«Tocar en casa siempre es un placer»

El músico avilesino Gabriel Ureña, con su violonchelo. / YERAY MENÉNDEZ
El músico avilesino Gabriel Ureña, con su violonchelo. / YERAY MENÉNDEZ

El violonchelista avilesino Gabriel Ureña , que ha actuado en medio mundo, se estrenará como solista en el concierto de Año Nuevo en el Teatro Palacio Valdés

C. DEL RÍO AVILÉS.

Solo tiene 28 años y unas tablas propias de alguien de más edad. Con las cosas muy claras y con la firme intención de seguir progresando, el violonchelista avilesino Gabriel Ureña regresa a su plaza en la orquesta Oviedo Filarmonía tras dos años y medio en Viena. El próximo día 1 de enero actuará en el concierto de Año Nuevo en el Teatro Palacio Valdés.

-Bienvenido a casa. ¿Qué siente al actuar en el Palacio Valdés después de haber pisado los más importantes escenarios del mundo?

-Estoy muy contento y me parece una muy buena iniciativa. Cuando Iván (Cuervo), que es un gran amigo, me comentó la idea, me apunté enseguida. Tocar en casa siempre es un placer. Será la primera vez que actúe como solista. La única vez que toqué allí fue en el teatro en la zarzuela 'La carrera de América'.

-Este concierto de Año Nuevo le va a impedir trasnochar.

-(Risas). Estoy acostumbrado a no tener fiesta ni vacaciones en épocas señaladas como esta. Ese mismo día por la tarde actúo con Oviedo Filarmonía en el Teatro Campoamor.

-¿Se cuida de alguna forma especial para los conciertos?

-Tenemos que estar siempre preparados para tocar y cuidar las manos. Se nota mucho si estás una semana sin tocar, pierdes sensación, aunque luego la recuperes rápido. Tenemos algunos periodos de descanso, una semana en verano, por ejemplo, pero se recomienda no perder la forma.

-¿Echa de menos Viena?

-Vivía allí por el máster de violonchelo que estaba realizado, pero conservo la plaza que saqué en Oviedo Filarmonía en 2009. Reconozco que me gusta estar en casa, aunque suene menos glamouroso decir que vivo en Avilés que en Viena (risas). Y, de momento, tengo la posibilidad de compaginar mi carrera como solista con el trabajo en la orquesta.

-¿Cuánto tiempo estuvo en la capital austriaca y qué tal fue la experiencia?

-Dos años y medio. Fue una gran experiencia y, desde que he vuelto, he podido regresar una vez al año a tocar. El mes pasado, ofrecí tres recitales. Mantengo buenas relaciones con gente de allí y es bueno no perder los contactos.

-¿Saber relacionarse es importante?

-Es un trabajo paralelo y cada vez más importante en un mundo tan competitivo en todas disciplinas, no solo en la música. Hay que trabajar el 'networking'. Antes igual era suficiente con tocar bien, ahora ya no. Conozco a músicos que tocan súper bien, pero que no se saben mover y no tienen la carrera que por su calidad deberían. Ojo, que yo también soy nuevo en esto porque lo que te importa al principio es aprender a tocar bien el instrumento. De todas formas, lo importante es tocar bien. Sin eso, dan igual los contactos.

-¿Qué va a interpretar en el recital?

-Tocaré el 'Andante Cantabile', de Tchaikovsky. Comenzará los ensayos con la orquesta el viernes 28. Es un tema que está en mi repertorio y fue el que propuse a Iván Cuervo porque cuando pactas un concierto, a no ser que cierres la fecha con mucha antelación, tienes que tocar algo que tengas controlado. No será un concierto sinfónico al uso, sino que habrá valses y polkas que la gente conozca para comenzar el año con animación.

-¿Qué recuerdos guarda del Conservatorio Julián Orbón en el que se formó?

-Muy buenos. En particular de mi profesor Alexander Osokin, que se ha jubilado este año. Siempre digo que le debo casi todo lo que soy hoy en día como solista y como persona en el mundo de la música. Empecé en el Conservatorio en 2001 y estuve hasta 2011. Era como una gran familia. Había buen ambiente y compañeros con los que creas vínculos. Eso luego no lo ves en otros conservatorios. Ni siquiera en Oviedo, que no es un centro muy grande, hay esa cercanía. Guardo mi paso por allí con cariño. Allí hice muy buenos amigos, algunos de los cuales dejaron luego la música y otros se han convertido en profesionales.

-Igual ahora no lo recuerda, pero ¿Por qué el chelo?

-Lo decidí tras ir con mis padres y mis hermanos a la ópera cuando yo tenía cinco o seis años. Recuerdo que fuimos a ver 'Don Giovanni', de Mozart, al Teatro Palacio Valdés. El sonido del contrabajo me impresionó. Pero como yo tampoco soy muy alto, mis padres me recomendaron que empezara con el chelo y luego me cambiara al contrabajo. Lo cierto es que empecé así y el violonchelo me encantó. Nunca más volví a pensar en el contrabajo. Pasaron unos cinco o seis años hasta que me acordé de que, al principio, era lo que quería tocar. (Risas). Tuve la suerte de tener buenos profesores. Ellos son la clave para que a un niño le guste un instrumento, para que siga o lo deje.

-¿Ha pensado alguna vez en dar clases?

-Sí, supongo que acabará llegando, pero más adelante. Aunque se aprende mucho de los alumnos, impartir clase en un centro te ata y yo ahora quiero aprovechar que todavía soy joven, con ganas y energía.

-Véndame el chelo.

-Es el mejor. Siempre se dice que es el más parecido a la voz humana. Precisamente, el otro día todavía hablaba sobre esto con el maestro que dirige la ópera de Oviedo. Es un instrumento que pega bien tanto con la voz del soprano, el tenor o el barítono. Tiene una paleta de colores y registro muy amplia. Es grave, pero también tiene agudos y siempre es muy necesario en orquestas y grupos de cámara.

-¿El haber sacado tan joven una plaza en una orquesta como Oviedo Filarmonía le dio visibilidad?

-Fue una oportunidad de crecer muy rápido como profesional siendo muy joven. Te da la oportunidad de conocer una orquesta profesional desde dentro y de trabajar con grandes solistas o cantantes, aprendiendo de los que son mejores que tú. En ella conocí, además, a mi maestra Natalia Goodman, que ha significado un punto y aparte en mi vida.

-¿Podría quedarse con algún escenario?

-Recuerdo como un concierto muy bueno por la experiencia en sí uno en la ópera de Viena en 2015 con músicos de su Filarmónica. También la gira que el año pasado realizamos por Seúl y Londres. El Palau de la Música es maravilloso. Y, en breve, actuaré en Juan March, que es una sala importante con un público culto. Salir al extranjero lleva tiempo y preparación y debutar en otro continente significa ampliar tu rango.

-¿Sabe distinguir a un público entendido?

-Yo siempre digo que hay que tocar bien siempre. Nunca sabes quién te va a escuchar. Además, creo que le puedes gustar más a alguien que no tiene mucha cultura musical que al que tiene mucha. Es cuestión de sensibilidad. Que sepas mucho no quiere decir que te llegue. Yo creo, por la reacción del público, que logro llegar a él. Y es de lo que se trata.

-¿Qué metas u objetivos se marca?

-Estoy muy contento sobre como me están yendo las cosas. Soy inconformista y quiero más. Seguir avanzando, conocer a gente interesante de la que pueda aprender y pasarlo bien. Esa mi meta. Llegar hasta donde pueda y quiera.

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