Los turistas ponen un sobresaliente al casco histórico y suspenden la entrada a la ciudad

Un grupo de visitantes escucha las explicaciones de la guía turística que les llevó a conocer el casco histórico de la ciudad.
Un grupo de visitantes escucha las explicaciones de la guía turística que les llevó a conocer el casco histórico de la ciudad. / MARIETA

Los visitantes afirman sorprenderse con el centro de la ciudad que «se desdibuja» por las fábricas que ven a su llegada

SHEYLA GONZÁLEZ AVILÉS.

Sorpresa e incredulidad son las emociones más repetidas entre los visitantes que rompen la barrera y se adentran con sus cámaras de fotos y mapas en la ciudad. Admiten que la fachada «no ayuda» pero su interior gusta, y mucho, a los turistas, que no escatiman y darían un sobresaliente al casco histórico avilesino.

Los meses de julio y agosto, los de temporada alta, la ciudad se llena de turistas, tanto de dentro de la región como de fuera de ella. Son estos últimos los más sorprendidos de las cualidades que puede ofrecerles la villa. «Vinimos un día y no llegamos a entrar, nos quedamos a las afueras porque no nos gustó nada lo que vimos», afirmaba Jordi Sandín. El barcelonés volvió a su alojamiento y decidió entrar en internet en busca de referencia de las ciudad. «Al buscar vi que me había equivocado, que la fachada no lo es todo y decidí volver. Ahora me impresiona lo bonito que es el casco histórico», reconoce.

No es el único que le pondría un punto negativo a la imagen del Avilés industrial, aunque los turistas empiezan a reconocer que esa versión es la que sustenta al resto. «Yo vine hace varias décadas y era todo negro. Eso sí era feo. Ahora ha cambiado todo mucho para mejor y eso es de valorar», dice la francesa Françoise Sinquin, consciente de que «la industria da de comer e imprime carácter, eso no se puede negar». Sinquin se reconoce a sí misma como «una enamorada de esta zona, que sin duda siempre recomiendo». Junto a ella vino esta vez su marido Gascon, que se quedó prendado de un casco histórico que descubre «cámara en mano» y está dispuesto a recomendar a «todos» sus conocidos.

El Centro Niemeyer «impresiona» a los foráneos que se acercan a la Grapa o a la plaza

En cambio los hay que valoran el contraste. «A mi me gusta el cambio. No es una ciudad monótona y eso hay que agradecerlo, porque ir a un sitio y ver siempre lo mismo tampoco es bonito», comentaba María Pérez de Zamora. Aun con esas salvedades, el casco histórico se lleva de calle todas las encuestas.

Del centro no solo valoran su valor histórico y arquitectónico sino su conservación. «Es todo muy bonito y está muy cuidado, y no todas las ciudades mantienen así de bien sus edificios más antiguos, es todo un ejemplo», reconoce Ascensión García, que elige la ciudad por encima del resto de urbes asturianas. «Tiene otro espíritu que me llama más la atención», apunta la barcelonesa. Aunque todas las calles y rincones gustan, la plaza de España destaca sobre el resto. «La fachada del Ayuntamiento llama mucho la atención», recalca Sandra Tirado, turista castellonense.

La distancia entre Asturias y Palma de Mallorca no ha sido impedimento para que Rosa María Lara y su grupo de amigas se decantaran por pasar unos días por la zona. «Es obvio que todas sus calles empedradas son bonitas, pero yo también destacaría el carácter de su gente: son todos muy amables y nos han ayudado en todo lo que hemos necesitado», puntualiza Rosa María Lara.

El recorrido por la ciudad muchos lo hacen por su cuenta, otros en cambio se apuntan a visitas organizadas o se dejan llevar por las guías impresas, que reconocen que «engañan un poco» porque «dan una visión bonita de la ciudad pero no la reflejan tal y como es», indica Pilar González, de Zamora, que venía esperando encontrar una ciudad gris y ha descubierto que «para nada lo es».

El Centro Niemeyer es otro de los puntos mejor valorados por quienes se acercaron a Avilés en verano. El centro cultural acaparó las miradas y las fotografías de los turistas, que también reconocen su alto valor artístico. «Nos acercamos a la pasarela y nos lo encontramos de frente. Es fascinante», comenta Ascensión García. Como ocurre siempre, no a todos los visitantes les gusta la modernidad que representa. «Me choca el contraste que hacen sus edificios tan modernos con las calles y edificios del casco histórico», explicó Elena Ortega, visitante de Madrid, que llegó a Avilés recomendada por unos amigos, una invitación que ella hará extensible en cuanto regrese a la capital.

A pesar de que la meteorología no siempre ha acompañado a las visitas de los turistas, los que vienen de zonas de la geografía española especialmente calurosas lo agradecen. «No hay nada de la ciudad que no me llame la atención, hasta el tiempo que hace me gusta», afirmaba tajante José Luis Tirado, que se confiesa «un enamorado de Asturias» pero que se acerca ahora a Avilés por primera vez. «No me arrepiento para nada. Es muy bonito», reconoce.

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