El Comercio

Los valores ejemplares de Los Oscos

  • Los tres concejos que conforman la comarca sirven de guía para una región lastrada por los localismos

  • La solidaridad vecinal ha sido una de las claves de la concesión del Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias

Si la memoria de una tierra está en los caminos y en todas las generaciones de seres humanos que los pisaron, la de Los Oscos / Os Ozcos perdura en las decenas de ríos, regatos, fuentes, cascadas, presas y canales por los que ha discurrido la supervivencia de los vecinos de esta comarca. El agua es la canción, el relato de su historia y también su narrador. Basta seguir el curso de cualquier corriente de los montes y valles de Villanueva / Vilanova, San Martín / Samartín o Santa Eulalia / Santalla para que asomen los vestigios de la economía autosuficiente en la que -a falta de otras posibles- fueron ricos estos tres concejos. Aparecerán entonces el molino de pan, los mazos, las ferrerías, los batanes alimentados por el agua y por los otros elementos del mundo primordial: la tierra (en forma de carbón vegetal o mineral de hierro), el aire y el fuego (servido a su vez por el aire y el carbón de la tierra). Varios siglos antes de que se difundiese el concepto de economía sostenible los habitantes de Los Oscos ya la practicaban y la defendían como el mayor de sus tesoros.

El bosque en estas tierras solo es misterioso o deslumbrante para quien no ha nacido en ellas. El concepto de paisaje es una creación urbana y burguesa, el campesino no ve el paisaje, ni entiende la belleza que pueda contener más allá de la belleza de lo útil. El bosque es fundamentalmente un lugar de trabajo y una fuente de recursos. Lo fue para las gentes de Los Oscos: en él se proveían de madera destinada a la manufactura de toda clase de piezas para la construcción de viviendas, cuadras, hórreos, herramientas y aperos, o para ser transformada en carbón vegetal con el que alimentar las fraguas o los hornos de pan. En el corazón del bosque se hallaba también el hierro en yacimientos explotados por el hombre desde el Neolítico hasta la verdadera edad dorada que vivió la industria ferreira en esta región del suroccidente asturiano hasta su práctica extinción con la actividad siderúrgica de los altos hornos. La canción del martinete, como la del agua, aún sigue escuchándose en algún mazo de la comarca para el asombro y la maravilla de los practicantes del turismo rural que han tenido la feliz idea de venir a conocer uno de los territorios con más personalidad del Principado.

En Villanueva, la capital del primer concejo de Los Oscos que se encuentra el visitante llegado desde las riberas del Eo, en la raya líquida entre Asturias y Galicia, se alzan los muros, actualmente en proceso de rehabilitación del Monasterio de Santa María. Fundado en el 1137 por Alfonso VII de León y Castilla, el cenobio, a cargo de la Orden Benita y posteriormente bajo la del Císter, hasta la Desamortización de Mendizábal, tuvo bastante que ver en el desarrollo de la industria ferreira en los cotos de San Martín, Santa Eulalia y Santa Eufemia (al que pertenecía Vilanova), así como del cultivo de la vid que tuvo su particular desamortización en la propagación de la filoxera. En estas tierras nunca hubo mucho para todos y la prueba fueron los cientos de vecinos que hubieron de abandonarlas en busca de una vida mejor al otro lado del Atlántico, pero en lo poco que había no faltaba de nada.

Los Oscos, a pesar de su relativo aislamiento, nunca fueron tierra ajena al progreso y a las luces. En una pequeña aldea de Santalla, Ferreirela de Baxo, nació una de las mentes más inquietas de la Ilustración española: Antonio Raimundo Ibáñez Llano y Valdés, Marqués de Sargadelos, impulsor del comercio ultramarino y de la fabricación industrial de cerámicas, erudito, de trágico final entre las turbas ignorantes que lo acusaban de afrancesado.

El jurado del Premio al Pueblo Ejemplar ha tenido en cuenta todas estas razones y sobre ellas la de que Los Oscos debería servir de espejo para una comunidad en la que los localismos son el principal freno al desarrollo del mundo rural. Aquí la gente de Vilanova, Samartín, Santalla defiende el carácter de sus concejos poniendo por delante los intereses comunes y la solidaridad vecinal como estrategia para un futuro en el que todos suman y cuentan. Un ejemplo para toda Asturias.