«Las tuberías de barro cocido dieron esplendor comercial a la alfarería de Miranda»

Ricardo Fernández y Cristina Heredia. / PATRICIA BREGÓN
Ricardo Fernández y Cristina Heredia. / PATRICIA BREGÓN

La historiadora Cristina Heredia explicó ayer en una conferencia la relación entre el alfar y la traída de aguas a Avilés realizada en el siglo XVI

EVA FANJUL AVILÉS.

Cuando se habla de alfarería de Miranda de Avilés, lo primero que viene a la mente son los objetos tradicionales de uso cotidiano como vasijas, cántaros o escudillas con su característico color negro. Sin embargo, todos estos objetos no son las elaboraciones más trascendentales ni numerosas de alfar avilesino por excelencia. Los elementos más importantes permanecieron ocultos bajo tierra durante siglos y fueron las canalizaciones de barro que conducían el agua desde la fuente de Valparaíso hasta la ciudad de Avilés, según las investigaciones realizadas por la doctora en Historia del Arte Cristina Heredia. «Si bien antes se había pensado que lo más importante para la alfarería de Miranda había sido la producción de la vajilla ordinaria, a través de nuestra investigación nos dimos cuenta de que es al revés, es decir, fue la producción de tuberías de barro cocido lo que le otorgó el esplendor comercial a la alfarería de Miranda», concluye la historiadora.

Heredia se encargó de explicar estas y otras cuestiones sobre la historia de la traída de aguas a la ciudad de Avilés, construida en el siglo XVI, durante su conferencia 'De fuentes y caños. Vivir del agua en la ciudad moderna asturiana: la alfarería de Miranda de Avilés'; una ponencia enmarcada en las X Jornadas de Alfarería de Avilés.

Durante su intervención, la historiadora apuntó cómo en el último cuarto del siglo XVI, «se comenzaron a planear en Asturias las principales traídas de agua de la época moderna para solucionar el problema de la falta de abastecimiento de agua en las principales ciudades asturianas». El famoso maestro de fuentes cántabro Gonzalo de la Bárcena, experto fontanero de Felipe II, fue el responsable las traídas de aguas de Oviedo, Gijón y Avilés. «Para realizar los proyectos de la Barcena llegó a Asturias acompañado por maestros alfareros de caños portugueses, especializados en la fabricación de tuberías de barro cocido de muy buena calidad, que acabaron asentándose en Miranda de Avilés y a los que se sumaron posteriormente otros alfareros provenientes de Galicia».

Según explica Heredia, «durante tres siglos, la mayor parte de la producción de la alfarería de Miranda de la que tenemos constancia escrita está vinculada a la fabricación de tuberías, ya que para realizar las canalizaciones se fabricaron millares de estos tubos que además requerían mantenimiento y reposición constante. Esto potenció el trabajo de estos alfareros hasta la llegada de los tubos de cobre a finales del siglo XIX». Algunos de estos caños, que se recuperaron en la excavación arqueológica, pueden verse en el Museo de Avilés. Cristina Heredia destacó también «la importancia de la conservación de la fuente de los caños de San Francisco, la única de las tres realizadas por de la Bárcena que se conserva en Avilés y que se considera de los ejemplos de fuente palietal más importante y bello de la península».

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