Los sonidos del Niemeyer se convierten en música

De izquierda a derecha, Daniel Hernández, Javier Cifuentes, Javier Suárez Quirós, René de Coupaud, Begoña Muñoz, Luis Miguel Cantalejo y Roberto García, con alguno de sus instrumentos en la primera fase de trabajo, previa a la composición. / MARIETA

La orquesta de ordenadores portátiles de la Universidad de Oviedo, compone un repertorio basado en el centro | Los siete músicos de la formación auscultan y graban ruidos de los que saldrán las canciones que se podrán escuchar en concierto en abril de 2018

C. DEL RÍO AVILÉS.

El director de LOrk@EPI no dirige con batuta sino con ratón, y sus 'músicos' no tocan un violín o un piano sino que teclean en un ordenador. Es la orquesta de ordenadores portátiles de la Universidad de Oviedo, un concepto relativamente novedoso en España pero muy asentado en las más prestigiosas universidades de Estados Unidos. Porque LOrk@EPI más que música, investiga, moldea, transforma y compone «arte sonoro». Es experimentación que trata de buscar y exprimir todas las posibilidades de los sonidos mundanos.

Sus siete integrantes, René de Coupaud, Daniel Hernández, Javier Cifuentes, Javier Suárez Quirós (director), Begoña Muñoz, Luis Miguel Cantalejo y Roberto García, se encuentran estos días en una residencia artística en el Centro Niemeyer, centrada en reconocer todos los sonidos del edificio y alrededores, en lo que será la base de un repertorio musical que presentarán en concierto en abril de 2018.

Instalados en un despacho de la cúpula, sobre la mesa despliegan todo un arsenal de instrumentos, principalmente de grabación. Micros lapa y zeppelin, entre otros, forman parte de un material de trabajo que llevan a todos los rincones del recinto. Con ellos capturan desde graznido de la gaviota que surca el cielo hasta el tráfico de la carretera, pasando por el ruido de una barandilla, el de una puerta o la reverberación del grito de un niño en cualquiera de los recovecos de un centro que está significando un «reto» para estos informático-músicos por su «riqueza acústica».

«Trabajamos con los mismos conceptos que un músico tradicional: contraste, timbre...» «Aquí venimos a jugar, a encontrar, a buscar lo que sabemos que puede estar ahí»

La orquesta nació en 2015 en el seno de la Escuela Politécnica de Gijón como «una actividad para fomentar la participación de los chavales y nuevos contextos». De momento, los alumnos se han mostrado algo reticentes, a pesar de que no es necesario proceder de un perfil tecnológico para unirse al grupo. Lo principal es tener la mente abierta y mostrar interés por la experimentación. «Interpretar música convencional requiere un aprendizaje, empezando por el conocimiento del instrumento. Aquí también necesitas desarrollar unas habilidades, pero no es informática estrictamente hablando», aclara el director, Javier Suárez Quirós, profesor de ingeniería técnica industrial y organista de formación clásica.

La LOrk@EPI funciona, en gran medida, como una orquesta tradicional «solo que con herramientas más sofisticadas e inabarcables». En ese sentido, la fase de experimentación es continua y a la que más tiempo dedican después de grabar, aislar y fragmentar, si así apetece, esos sonidos que graban, se mezclan y agrupan (o no) en composiciones. El resto, es similar. «Trabajamos con los mismos conceptos que un músico: el contraste, la densidad, los timbres, el color,...», amplía René de Coupaud. «Un proceso compositivo complejo y para nada aleatorio», señala el director.

La orquesta se mueve en el espectro de la electroacústica y no suena a música convencional, prefieren hablar de «arte sonoro». «Tiene más que ver con la electrónica porque hablamos de paquetes de sonidos que se conjugan de una manera determinada. No tiene una estructura definida ni fácil. Se trata de coger el sonido y moldearlo a tu antojo. Todo lo que hay alrededor es una fuente», explica Begoña Muñoz. Sus compañeros amplían sus palabras. «Aquí venimos a jugar, a encontrar, a buscar lo que sabemos que puede estar ahí. Lo que nos gusta y atrae es ese espacio de libertad que se abre a partir de la manipulación de un sonido», añade René de Coupaud.

La residencia investigadora en el Centro Niemeyer, aparte de capturar sus sonidos, trabaja uno de los aspectos que la orquesta quiere mejorar: la gestualidad. «Es cierto que en el escenario podemos parecer siete tíos concentrados mirando Facebook, por eso tratamos de buscar fórmulas para adquirir una gestualidad más rica, con la que ganar una empatía mayor». Para Daniel Fernández, el séptimo integrante, no fue necesaria. «Cuando los vi actuar en Gijón pensé que qué era eso tan raro. Me pareció divertido y decidí que yo también quería jugar», sentencia como ejemplo del ánimo que puede provocar en el público.

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