El Comercio

Arturo Mohíno: «Envenenar a alguien con acetato de plomo sería de aficionado»

Juan Díaz y Arturo Mohíno, con los premios, posan con Ignacio García-Arango y Orlando Moratinos en la Casa Natal de Jovellanos.
Juan Díaz y Arturo Mohíno, con los premios, posan con Ignacio García-Arango y Orlando Moratinos en la Casa Natal de Jovellanos. / PALOMA UCHA
  • El médico recogió el XVIII Premio Internacional de Investigación del Foro Jovellanos por un estudio que descarta una mano negra en el final del ilustrado gijonés

El médico Arturo Mohíno Cruz (Madrid, 1943) llegó al Museo-Casa Natal de Jovellanos cargado de datos y pruebas. No es para menos cuando la cuestión a tratar se basa en reinterpretar la historia ocurrida hace ahora más de 200 años y tiene como protagonista a Gaspar Melchor de Jovellanos. Como aval previo tenía la credibilidad del jurado encargado de elegir al XVIII Premio Internacional de Investigación, que anualmente conceden los patronos de la Fundación Foro Jovellanos.

Este especialista reumatólogo, que desarrolló buena parte de su carrera profesional en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, conocía a principios de este verano que su trabajo 'Jovellanos y el saturnismo' pasaría a nutrir el palmarés de premio, organizado con el apoyo del Ayuntamiento de Gijón y de la Consejería de Educación y Cultura del Principado y que ayer mismo daba el pistoletazo de salida a su edición número XIX.

En su trabajo de investigación, Mohíno se ha basado en descartar que el ilustrado gijonés muriera envenedado por voluntad de la reina María Luisa de Parma, si bien aquí cabría establecer cualquier nombre, pues el estudio va más allá y señala que el saturnismo -intoxicación por plomo- se debió ni más ni menos que al sino. «La muerte de Jovellanos se la provocó su condición», explicó el médico, que gestó buena parte de su obra en la parroquia maliaya de Oles, donde reside parte del año. Su situación acomodada en la sociedad de la época que le hacía improbable, por ejemplo, comer en ollas de barro antes que en las elaboradas a partir de una aleación de estaño y cobre, su presencia en la fábrica de loza del Natahoyo propiedad de Thomas Price y en el Madrid que sufría una epidemia de saturnismo fueron claves en su final a los 67 años.

Cuatro ha necesitado el médico jubilado para preparar todo el material que ayer presentó en el que fuera hogar de Jovellanos, donde recibió el diploma y la estatuilla acreditativa del premio, dotado con 6.000 euros. Aquí compartió espacio con el poleso Juan Díaz Álvarez, accésit de la convocatoria por tratar la práctica literaria del ilustrado gijonés como historiador del arte.

Lo curioso del trabajo de Mohíno es que la decisión de investigar en este sentido surgió por casualidad, mientras paseaba por el barrio gijonés con su amigo Aitor Martínez. Este aludió a la mujer del monarca Carlos IV como artífice de la muerte del ilustrado por acetato de plomo, un compuesto químico que ni entonces ni ahora se duda que fuera el causante de la muerte porque sus síntomas son claros: «Cólicos, pérdida de visión y de oído, pérdida en la movilidad de la mano y edemas en la pierna», enumaró el experto.

Tantas dudas y vacíos le animaron a implicarse en el asunto. «Me pareció extrañísimo, de aficionado, envenenar a alguien utilizando acetato de plomo porque tiene un sabor dulzón verdaderamente desagradable. Sería de aficionado no tener antes en cuenta el arsénico o el mercurio», explicó Mohíno.

Las pruebas parecen haberle dado la razón, descartando la teoría de una mano negra acechando a Jovellanos. Para terminar, el experto acompañó el nombre de Jovellanos con otros grandes que tuvieron la misma suerte, como la Duquesa de Alba, Jorge Juan o Goya. Antes de cerrar la ponencia y marcharse con el premio, recordó que en el año 2000, en Luarca, tres niños se intoxicaron por sales de plomo y que México aún tiene rastro de la epidemia.