El Comercio

«Necesitamos políticos como Jovellanos, que no antepongan su beneficio a la patria»

César Antonio Molina, Francisco José Borge e Ignacio García-Arango, en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo.
César Antonio Molina, Francisco José Borge e Ignacio García-Arango, en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo. / PABLO LORENZANA
  • César Antonio Molina disertó en la Universidad acerca de la figura del ilustrado gijonés, poniéndolo como ejemplo para el presente

En la densas jornadas que el exministro de Cultura César Antonio Molina ha tenido en Asturias el lunes y el martes, presentando su sexto volumen de memorias, 'Todo se arregla caminando', ayer concluyó el día en el Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, invitado por el Foro Jovellanos, pronunciando la conferencia titulada 'Actualidad de Jovellanos'.

Le acompañaron en la mesa el vicerrector de Extensión Universitaria, que también hizo el prólogo, Francisco José Borge López, y el presidente del Foro Jovellanos, Ignacio García-Arango Cienfuegos-Jovellanos. Entre los asistentes, el expresidente del Gobierno del Principado de Asturias, Juan Luis Rodríguez-Vigil, así como el rector universitario, Santiago García Granda.

Comenzó el conferenciante aludiendo a la relación entrañable que le une a Asturias, donde tuvo encuentros con escritores como Claudio Magris o Nélida Piñón, premios Príncipe de Asturias, galardón que él mismo recogió en calidad de director del Instituto Cervantes.

A renglón seguido, declarando no ser experto en Jovellanos, sí que sabe de lo que habla: «Lo he leído de arriba abajo y siempre lo he tenido presente en mi actividad política y he procurado no decepcionarlo», declaró, situándolo en la corriente histórica de los «liberales, ilustrados, heterodoxos o republicanos, como Azaña, Unamuno o María Zambrano».

En uno de sus libros, 'La caza de los intelectuales' («el título lo eligió la editorial»), dedica un capítulo al ilustrado gijonés, que le sugirió varias meditaciones. «Han pasado siglos desde Jovellanos y podemos pensar que se ha logrado una buena parte de lo que pretendió, pero queda mucho por hacer». Entre otras cosas, requirió, «políticos que como Jovellanos nunca antepongan su propio beneficio o el del partido a los del país o la patria».

Pasó a preguntarse quiénes son los que aman a la patria, aquellos a los que no les gusta o los que dicen que les gusta. Para responder que «Jovellanos perteneció a los que amaban la patria porque no les gustaba. Es decir: no le gustaban sus gobernantes, el absolutismo de los reyes, la villanía de Godoy, la Inquisición, el atraso secular educativo, social y económico. Y luchó para cambiarlo sin resultados».

Un repaso por la institución universitaria de aquel tiempo mostró la desolación. «No había ventajas en ser estudiante universitario porque estaba siempre al acecho la Inquisición». Razón por la que Blanco White, al que aludió varias veces, «defendía el autodidactismo».

Tal vez no resulte demasiado conocida la información de que «Karl Marx elogió el 'Informe sobre la Ley Agraria' (de Jovellanos) y le consideraba un amigo del pueblo».

Asimismo, se detuvo en el periodo en el que fue magistrado en Sevilla, su paso por el Ministerio de Gracia y Justicia, que asumió sabiendo que entraba en «una carrera difícil, turbulenta y peligrosa», siendo cesado a los nueve meses, o su destierro en el castillo de Bellver (Mallorca), de donde quisieron rescatarle los ingleses mediante la flota del almirante Nelson, fondeada ya en las islas, lo que no aceptó «por patriotismo, porque su patria estaba en guerra con Inglaterra». O su papel en la redacción de la Constitución de Cádiz (1812), que ya no vería, pues fallecería en Puerto de Vega en 1811.