El Comercio

«¿Qué más nos queda por ver?»

James Nachtwey, durante la conferencia en la que expuso su obra en Avilés.
James Nachtwey, durante la conferencia en la que expuso su obra en Avilés. / MARIETA
  • El fotoperiodista James Nachtwey imparte una charla en el Niemeyer

Una especie de visita guiada fue lo que se encontraron ayer los asistentes al Centro Niemeyer de Avilés en la que conocieron el dolor. Una ruta muy «dura y cruel» que no pudo ser guiada por otro que por el maestro de la fotografía de guerra, James Nachtwey, quien recogerá hoy el Premio Princesa de Comunicación y Humanidades 2016.

El trayecto -al que se apuntaron el escritor y galardonado Richard Ford y su mujer, Kristina- se iniciaba por Ruanda, donde, a través de las fotografías se mostraban los enterramientos en masa que se hicieron con excavadoras, para seguir con los miles de escombros de la destrucción de Chechenia y, después, continuar con los niños enfermos a los que se les intentaba sanar con sangre adulta -infectada- en Rumanía.

Pero no acabó aquí: también hubo tiempo para la hambruna de Somalia, el desastre en Kosovo y, obviamente, para los terribles asesinatos de Sudán. Se sumaban a las decenas de fotografías las de Vietnam donde la guerra terminó con muchos inocentes, lo mismo que en Afganistán, e hizo hincapié en algo tan reciente como los miles de inmigrantes que ponen día a día rumbo a Europa.

Antes de dar comienzo a este camino tan desgarrador, los asistentes fueron preparándose con el buen ambiente que generaron los elogios que dedicó el corresponsal Gervasio Sánchez al galardonado. Y, una vez que le confesó su «profunda admiración», le dijo: «¿Qué más nos queda por ver, querido James?». Y ahí llegó el turno del anfitrión de la tarde.

Una luz tenue inundó la sala, se hizo el silencio y su rostro pausado, símbolo de su entereza, se convirtieron en el centro de atención. Con esa eterna pasividad y contundencia levantó la voz: «Espero que estéis preparados para ver las siguientes fotografías. Os aseguro que no será nada comparado con el miedo y el dolor de las personas que aparecen ahí». Así comenzó la ruta.

«La fotografía es una manera de explicar al mundo lo que ocurre». Sus imágenes lo demuestran bien: el hambre, las violaciones, los asesinatos, la guerra, el dolor, las torturas, en definitiva, enseñan el más puro «infierno». Un infierno en el que viven, por desgracia, muchos niños y jóvenes, adultos y ancianos que, en palabras de Nachtwey, «por mucho que estén sufriendo no significa que no tengan dignidad».

Nachtwey viaja a las terroríficas y brutales profundidades del miedo para acabar con ellas. Y es que, para él, «el periodismo ayuda a que exista un cambio en el mundo». Quizá ayer lo consiguió con los asistentes, pues en el auditorio se escuchó algún que otro: «Por favor, no». Dolor que supera el fotoperiodista justamente con eso: «Que llegue a toda las personas».