Tres mil arroces a fuego lento

Los xagós del arroz repartieron con rapidez las raciones
Los xagós del arroz repartieron con rapidez las raciones / JOSÉ PRIETO

La popular fiesta de Miranda ajusta las raciones al número de comensales | El sol retrasó el comienzo de una cena que empezó a prepararse a primera hora de la mañana y terminó por la noche

C. DEL RÍO AVILÉS.

A fuego lento y con mucha paciencia. Son los dos elementos que menos se ven en la preparación del Arroz a la Asturiana que ayer volvió a convocar a centenares de personas en la Cruz de la Hoguera, en Miranda, en la popular 'Arrozada'. Desde las siete de la tarde hasta la noche, las tres paelleras gigantes de la Asociación de Vecinos Santo Domingo se fueron sucediendo en unas brasas que, controladas por Germán García, mantuvieron la temperatura perfecta para que las tres mil raciones de arroz que pensaban vender alcanzasen el punto perfecto. Cada una en su cazuela de barro procedente de Talavera de la Reina y a seis euros la ración.

De ellas dieron buena cuenta unos comensales que esperaron hasta cuarenta minutos por los primeros platos. Y eso que el arroz había comenzado a prepararse ya por la mañana. Los 'xagós' de Miranda (amigos en bron, la lengua ancestral de la parroquia), armados con cuchillos bien afilados, se hartaron de picar cebolla, pimiento y ajo en la carpa que instalan al final del 'prao'. A la una comenzaron a elaborar el caldo y, tres horas después, enlazaron con la primera de las tres paelleras empleadas ayer. «Antes preparábamos el caldo el día anterior, pero ahora lo hacemos todo el mismo día, sobre la marcha», indicó Geli López, 'maestra de ceremonias' de una cocción que se alargó durante horas.

Alrededor del fuego, también uno de los 'creadores' de la receta, el cocinero ya jubilado Luis Carbajal, que aunque delega el trabajo en sus compañeros, le gusta estar controlando la situación. «La Arrozada de Miranda fue la precursora de las fiestas gastronómicas de España», aseguró. «Hace casi cuarenta años vinieron a pedir dinero a mi casa para organizar una fiesta, aparte de darlo, comentamos que había que inventar algo novedoso. Y pensamos que, como la danza sale de la panza, teníamos que cocinar algo. Para que la gente esté alegre tiene que comer. Ahí surgió todo y, a partir de ahí, toda España empezó a organizar fiestas gastronómicas», explicó.

El razonamiento no debe andar muy desencaminado cuando su vecina Geli López destaca la «camaradería» y el «genial ambiente» como lo más destacable de la Arrozada, a pesar de que la fiesta conoció su época dorada hace treinta años, cuando llegaron a prepararse y servirse hasta diez mil raciones. Con los años, el número ha ido bajando. De hecho, hace dos decidieron hacer el último ajuste, de las cinco mil raciones que preparaban a tres mil.

«El año pasado lo vendimos todo y si hubiéramos hecho más, más que habríamos vendido, pero hemos decidido bajar el número de raciones porque hubo años en los que había quedado mucha comida y eso supone mucho dinero», señaló.

También eran más raciones servidas y más 'xagós' para echar una mano, «llegamos a ser entre cincuenta y sesenta, ahora andaremos por los veinte», pero se valen y se sobran para una arrozada que necesita contratar una grúa para mover unas paelleras de acero inoxidable con «mucha placa difusora» que, según explicó, «cuesta mover mucho más que las anteriores de hierro».

Explicaciones históricas y técnicas que se disiparon con el olor del arroz recién salido del fuego. Una tras otra, se fueron despachando unas raciones que, literalmente, volaron. Un año más, el arroz estaba en su punto.

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