El Comercio

El fotoperiodista, antes de su encuentro en Siero.
El fotoperiodista, antes de su encuentro en Siero. / PABLO NOSTI

«Tenemos la obligación de ver lo que pasa en el mundo»

  • El fotoperiodista James Nachtwey destaca que los medios de comunicación «tienen el trabajo de cuestionar lo que hace el poder político»

Dolor, sufrimiento, tragedias, torturas... Así leídas son solo palabras. Para el fotoperiodista James Nachtwey son su día a día, las miradas que él mismo ha captado en distintos conflictos y guerras de rincones de todo el mundo con un solo objetivo: cambiar todo eso. ¿Causa dolor contemplar imágenes de niños desnutridos por la hambruna que provocan las guerras? Claro, pero esa es la única manera de generar el impacto que el reportero gráfico cree primordial. Lo dijo ayer en el Reconquista durante su rueda de prensa: «Tenemos la obligación de ver ese tipo de fotografías, de ver lo que pasa en el mundo», porque, si no, «jamás se pondrá solución» a esos problemas.

Cuando arrecian las malas noticias se hace más fácil hacer la vista gorda y mirar hacia otro lado. Para el estadounidense, aquellos que hagan eso «deben preguntarse por qué se sienten así y por qué no quieren saber lo que está pasando». La mirada de Nachtwey es de fiar. Lo certifican los medios de comunicación en los que ha publicado -los más importantes de Estados Unidos-.

«Soy afortunado por haber contado con la confianza de los editores», apunta. Cuenta que cada vez que le envían a un destino va sin instrucciones, porque «lo que quieren es ver mi perspectiva». Una perspectiva que tiene mucho valor y que está dotada de pensamiento crítico, razón por la que ha sido premiado por su gran «compromiso profesional que le ha llevado a cubrir una treintena de conflictos bélicos y crisis humanitarias sin abdicar de los principios éticos del informador ni maquillar el dictamen de la cámara», según refleja el acta del jurado del Premio Princesa de Asturias.

Pero antes de moverse por zonas de guerra, campos de refugiados y ciudades arrasadas por catástrofes naturales su mirada fue a parar a las pinturas de Goya, que le «impresionaron». «Cuando terminé los estudios universitarios vine a España y fui al Museo del Prado y allí ví las obras de Goya. Representan un efecto de inmediatez que me dejó impactado. Transmiten, sin ninguna duda, esa sensación de testimonio», explica.

Esa misma que él busca y a la que ahora puede sumarse prácticamente cualquier ciudadano gracias a los avances tecnológicos. Nachtwey se muestra «optimista» frente a esta nueva realidad: «Me parece que es un progreso muy interesante y útil porque existen acontecimientos en los que los periodistas no tenemos permitido trabajar y es bueno que se pueda informar». Eso sí, a su juicio el papel de la prensa sigue siendo fundamental: «La prensa tiene el trabajo de cuestionar al poder y hacer responsables a los dirigentes de lo que les pasa a los ciudadanos».

Acostumbrado a encuadrar con su cámara atrocidades en Ruanda, los Balcanes, Chechenia o Afganistán, explica que, aunque su siguiente publicación no será sobre el tema de los refugiados en Europa, sí tiene previsto continuar abordando el asunto, en el que, de hecho, ya está inmerso. Por su experiencia sabe que el drama humano no ha hecho más que empezar: «No hay duda alguna de que va a haber una oleada de refugiados» vistos los últimos acontecimientos, por ejemplo, en Mosul (Irak).

Mañana recibirá su Premio Princesa en el Campoamor, pero James Nachtwey no puede evitar mostrar un semblante serio y hablar con voz lenta y pausada, quizá representativos del dolor que vio en los rostros de inocentes que cada día pierden la vida luchando por su propia libertad y bienestar. En su conciencia, esa que quiere tocar a cada uno de nosotros con sus fotografías, está toda la verdad que aunque es reconocida y valorada en todo el mundo parece ser insuficiente para decir 'basta'. No importa que sean en blanco y negro o en color, sus fotos son capaces de captar el verdadero reflejo del dolor, pero también un pequeño atisbo de esperanza en los ojos de quienes sufren.