La venta de parkas y chubasqueros no arrincona a los vestidos en rebajas

Actividad de rebajas ayer en Dressme, en la avenida de Fernández Balsera.
Actividad de rebajas ayer en Dressme, en la avenida de Fernández Balsera. / MARIETA

En una temporada «extraña», en la que el tiempo ha tenido un papel primordial, los comercios han sacado ya la nueva colección

C. DEL RÍO AVILÉS.

El mal tiempo y la venta de ropa de verano no responde a una regla de tres inversa. Si llueve se piden chubasqueros, pero si llueve también se compran vestidos. Es la paradoja de las rebajas de verano en una estación que este año ha venido marcada por la inestabilidad meteorológica. Una temporada que los comercios definen como «rara» y «extraña».

Si bien cada uno tiene sus particularidades, la mayoría coincide en señalar unas ventas más flojas que el verano pasado. No es una protesta ni una queja, solo una constatación de que o la manida recuperación económica no es tal o de que los patrones de compra de los consumidores son tan variables como el tiempo que parece condicionarlos.

En Dressme, en la calle de Fernández Balsera, pensaron que la buena («buenísima») temporada navideña podía ser el precedente de un año en la misma línea. Nada más lejos de la realidad. De marzo a abril refieren unos meses poco menos que anodinos 'salvados' por la ropa de ceremonia, esa que «tienes comprar porque no queda otra».

El verano está siendo más de lo mismo y algunas maniobras comerciales dan fe de ello. Dressme fue uno de los pocos establecimientos que, como Inditex, adelantó las rebajas de verano. Para algunos es indicativo de cómo está el mercado y para otros de una globalización que obliga a extender prácticas instaladas ya en comunidades como Madrid, lo cierto es que si las tiendas de Amancio Ortega dan un paso en la dirección que sea, el pequeño comercio se ve en la obligación de seguirlo.

Estrategias aparte, el adelanto de las rebajas a quien apostó por ello solo sirvió para no quedarse relegados en unas ventas que siempre son mejores para las cadenas grandes y que han estado condicionadas por la economía y la meteorología. «Parece que el cliente tiene miedo a gastar, tal como preveían los economistas a principio de año, y, además, en el verano no ha hecho el tiempo que se espera en esta estación», explican. Así, en esta tienda de Fernández Balsera han vendido más chubasqueros que nunca durante julio y agosto y apenas han sacado las sandalias. «La gente ya está mirando la nueva colección y no le importa que no esté rebajada, es como si en esta temporada hubiera habido un paréntesis», describen.

Algo parecido explican Elena Gonzalo y Patricia Herrero, de Kissing Room y de La Folie, respectivamente. «Lo de este año no ha sido ni medio normal. Cuando se tiene que vender no se ha vendido y al revés», explica la primera sin acertar las causas de esta sinrazón. Afirma que agosto no suele ser un mes de mucha venta, salvo quizás la primera quincena, porque ya todo el mundo ha adquirido sus caprichos o necesidades durante julio. Pero concretamente en este agosto no se atreve a predecir ningún comportamiento para la recta final. Eso sí, en sus perchas apenas hay prendas de abrigo de verano. Han volado.

Su colega de La Folie cree que las rebajas están siendo similares al año pasado después de una campaña que sí ha sido peor. «Pero lo importante no es cómo empiezas, sino como acabas», advierte Patricia Herrero, a la que sí ha sorprendido menos firmeza a la hora de adquirir una prenda. A diferencia de otros años, este verano ha visto a muchas clientas que entraban buscando un pantalón y se han marchado con un vestido de fiesta, por poner un ejemplo. Lo que sí le gustaría es que el pequeño comercio se pusiera de acuerdo para respetar las fechas tradicionales de rebajas, es decir, del 1 de julio al 31 de agosto. Sabe que el comportamiento de los 'grandes' obliga a los pequeños, pero cree que si estuvieran unidos quizás podrían competir de otra forma.

Ventas para vacaciones

La única comerciante de los consultados que refiere una situación parcialmente diferente es Andrea Castro, de Melocotton. Asegura que las rebajas están yendo bien porque aunque esté haciendo mal tiempo «hemos vendido muchos vestidos para la gente que tiene la suerte de irse de vacaciones y a los turistas». Entre otros a franceses, nacionalidad de la que destacan un fuerte incremento, y a británicos. Además, una de sus fuertes es la ropa de fiesta y, aunque llueva, en verano e vestido de boda va con sandalia.

Esta venta de prendas más frescas y ligeras ha ido a la par que otras que habían quedado relegadas en el almacén tras las rebajas de invierno. «Se están vendiendo. Si no hubiera hecho este tiempo, no las habríamos sacado, pero está funcionando», confirma.

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