El Comercio

Adiós al profesor Barluenga como un «maestro de la excelencia»

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La familia de Barluenga, durante la ceremonia de despedida. / ALEX PIÑA

  • «Fue una de las figuras más importantes de la Universidad de Oviedo», dicen en su mutitudinario funeral compañeros, discípulos y familia

«Era un hombre emocionante y emocionable y estoy seguro que hoy se habría conmovido al veros aquí a todos». Con esas palabras agradecía la presencia a los familiares, amigos, discípulos y compañeros de claustro el único hijo varón de José Barluenga, el premiado catedrático de Química de la Universidad de Oviedo fallecido el miércoles. Y hablaba así Gonzalo Barluenga en una emotiva ceremonia de despedidada a su padre, que se celebró ayer en una abarrotada iglesia San Francisco de Asís en Oviedo. Desde su altar, el sacerdote Fernando Llenín, encargado de oficiar el funeral, no ahorró elogios para con el profesor, del que dijo que era «un maestro de excelencia» y un «excelente hombre».

Coincidió Llenín con todos los presentes en que Barluenga «llegó a transformar con su trabajo y dedicación la Universidad de Oviedo y especialmente a su Facultad de Química». De su calidad humana y de la repercusión de su trabajo daba cuenta la imagen de la capilla, rebosando admiraciones. Unas 500 personas ocuparon todos los bancos. Muchos quedaron de pie. Todos querían acompañar a la familia. A la viuda, María Cruz Badiola, y a todos los hijos, el mencionado Gonzalo y sus hermanas, Sofía, Ana, Marta, Gurutze y Maite, que ocupaban la primera bancada con el gesto solemne de la tristeza, que, por momentos, mutaba por las muchas demostraciones de afecto, respeto y profunda admiración al profesor, recordado como «una de las figuras más importantes de la Universidad de Oviedo».

En esos términos coincidieron todos sus compañeros académicos, que no dudaron en ensalzar tanto su labor como su «lucha». Gracias a su trabajo, recordaba el ex rector de la Universidad, Vicente Gotor, «el departamento de Química pasó a ser uno de los mejores del país». Gotor no fue el único ex rector que acudió a la ceremonia. También estuvieron Alberto Marcos Vallaure y Juan Vázquez, que además era «amigo».

«Era un aragonés tenaz, un poco tosco aparentemente, pero con un gran corazón. Es una pérdida para la Universidad de Oviedo que, por desgracia, en este último período está perdiendo a bastantes figuras importantes», recordaba Vázquez. «Ojalá vengan nuevos maestros que sigan su ejemplo», añadía el actual rector, Santiago García Granda, ayer también en la misa, a cuyo término destacó la «gran lucha» que mantuvo Barluenga.

Admirado por todos y «seguido» por muchos como «faro» de todos sus discípulos, tenía el profesor fallecido «un gran poder de convicción». Por él vino a Asturias, en el año 1975, el también catedrático Javier Fañanas. Compañero y amigo, lo contaba ayer emocionado. También se vio afectados a otros colegas de la facultad, que compartieron adiós como el decano de la de Química, José Manuel Fernández Colinas. La representación institucional la pusieron los consejeros de Sanidad, Francisco del Busto de Prado, y de Educación y Cultura, Genaro Alonso Megido. Para ellos, José Barluenga deja una huella indiscutible y será «siempre una figura» recordada, por haber instruido a centenares de alumnos y por haber guiado más de un centenar de tesis, por la renovación de la química en Asturias. Hoy, este Premio Jaime I, título que llevaba con el mayor de los orgullos, volverá a su tierra, a Tardiente (Huesca), donde se le oficiará una misa a las cinco de la tarde.