«El trabajo sindical es duro y no está reconocido»

Enrique Fernández, en primer término, rodeado de compañeros. / MARIETA
Enrique Fernández, en primer término, rodeado de compañeros. / MARIETA

Enrique Fernández, exconcejal de IU y representante de Educación en CC OO, recibe un homenaje de sus compañeros de La Carriona en su jubilación como maestro

C. DEL RÍO AVILÉS.

Enrique Fernández González (Belmonte de Miranda, 1958) no se jubila, se pensiona. Así se lo explicó a los compañeros de trabajo en el colegio público de La Carriona que ayer celebraron su nueva condición con una comida en el SantaCecilia. Fernández pasa ahora a la retaguardia, aunque con mecha para rato, algo que le ha caracterizado en su trayectoria como docente, y también como político y sindicalista. «La actividad tiene que continuar. La edad de jubilación es solo una cifra. Me encuentro bien para seguir ayudando a los compañeros en el sindicato», advirtió. El sindicato es Comisiones Obreras, en el que en estos últimos nueve años se ha encargado del área de Educación, aunque «he echado de menos mi profesión de maestro», reconoció ayer.

Enrique Fernández estudió interno en el colegio San Luis de Pravia y cursó Magisterio en la Universidad de Oviedo. Sacó plaza fija en el colegio público de La Carriona, donde enseñó veintitrés años y «donde me lo pasé muy bien». De cara a las elecciones municipales de 1999, Izquierda Unida le propuso entrar en sus listas y decidió dar un «meditado» paso al frente con la convicción de que, a pesar de un largo periodo democrático, aún quedaba mucho por hacer. Al inicio de la segunda legislatura, Fernández dimitió. El pacto que habían alcanzado el PSOE y su partido dinamitó su confianza en la coalición.

Se fue y, tras haber compatibilizado docencia y política con media liberación, regresó a jornada completa al colegio. Cinco años después fue elegido secretario político del PCE-PCA de Avilés y recibió la llamada de Comisiones Obreras para hacerse cargo de los asuntos de educación en Asturias. Y en ello estuvo hasta el pasado jueves.

Fernández asegura que «el trabajo sindical es duro y que, por la mala fama que tenemos los sindicatos, a veces con razón, no está reconocido». Esa falta de reconocimiento o valoración afecta, en su opinión, también a los maestros. «Siempre me he encontrado con compañeros trabajadores, honestos e implicados» y, como ejemplo, recordó la implantación de la jornada continua y la solución que tuvieron que dar los docentes entonces. En La Carriona se organizaron talleres gratuitos para que las familias se pudiera organizar. «Llegamos a tener alrededor de veinte actividades extraescolares impartidas por los profesores y fuera del horario escolar», afirmó.

Ha visto en primera línea el drástico cambio que ha sufrido la educación «no solo en cuanto a cómo se impartían las clases, sino también respecto al ambiente social que rodea a la escuela, a los alumnos y a los padres, que son totalmente diferentes». Ahora tampoco se aprecia ya, o no tan abismalmente, la diferencia «entre los alumnos que veníamos de una escuela rural y los del ámbito urbano».

Enrique Fernández aseguró que uno se tiene que adaptar a las circunstancias e intentar desarrollar el trabajo «con la mayor honestidad posible» e, incapaz de relajar su vena sindicalista, aseguró que las tareas burocráticas ocupan demasiado tiempo a los profesores.

Un último, o tal vez penúltimo, cartucho lanzado antes de dedicarse a descansar. Parcialmente, ha quedado dicho, pero concediendo a su familia el tiempo que se merece y permitiendo la entrada de gente nueva.

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