Veinticuatro años de cárcel para el confitero de La Duquesita por matar a golpes a su mujer

Julio Pardo, esposado en la Audiencia Provincial durante la primera de las sesiones del juicio por el asesinato de su esposa. / ÁLEX PIÑA
Julio Pardo, esposado en la Audiencia Provincial durante la primera de las sesiones del juicio por el asesinato de su esposa. / ÁLEX PIÑA

El fallo señala Julio Pardo decidió acabar con su vida ante la posibilidad de que Ascensión Amores decidiese separarse

J. F. GALÁN AVILÉS.

Julio Pardo Cimiano, el confitero de La Duquesita, ha sido condenado a veinticuatro años de prisión por matar a golpes con una llave inglesa a su esposa, Ascensión Amores Porcel, mientras dormía. La sección tercera de la Audiencia Provincial de Oviedo le declara culpable de asesinato con alevosía y ensañamiento, con agravante de parentesco y desprecio de género, y señala que lo que movió a Pardo Cimiano a poner fin de forma consciente y deliberada a la vida de su esposa fue la posibilidad de que ella decidiese separarse.

Además de la pena privativa de libertad le impone la obligación de abonar una indemnización de 420.000 euros a su familia -100.000 euros a cada progenitor, 50.000 a dos de sus dos hermanos y 40.000 a los otros tres- a la vez que decreta diez años de libertad vigilada a determinar al menos dos meses antes de la extinción de la pena de prisión. La sentencia admite recurso

«La atacó sin mediar palabra, de forma súbita, decidido a acabar con su vida y ejerciendo una violencia brutal e indiscriminada con el propósito de matarla», recoge la sentencia que, además de realizar una exhaustiva descripción del crimen que en enero de 2016 conmocionó a la sociedad asturiana, narra como en los años anteriores el asesino fue «anulando la capacidad de decisión» de la víctima, de 46 años, hasta el punto de que su vida fue «transformándose paulatinamente, haciéndose más introvertida y menos social». La conclusión a la que llega el juez es que Amores «se planteó la posibilidad de separarse. El acusado, temiendo que Ascensión pusiera fin a su matrimonio, no aceptando que ella pudiera tomar esa decisión, decidió acabar con su vida».

«En los años anteriores, Pardo fue anulando la capacidad de decisión de su mujer» «Ella se hizo introvertida y menos social, y su vida se redujo a trabajar y cuidar de sus padres»

En el apartado de hechos probados, la sentencia describe que el 25 de enero de 2016 el matrimonio fue a cenar a un restaurante de la calle San Francisco, «regresando a su domicilio en torno a las once de la noche». Cinco horas después, sobre las cuatro de la madrugada, el acusado, «guiado por el ánimo de acabar con la vida de su esposa, sirviéndose de una llave inglesa marca 'Diamond' del calibre 10, le propinó numerosos golpes en la cabeza, continuando golpeándola de manera reiterada, fundamentalmente en la cara, provocándole un politraumatismo cráneo encefálico severo que determinó su fallecimiento».

Cuando comenzó a golpearla «Ascensión se encontraba dormida en la cama, actuando el acusado sin mediar palabra, de forma súbita e inesperada. Al golpearle en la cabeza la dejó en estado de semiinconsciencia y, aprovechando esta situación de aturdimiento que eliminaba cualquier posibilidad de defensa, continuó propinándole aquellos golpes reiterados, fundamentalmente en la cara, que le provocaron el politraumatismo cráneo encefálico severo determinante de su fallecimiento».

Julio Pardo Cimiano pretendía «de manera consciente y deliberada producirle un extraordinario y desmedido dolor, provocándole males innecesarios para conseguir dicho resultado». Le golpeó al menos en treinta ocasiones y antes de que falleciera «le colocó un almohadón sobre la cara ejerciendo presión para tratar de provocar su asfixia».

El juez se detiene en la situación económica del matrimonio, que no tenía hijos. «Si bien es del todo factible que el negocio no diera el resultado apetecido, lo que no consta de ningún modo es que la situación económica del matrimonio fuera tan desastrosa como para sumir al acusado en tal estado de abatimiento que le indujera a beber y a tomar pastillas sin control y de ahí a acabar con la vida de Ascensión. No se han acreditado deudas con proveedores, el negocio les había sido cedido por los padres del acusado y no les pagaron traspaso ni alquiler, por el piso tampoco pagaban renta o hipoteca, tenían dos vehículos, salían a cenar con relativa frecuencia, y habían proyectado un viaje a Santo Domingo»

Tensión y conflicto

Los supuestos problemas económicos del negocio «son, en efecto, supuestos», resume el juez. Con todo, la marcha del negocio «provocaba situaciones de tensión y conflicto» en el seno del matrimonio, «conflictividad que se veía agravada por la mala relación que, desde hacía tiempo, existía entre Ascensión y sus suegros». Fruto de esta situación la víctima «propuso al acusado la posibilidad de dejar la confitería y abandonar Avilés. El acusado se negó, imponiendo finalmente su criterio y anulando así su capacidad de decisión», subraya una vez más el juez.

Su vida «se redujo a trabajar en la citada confitería y cuidar a sus padres. Sus únicas salidas eran en compañía de su marido y el único contacto ajeno a su propia familia era con la tía de Julio, con la que hablaba a escondidas del acusado cuando este no estaba, llegando a colgar el teléfono si él llegaba por miedo a su reacción. Se vio obligada a distanciarse su familia, llegando sus padres a no querer pasar días en la vivienda conyugal al ver el trato que el acusado la dispensaba». Como consecuencia «de esta situación de conflictividad, Ascensión presentó problemas de ansiedad de los que fue tratada por su médico de cabecera» y finalmente «se planteó la posibilidad de separarse», lo que a la postre desencadenaría el asesinato.

Aquella madrugada Pardo Cimiano «tenía sus facultades conservadas con ocasión de los hechos». Tras cometerlos, «para no asumir sus consecuencias ingirió alcohol y medicamentos, hallándose semiinconsciente cuando fue encontrado por la policía y los familiares de Ascensión a última hora de la mañana del día 27 de enero», es decir, unas treinta horas después del crimen.

En su fallo, el juez acepta en su práctica totalidad los argumentos de la Fiscalía y de las acusaciones particulares, que solicitaban 25 años de prisión, la pena máxima que contempla el Código Penal, para Julio Pardo Cimiano, el confitero de La Duquesita.

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