La Transición femenina

Esther García, María Josefa Sanz y Nelly Fernández, en el centro durante la obra de teatro.
Esther García, María Josefa Sanz y Nelly Fernández, en el centro durante la obra de teatro. / MARIETA

La Asociación Pedro Menéndez inicia las Jornadas de la Mujer con una obra de teatro y un coloquio sobre la década de los setenta

S. GONZÁLEZ AVILÉS.

La década de los setenta fue convulsa en España por la multitud de cambios que se sucedieron tras el fin del Franquismo y el comienzo de la Transición democrática. Un panorama político que implicó modificaciones en todos los estamentos de la sociedad. En paralelo las mujeres vivían su propia transición a la libertad. Esta época centra las Jornadas de la Mujer, organizadas por la Asociación de Vecinos Pedro Menéndez de la zona centro.

Las jornadas comenzaron ayer con una obra de teatro y una charla-coloquio con las que se pretendió dibujar el escenario que se encontraron las mujeres, en un marco singular, que les abrió las puertas a la política y a la educación, entre otros ámbitos. Bajo el título 'No se nace mujer, se llega a serlo' la entidad vecinal quiere poner de manifiesto los derechos de la mujer tomando como perspectiva los ganados en la década de los setenta.

La obra de teatro, 'Los 70, ocaso de la mujer diseñada' fue creada para la ocasión por José Rico. En la puesta en escena, que se pudo ver en el hotel 40 Nudos, se mostró a una mujer sumisa, modosa, un rol marcado en la época. Ese papel se puso aún más de manifiesto con el testimonio de Nelly Fernández, Esther García y Josefa Sanz, que intervinieron en la charla-coloquio. Cada una de ellas se encargó de dibujar la vida de la mujer en los setenta. «Fue una transición que lo cambió todo. La nueva forma de gobierno supuso un cambio drástico para las mujeres», recalcaba ayer la cronista oficial de Avilés, Josefa Sanz, que narraba su propia experiencia y admitía que «supuso una ruptura con todo lo anterior».

Por su parte Nelly Fernández ponía sobre la mesa el marco político. «Yo en los setenta estaba metida de lleno en la política aunque primero de manera clandestina. Fueron esos años en los que se marco que las candidaturas debían estar formadas en un 15% por mujeres. No era por obligar a los hombres a aceptarlas, que también, sino por obligarlas a ellas y a hacer que desistieran de ese rol que la sociedad les había marcado», recalcó, a la vez que apuntaba como «el feminismo cada vez cogía más fuerza y terminaba por romper ese papel clásico de la mujer».

Esther García en cambio tomaba impulso en los años setenta para mirar al futuro. «La transición supuso el camino a la libertad de la mujer, a darle más poder y más presencia en la sociedad pero aún nos quedan muchos temas pendientes. Se ha avanzado mucho y se ganaron muchos derechos pero queda mucho trabajo por delante», reconocía la escritora.

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