El Comercio

Con las manos en AlNorte

Algunos de los pequeños 'alnorteños', con las manos llenas de pintura.
Algunos de los pequeños 'alnorteños', con las manos llenas de pintura. / JOSÉ PRIETO
  • Más de un centenar de niños responden al certamen de arte

  • Llevan desde el viernes plasmando sus mundos de colores. Ayer pusieron fin al trabajo, que se inaugura mañana en la Factoría Cultural

Se ríen, se divierten, pero, «sobre todo, aprenden», dice Diana Coanda, la educadora que desde el viernes explica los entresijos del color y las formas al centenar largo, «muy largo», de niños que, tratan de «pintar la alegría». Lo hacen en la Factoría Cultural de Avilés muy cerca de las aulas de su propio colegio (el Palacio Valdés). Y lo intentan porque ese es el tema de este año en el certamen 'Asturias Plástica', al que todos han respondido en masa.

Veterano ya entre las actividades dedicadas a los más pequeños en AlNorte, la Semana de Arte Contemporáneo que promueve EL COMERCIO, que abre sus puertas mañana, el certamen no solo está dando satisfacciones a los aprendices de pintores, que van desde los seis a los once años y «lo pasan a lo grande», como su profesora ocasional. La aventura en la que han estado inmersos hasta ayer mismo y que mañana se convertirá en una exposición en la propia Factoría les ha abierto la mirada a otros mundos.

«Ahora saben lo que es el arte abstracto y su diferencia con el figurativo», cuenta Diana. Y, con el saber en las manos, la mayoría decidió emprender su obra de arte al modo de los realistas. «Es curioso, pero sí. Fueron muchos más los que se pusieron a pintar asumiendo la representación conocida de las cosas. Pero las grandes sorpresas nos las hemos llevado con los niños que tomaron el camino abstracto. Vaya obras que han salido».

Todas, las que siguen la línea de la figuración y las que se atrevieron con su ruptura, han ido quedando plasmadas no en caballetes, ni en telas, sino en rollos y rollos de papel. Se ha acumulado para la exposición más de un centenar de metros de alegría, narrada con colores de todo tipo. Siempre en una especie de lienzo continuo.

Cada niño tenía su propia parcela, aunque esta quedaba unida a la de su compañero, primero por el papel y después por un hilo pictórico destinado a encadenar cada espacio individual. Y, en esas fincas imaginarias, toda la libertad del mundo para sembrar su imaginación. Eso sí: sobre el suelo y con las manos impregnadas de pintura. Sin pinceles, que da (era evidente) mucha más risa y provoca más diversión.

«¿Y cómo pintar la alegría?», se preguntaron todos al comienzo. Primero se miraron entre sí y torcieron el gesto en una mueca de incomprensión absoluta. Pero no duró mucho. Diana les explicó que la alegría podía ser cualquiera de esas cosas que les hacen felices. Un balón de fútbol (risas de los niños), una madre amable, un Papa Noel generoso o un amigo, ya sea visible o invisible.

Corazones, casas, soles

No hizo falta mucho más. Pronto salieron corazones, casas, soles y, claro, balones entre los aprendices realistas. Pero también mucho color sin forma. Para los abstractos la explicación fue la misma, pero estos se quedaron con un añadido: «La alegría también puede ser un movimiento de luz, una ráfaga de color», les dijo Diana Coanda.

«Nada más escucharlo se pusieron a pintar y han salido cosas brutales. De una fuerza enorme». Una fuerza sobre la que se pondrán luces mañana, en la apertura de la exposición, que se unirá a las cuatro de los becados de AlNorte en el Museo Barjola y Laboral Centro de Arte, en Gijón, en el Niemeyer de Avilés y en el Arqueológico de Oviedo.

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