El Comercio

Y la cultura despertó a Oviedo

La plaza del Paraguas, convertida en una enorme instalación.
La plaza del Paraguas, convertida en una enorme instalación. / FOTOS: PABLO LORENZANA
  • En el monasterio de las Pelayas y el Museo de Bellas Artes se formaron largas colas de acceso

  • La Noche Blanca llenó las calles de la ciudad de todo tipo de actividades

Decía Clarín en 'La Regenta' que la heroica ciudad dormía la siesta. Describía en su novela, que ayer fue protagonista de la Noche Blanca, una ciudad poco más que aburrida y monótona. Si don Leopoldo anoche hubiese levantado la cabeza, seguro que no hubiese reconocido la Vetusta que dejó escrita.

Para empezar no hubo más que atravesar las paredes de la iglesia de Santa María La Real de La Corte. Ayer se estrenaba en los menesteres. El templo abrió sus puertas para ofrecer al público una visita guiada muy peculiar. Todos recorrieron la iglesia pero nadie se movió de los bancos. ¿Cómo fue posible? La magia de una voz en off, una iluminación artística, que dejaba algo más que desear, y eso sí, la contundencia de la música que ofreció el sonido del órgano.

Más veteranas son en el monasterio de San Pelayo. Hasta allí se acercaron propios y extraños en un larga cola para acceder a los muros que guardan los secretos de las Pelayas. A las ocho y media ya habían pasado por sus puertas 450 personas. «Es muy buena cifra», apuntó Ignacio Portilla, colaborador del monasterio e improvisado guía de este periódico.

Y los museos también registraron colas. Al de Bellas Artes le precedía una larga fila para acceder y poder escuchar música en directo o experimentar con un cuadro viviente. Para más señas, el 'Filandón en el monasterio de Hermo', de Álvarez Catalá. Le dio vida y alma el grupo teatral Conceyu Tradicional Vezos Astures.

Otro, el Arqueológico, tomó la música por bandera en la noche ligera de sueño que hizo que varios niños se quedasen hipnotizados.

Es lo que tiene la magia de la Noche Blanca. La misma que convirtió la Rúa en una galería de arte callejera. El Proyecto Alcayata ayudó bastante a ello, como también lo hicieron los dibujos que los peques pintaron y colgaron de unas cuerdas ubicadas a ambos lados de la calle. También se portó el tiempo. Noche templada y ni una gota, a pesar de que se abrieron cientos de paraguas. En concreto, en la plaza del mismo nombre. El proyecto '5x5. Paraguas', de Nacho Martínez, convenció a pesar de comenzar con retraso, bastante retraso. Los paraguas hicieron de pantalla sobre las que se proyectaron imágenes de los trabajos de 25 artistas de cinco disciplinas diferentes: fotografía, arquitectura, diseño, vídeo y música. Una noche en la que muchos descubrieron por primera vez la calleja la Ciega, no el bar sino la calle. Un pasadizo que pasa desapercibido pero en el que hay mucha vida. La que le da la Asociación Les Cuestes, que aprovechó la Noche Blanca para callejear entre el arte y la música.

Como la que ofreció Pablo Moro en el Edificio Histórico de la Universidad. Junto a él, Toño Velasco se afanó por crear un improvisado mural para crear su particular 'Gran Familia' a modo de retratos de la gente que se acercó hasta allí. Sin duda, una de las actividades que más gustó de la noche.

Todo esto cupo en una cajita. Las que proporcionó en la plaza del Ayuntamiento Brezo Rubín para que la gente guardase en ellas todas sus sensaciones. «Esto es una gymkana cultural maravillosa», se leía en uno de los mensajes que alguien guardó como su pedazo de Noche Blanca.