El Comercio

«Hay que romper la frontera entre la tecnología y las personas»

  • El Princesa de Investigación acudió a la Politécnica para conocer de primera mano el trabajo de sus investigadores

Es su paradigma. Para los estudiantes de la Escuela Politécnica de Ingeniería (EPI) y también para sus profesores, Hugh Herr es la demostración hecha hombre de que la aplicación de la inteligencia, la tecnología, la suma de todas las ciencias y la fuerza de voluntad no es que mueva montañas, es que permite escalarlas a alguien que, como él, el hombre que ayer miraban y siempre han admirado, perdió sus piernas hace tiempo. Herr, que mañana recibirá el Premio Princesa de Investigación, es, realmente, un héroe para todos. Un héroe al que mostraron sus propios sueños tecnológicos, ya convertidos en prototipos y del que recibieron en una visita informal más de un consejo. El mayor: que «el secreto está en romper la barrera entre las tecnologías y las personas».

Llegaba el hombre biónico a la EPI con el gesto serio, mostrando sus propios logros (siempre con el pantalón remangado) y atendiendo a los ajenos, que siguen sus pasos. Le recibían alumnos y enseñantes parapetados ante sus ingenios creados todos para traer el futuro a este tiempo. Unos para correr más y mejor en un coche de carreras, en moto -con una modernísima asistencia a la dirección- o en una bicicletas sin cadena, ni electricidad. Otros, como el de Covadonga Quintanes y Álvaro Noriega, sencillamente para ir caminando. Ante su pierna, que reproduce un ingenio de órtesis activa «muy novedoso y poco costoso», hizo Herr su primera parada.

Observando sus prótesis parecía imposible que las que entonces veía pudieran arrojarle alguna duda. Pero así fue. Y mientras observaba en un vídeo cómo el exoesqueleto de los estudiantes ya había permitido caminar a una mujer, preguntaba por «cómo habían logrado estimular su musculatura». Respuesta: «Con pequeñas descargas eléctricas». Y tras la prótesis, una silla de ruedas, que no requiere ni electricidad, ni tirar de las ruedas con las manos. Un par de palancas la hacen veloz y permiten una actividad añadida al usuario. Sus autores, Antonio Parra y Susana Parcial, además de conocer al «genio», se llevaron una idea: «Aprovechad el impulso de la ida para recuperar energía». Drones con ocho y seis motores, capaces de grabar imágenes sin la mínima perturbación, gracias a sus amortiguadores, quillas de tabla de surf creadas en 3D y «únicas en el mundo» personalizadas matemáticamente, pero no para ganar en estética, sino en funcionalidad.

Una moto de carreras que puede llevar publicidad «dinámica» en su chasis, es decir que cambia el mensaje por tiempo y por posición. También pudo ver el investigador una coche que nutre su carrocería de fibra de lino, para no contaminar y, entre otras cosas, un estudio ergonómico para corregir posturas en el trabajo y prevenir lesiones en el futuro.