El Comercio

Shakespeare en Navarra

Un momento de la representación producida por Teatros del Canal.
Un momento de la representación producida por Teatros del Canal. / E. C.
  • El Teatro Campoamor acogió la representación de la obra del genio inglés 'Trabajos de amor perdidos'

Dentro del ciclo conmemorativo que se viene ofreciendo en el Teatro Campoamor bajo el epígrafe de 'Cervantes & Shakespeare', en el que ya se han representado 'El mercader de Venecia' (al cuidado de Noviembre Compañía Teatro y los 'Misterios del Quijote', desvelados por Rafael Álvarez 'El Brujo', ayer subió al escenario una de las obras de William Shakespeare que durante un largo periodo de varios siglos no tuvo a favor el beneplácito para desplegarse sobre las tablas, 'Trabajos de amor perdidos'.

Considerada una creación menor del genio de Stratford-upon-Avon y escrita en su juventud, alrededor de 1595, ha sido en el reciente siglo XX cuando una nueva y detenida mirada del texto, apoyada por la Royal Shakespeare Company y el National Theatre, le ha devuelto a esta singular comedia próxima a la farsa el brillo merecido, al que asimismo contribuyó el musical de Kenneth Branagh llevado a las pantallas cinematográficas.

En la versión que esta noche ovetense del lunes se acercó al público asturiano, adaptada por José Padilla y dirigida conjuntamente por Tim Hoare y Rodrigo Arribas, es indicativa una producción que suma energías artísticas británicas y españolas, respaldada por la Fundación Siglo de Oro, Teatros del Canal y Pentación (Madrid), la Fundación Baluarte (Navarra) y el Shakespeare's Globe Theatre (Reino Unido).

La presencia navarra adquiere su sentido completo al saber que la trama se desarrolla en ese reino, que lo fue en época del Bardo inglés, y al que alude.

Enrique, rey de Navarra (una composición muy jugosa del actor Julio Hidalgo), ha decidido entregarse al estudio a lo largo de tres años y apartarse de las tentaciones del mundo, el demonio y la carne, acompañado por tres de sus caballeros. Sucede que si el hombre propone, bien que sea monarca, el azar dispone. Que en este caso toma cuerpo de princesa de Francia (Alicia Garau) y un séquito de otras damas. Y donde se proyectaba un monacato erudito, aparecen las conocidas flaquezas humanas.

Construida de manera muy ágil y en despliegue coral, se han de destacar las interpretaciones que encarnan a Berowne (Javier Collado) y Rosalina (Lucía Quintana). Y los chispazos humorísticos que impregnan las actuaciones de Jesús Fuente (Armado, alguacil del rey), Pablo Vázquez (gracioso y pícaro aldeano) o Raquel Nogueira (Jaquineta), extendiendo el reconocimiento a los trece componentes del elenco, que juegan con las palabras en todas sus modulaciones expresivas y se acompañan de un ajustadísimo movimiento corporal. Cabe mencionar especialmente la extraordinaria vis cómica de José Ramón Iglesias en el papel de Longaville.

La escenografía de Andrew D. Edwards diseña de forma sencilla mediante postes los salones palaciegos y sus alrededores.

El público, que no llegó a llenar el teatro, les dispensó una extensa y sentida ovación.