porque quería quitármelo de encima, pero no sé qué va ocurrir cuando pase el año». Ella misma se corrige: «Va a volver a por mí mucho antes, no tengo la menor duda».

Asegura que en los mensajes y llamadas no se limitaba a pedirle que volviese con él. «Eran vejatorios, humillantes, con amenazas, veladas pero amenazas. Me decía que solo sirvo para chupársela, que voy a acabar en un puticlub y cosas así. Parece que ni el fiscal ni el juez los han leído. Tampoco mi abogada», de turno de oficio. Ejercía la acusación particular y afirmó que tales mensajes no eran amenazantes. «No la vi hasta el día del juicio, y hoy (por ayer) no me coge el teléfono».

La víctima cortó la relación «cuando me enteré que había cumplido una pena de tres años de cárcel por acoso. Entonces supe que no fui la primera, y tampoco la última. Al menos también ha acosado a otras cinco mujeres y ahora ya vuelve a estar con otra. Tiene seis hijos de tres madres diferentes, y no les pasa ni la manutención. Que yo sepa otra ya le ha denunciado».

Su expareja convivió con ella veinte meses en su domicilio. «Solo quería aprovecharse, vivir a mi costa, lo mismo que hizo con las demás». Tras la ruptura, la situación degeneró en «chantaje emocional» y acoso. «Iba a casa de mi madre y ahí estaba, aparcado a la puerta, iba al colegio de mi hijo pequeño y estaba allí, justo enfrente. También me acosaba en el trabajo. Se apostaba en la terraza del bar y allí se quedaba. Tuve que dejar el empleo, y menos mal que encontré otro», relata.

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La víctima sostiene que hay un segundo juicio pendiente, por robo en su domicilio. «Me parece increíble que ambas cosas vayan por separado, cuando en verdad todo viene de lo mismo. Se llevó documentos, la escritura de mi propiedad, fotografías y un 'pendrive' con facturas. Eso es tremendo. A veces trabajaba con su padre, que tiene una empresa que monta escenarios que ha sido contratada muchas veces por el Ayuntamiento. Y sospecho que no todo era legal. Llegaba a casa con dinero que yo no sabía de dónde salía y llevaba un nivel de vida bastante alto, coche de 24.000 euros y frecuentes viajes al extranjero. A Colombia, a África y a sitios así. ¿Da para tanto?», se pregunta.

El acoso que denuncia no solo le afectaba en primera persona. «Iba minando todo lo que tenía a mi alrededor. Un día fui a hacerme la manicura a donde siempre y cuando ya estaba sentada llamó por teléfono al local para pedir hora. También chantajeaba a mi familia, a mis amigos, a todo mi entorno. Llamó a mi padre diciéndole que solo me devolvería lo que me había robado si le quitaba la denuncia. También escribía correos en plan guay a mi hijo, para quedar bien con él y ponerme a mí como la mala. El día que le detuvieron estaba con él. Tengo todo está grabado, y espero que en el juicio por robo se tenga en cuenta».

La mujer agradece «el extraordinario trabajo» de las dos agentes de la Unidad de Familia y Atención a la Mujer de la Policía Nacional y de los dos agentes de la Policía Local que colaboran con ellas. «Todo son atenciones, en cuanto tocaba el botón del localizador ya estaban allí, más no se puede pedir».

Sus críticas apuntan «hacia la ley y los juzgados, aunque tampoco sé si es que no pueden hacer más. Me siento desamparada. Vivo en una casa apartada y cuando estoy allí tengo miedo. No tanto por mí, que me puedo defender, como por mi hijo pequeño. La tuve tiempo a la venta para poder irme lejos de aquí y pasar página, pero no ha podido ser. ¿Qué tiene que pasar, que me presente en el juzgado llena de golpes. Me siento pequeña, indefensa».

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