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El Caso Renedo

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María Jesús Otero, a su llegada a la Audiencia Provincial. / D. ARIENZA

Otero: «Siempre tuve claro que quien mandaba era el consejero»

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  • La exdirectora general de Planificación declaró que las contrataciones se hacían «en equipo» y presumió de memoria

María Jesús Otero «tiene una memoria excepcional». Así se lo reconoció su antiguo jefe, el exconsejero José Luis Iglesias Riopedre, y quizás por ello la letrada del Principado le dedicó el interrogatorio más extenso, casi 200 preguntas que la aludida dejó sin contestar pero que permitieron a la abogada señalar a los magistrados de la Audiencia Provincial todos los contratos que sospecha amañó la acusada. El cuestionario se prolongó media hora y fue una de las anécdotas de la jornada, especialmente al comprobar cómo luego la abogada de la Administración regional formuló una docena de cuestiones a Iglesias Riopedre, la mayoría centradas en los poderes que tenía su subordinada y la confianza que le merecía.

La ex directora general de Planificación afronta la mayor petición de condena, once años y medio de prisión, y para sustraerla de ese destino su abogada Ana Muñiz planteó un interrogatorio asentado en dos pilares: la excelente memoria de su cliente -capaz de recordar el número de alumnos de este o aquel colegio- y las posibles responsabilidades de sus superiores.

«Yo hacía que aquello funcionara, proponía cosas, pero no decidía. Funcionábamos como un equipo», señaló. «Siempre tuve claro que el que mandaba en la consejería era el consejero», recordó. «Los estudios se hacían si los autorizaba el consejero, y la obra también», planteó.

Superar a la intervención

Un ejemplo. El amueblamiento del instituto de La Corredoria. La obra terminaba, el curso iba a comenzar, pero la interventora puso un reparo que impedía contratar el mobiliario por vía de urgencia. «El consejero dijo que lo había hablado en el Consejo de Gobierno y habían considerado que aquello era impresentable; que se equipara». Parecido sucedió con los «280 alumnos» que en septiembre estaban a punto de quedar sin centro, tras descubrir un estudio que el Ramón de Campoamor podía venirse abajo en cualquier momento. La inversión para adecuar otras aulas «las propusimos como emergencia, pero el interventor dijo que no podía ser, y el Consejo de Gobierno que además estábamos con el déficit». El dinero se gastó, valiéndose de un contrato que podía indicar otra cosa y en el que el acta «ni se firmó», reconoció Otero. «Yo sabía que eso había que arreglarlo en la casa, no podíamos obligar al centro a firmar algo que no habían recibido», adujo.

Otro caso. «El consejero quería que los centros que conocía bien, tuvieran capacidad de hacer contratos menores y se concedió esa posibilidad».

Uno más. Los directores siempre estaban haciendo peticiones, «no teníamos ninguna necesidad de inventarlas». A Otero le correspondía plantear propuestas de dónde se invertiría, «aunque no siempre; a veces era el consejero el que llegaba con una propuesta que le llegaba tras hablar con los ayuntamientos».

Ana Muñiz buscó que la clienta siguiera con sus disparos por elevación, hasta alcanzar al propio presidente de la época, Vicente Álvarez Areces, estrategia en la que no siempre le siguió el juego Otero. Sí lo hizo al recordar una de las facturas, de unos 38.000 euros, por un material que aparentemente no llegó en su integridad al centro. «El día de la inauguración la directora nos dijo que había hecho cambios en el pedido, que había utilizado parte de ese dinero para pintar una pared, asfaltar el patio y poner canchas. Nos enteramos así; estábamos el consejero, el presidente, y la jefa de la oficina técnica. Allí se dijo y nadie dijo nada en contra».

El asunto de la geotermia

La estrategia continuó al tratar el asunto de la geotermia. Gran parte de la financiación a los centros se consumía en la calefacción, cosa que preocupaba. «Hubo una reunión en Presidencia, con varias consejerías, para analizar qué sistemas podrían dar más ahorro», evocó. ¿Recibió indicaciones para tratar el asunto de la geotermia con el entonces director de la Escuela Politécnica de Mieres, Antonio Bernardo Sánchez? «Bueno, es lo que se habló en una reunión, en la que estábamos yo y el presidente; se dijo que Antonio era el que más sabía y era bueno que colaborase». ¿Se hizo la geotermia de Grado, de cuyas supuestas irregularidades se le acusa? «No con nosotros; hablé con el director y se hizo después de dejar la consejería» ¿Lo aprobó el consejero siguiente? «Sí, es un tema que quedó abierto y que se podía aprobar eso u otra cosa» ¿Si era fraudulento, por qué quien lo aprobó no está imputado? «No me corresponde a mí decidirlo».

La exdirectora general, María Jesús Otero fue revisando encargo por encargo, y dando explicaciones a lo que hasta ahora se venían entendiendo como irregularidades. Pasa por ejemplo con los muebles pagados en ocasiones para centros o comedores en obras. «En ocasiones la obra iba retrasada y para no perder el presupuesto que se había reservado, se compraban los muebles y, si el centro no podía acogerlos, se enviaban al almacén», aseguró.

La mujer descargó en los propios directores parte de las incoherencias entre las facturas y las entregas. Dijo que en ocasiones eran los directivos los que pedían a la empresa que cambiara el suministro y sugirió que si en su momento no lo reconocieron así a la policía, fue quizás por temor a las consecuencias.