El Comercio
María Eugenia Alberti posa en una calle de Oviedo.
María Eugenia Alberti posa en una calle de Oviedo. / ÁLEX PIÑA

«He hecho malabarismos para mantener mi dignidad editorial»

  • La revista 'Joyce' cumple 25 años y su mentora evoca «una época no muy tierna para quienes no se quieren dejar aprisionar por el sistema»

  • María Eugenia Alberti Directora de 'Joyce'

Asturiana de pro, con raíces en Oviedo y Langreo, tamizada por la pasión que le despierta la cultura francesa, además de la heredada de sus ascendientes italianos, María Eugenia Alberti acaba de cumplir un cuarto de siglo al frente de la revista 'Joyce', lo que han celebrado mediante una edición especial. Antes, estuvo su paso y su huella en 'Dunia' y 'Vogue', siempre a contracorriente de la marea común, independiente y lúcida.

Dice el tango que veinte años no es nada, pero veinticinco quizá permiten una mirada hacia atrás...

No me di cuenta de que cumplíamos el veinticinco aniversario, fue alguien del equipo quien me lo recordó. Es lo que tiene estar absorta en el trabajo, no vas contando los años. El origen de 'Joyce' tiene una matriz francesa -sólo queda ya nuestra publicación- y hemos atravesado diversas vicisitudes hasta que me la quedé yo, pagando enormes 'royalties'.

En esa visión retrospectiva, ¿podría considerarse 'Dunia' un antecedente de 'Joyce'?

Son revistas completamente distintas, pero 'Dunia' fue mi gran hijo de papel, la revista de la mujer en el comienzo de la democracia. 'Joyce' remite a un estilo de vida sin distinción de sexos, se dirige a los dos. Como el arte, la decoración o la pintura, 'Joyce' no tiene sexo.

¿Ha visto emerger a una mujer nueva a lo largo del periodo democrático?

Las mujeres somos la esperanza del mundo, después de haber ido haciendo difíciles conquistas a lo largo de los siglos hasta conseguir un papel merecido. Y todas tienen que enterarse de que es así, sin feminismos exacerbados ni discusiones absurdas. Ahora, lo que ha de llegar es la paridad salarial y la misma paridad en las obligaciones domésticas.

Ya que menciona el núcleo hogareño, ¿tiene opinión acerca del debate que han suscitado Dolce & Gabbana, negando la conveniencia de la paternidad a los gays?

Siendo ellos mismos gays, se antoja chocante y absurdo. Lo razonable hubiera sido que la defendieran desde la donosura y la elegancia, máxime tratándose de personajes reconocidísimos que tienen influencia en la opinión pública. Si no quieren asumir personalmente esa paternidad, es respetable, pero yo creo que han buscado de modo oportunista una cierta notoriedad, apelando a una modernidad extraña. El siglo está como debe estar.

Escribe en esta edición conmemorativa de 'Joyce' que estos cinco lustros fueron «una época no muy tierna para quienes no se quieren dejar aprisionar por el sistema». ¿Cómo ha logrado librar ese combate?

Me temo que a mí también, de alguna manera, el sistema me ha aprisionado. Ya se sabe que los medios de comunicación son deficitarios y subsidiarios de sus inversores publicitarios. He hecho malabarismos en la cuerda floja. Es decir: todo lo que puedo para mantener la dignidad en los criterios y como editora.

Usted interpreta la moda y el lujo en términos que no son los habituales, concernidos por la economía productiva y la cultura. Sin embargo, ¿no cree que en estos tiempos de grandes sectores sociales empobrecidos pueden ser entendidos de forma enemistosa?

Por supuesto que lo entiendo. Lo que digo es que el concepto de lujo está muy mal aplicado, que el lujo es el producto de la artesanía, de la dedicación, de esas escuelas de Artes y Oficios que hay en Francia y que dan de comer a mucha gente. La enfermedad no la padece el lujo, sino la ostentación, ese exhibicionismo de árbol de Navidad que practican tanto los ricos de siempre como los nuevos ricos, la aberración de hacer alardes de cinco coches y que sean muy grandes. El lujo está en objetos que pueden resultar inaccesibles, pero admirables, como un cuadro del Museo del Prado. Y, de otro lado, hay un lujo que está al alcance de todos, el de la paz, la naturaleza, la lectura, la lealtad. El lujo es que los sueños no se mueran nunca, justo lo contrario de unos modos de epatar ofensivos.

Con todo, el mercado del lujo ha obtenido en este periodo de vacas flacas notables beneficios...

Sin duda, pero se ha instalado en la avidez y no ha sabido anticiparse a las necesidades futuras del mercado. Los beneficios han sido enormes, lo que no impide que estén muy nerviosos porque se les ha nublado la inteligencia. Salvadas las casas de lujo de composición familiar, la tendencia ha sido la de hacer un lujo de temporada. Y el lujo es intemporal.

¿El hábito hace al monje?

A veces sí, a veces no. Es el gusto personal bien educado el que hace al monje. Lo que es una barbaridad es el narcisismo que saca lo peor de nosotros mismos, mediante ese bombardeo que incita a ser modelos irrealizables, lo que provoca complejos y frustraciones. Seamos felices e imperfectos. Eso es lo que nos vuelve guapísimos.

Mudando el tercio, ustedes han mantenido una sección en 'Joyce' de gran impacto y muy brillante, a través de las entrevistas que ha realizado Gonzalo Ugidos a descendientes de algunas de las figuras más relevantes de la cultura y la historia europea, de Napoleón a Freud. Una curiosidad mínima: ¿elogian unánimemente los herederos a sus antepasados?

Es la sección que me hace sentir el mayor orgullo. En principio, pensamos en nietos y biznietos, aunque en el caso de Kafka ha sido un sobrino. Preparo un librito que será una joya. En cuanto al aprecio por sus antecesores, la mayoría los consideran muy honrosos. Existen excepciones. El nieto de Wagner se manifestó absolutamente en contra de su ancestro, al que definió como integrista y ultraconservador.

Hablando de 'libritos', usted tenía pendiente escribir uno más personal...

Sí, pero no lo publicaré hasta que deje de ser editora de 'Joyce'. No es el momento adecuado, cuando de la revista dependen diez familias y mi propia supervivencia... Son recomendaciones de un editor a los editores. Ya está escrito e incluso tiene título provisional, que acaso cambiaré porque me resulta demasiado obvio: 'La lista negra'.

Yendo a otra de las secciones, la gastronómica, ¿los españoles sabemos comer?

Sabemos saborear, que es otra cosa. Reconocemos lo gustoso y lo sabroso, pero a partir de ahí... Los españoles somos muy dados a las modas, pero en gastronomía la cuestión es más profunda y cultural.

Robándole una pregunta que ustedes han hecho a varios líderes de opinión, ¿en qué mundo querría vivir mañana?

Ya me decían nuestros entrevistados que la pregunta se las traía... Ufff... En un mundo que no sea como este en el que vivimos hoy, ese no es mi sueño. Un mundo, sobre todo, más justo.