El Comercio

Vicente Álvarez Areces, con su esposa, Marisol Saavedra.
Vicente Álvarez Areces, con su esposa, Marisol Saavedra.

Por la alfombra azul

  • Encajes, gasas, pedrería, algún terciopelo... de todo, hasta origami, se vio en el desfile del Campoamor

La pasarela azul de entrada al Campoamor es cada año lugar de desfile de todas las últimas tendencias. De lo común a lo espléndido, de lo que se da en llamar 'low cost', eso que es barato y que algunos dicen funciona con los complementos adecuados, a las prendas de factura impecable y marcas 'premium' que, sin necesitar aderezos de dignificación, van casi siempre acompañadas por bolsos icónicos y zapatos que algún día lucirán en los museos.

Ayer, algunas señoras decían desconocer el origen de sus vestidos por ser estos antiguos, por haber sido adquiridos en cualquier lugar del mundo, por pura coquetería o por timidez. En una ocasión alguien le preguntó a la infanta Elena eso de «¿de quién es el vestido?» y ella dio el pistoletazo de salida a la mejor respuesta: «Pues mío». Y suyos eran los modelos de todas las asistentes ayer al Campoamor porque no es esta una alfombra de préstamos como las rojas de otros lares.

De todas las combinaciones y permutaciones de prendas que hacen lo que se da en llamar últimamente 'outfit', el vestido complementado con abrigo o con 'siete octavos' fue uno de los más lucidos por las damas. La llevaba la presidenta del Congreso, Ana Pastor, de Carolina Herrera con encajes verdes. También la presidenta de la Fundación, Teresa Sanjurjo, con doble faz en crepé de lana rojo el abrigo y el vestido en crepé (esta vez de seda), de Marcos Luengo. Este modisto asturiano con 'atelier' en la calle Asturias de Oviedo fue también artífice de los modelos de Inés García, esposa de Jacobo Cosmen, una de las más acertadas año tras año, que en esta ocasión lució un vestido de crepé con aplicaciones de madreperla y strass. De verde agua el pantalón y la blusa, con aplicaciones en el escote, acudió Victoria Cueto-Felgueroso, la mujer de Luis Fernández Vega. Espléndida entró también otra de las invitadas, Pilar González, con un vestido y abrigo corte de capa, de doble faz gris y lila a cargo de la más famosa de las diseñadoras venezolanas.

El punto internacional y 'arty' con mayúsculas vino de la mano de Alicia y Núria Moreno Espert, de negro y vestidas por el genio Issey Miyake. Muy de agradecer, porque los exquisitos y a veces complicados modelos del japonés no suelen aparecer en esta nuestra alfombra, a pesar de vestir a las mujeres de la cultura de todo el mundo.

Clásicos e intemporales como el traje de Dolce & Gabbana de Begoña Alperi, odontóloga, compuesto por falda floreada de satén -las flores son este año tendencia de otoño- e impecable americana negra acompañada de bolso y zapatos firmados por Gucci y Prada.

Cual sirena plateada, Pilar García, presidenta de Técnica de Conexiones (TEKOX), con vestido de pailletes de Tom Ford, un 2.55 de Chanel y zapatos de Gianvito Rosi.

Soledad Saavedra acostumbra a ir impresionante. De largo y de Roberto Cavalli en esta ocasión, su vestido era estampado de fondo negro con pechera de pequeños volantes, que este año se han dado en llamar 'ruffles'.

La exministra Cristina Garmendia es otra de las que siempre acierta: lució un dos piezas de gasa rosa antiguo rematado en encaje y chaqueta de cuadros firmado por Valentino. Y en dos piezas de fondo negro bordado en pedrería blanca, Paloma Rocasolano, «como siempre» del mismo modisto de cabecera que su hija, Felipe Varela.

Presente también año tras año, Sandra Ibarra, de rosa empolvado de Tot Hom con un vestido de gasa cloqué con falda corta de plumas que protagonizó una aparición bastante mas discreta de lo habitual.

Muy favorecida y especialmente guapa, la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, con pantalón y chaqueta negros de tejido fluido con cuerpo de encaje gris de la diseñadora asturiana radicada en Jerez Elisa Cortés. Junto a ella, Cristina Mitre, autora del libro 'Mujeres que corren', caminó con estilo por la alfombra azul con un vestido entallado de encaje verde con cuellos de bebé de Etxart and Panno. Fue con su madre, Sagrario Aranda, de negro y vintage.

Tomando posiciones entre las más elegantes en la cita asturiana, el modisto Ulises Mérida. Suyo era el precioso vestido blanco, con aplicación de lazo floral en azul, que vestía la siempre impresionante María Porto. El bolso, en tonos blanco y albero de Reliquiae, firma gijonesa conocida internacionalmente por su exquisita manufactura en piel. Este mismo modelo, un superventas de la firma, ha sido lucido en varias ocasiones por la propia reina Letizia.

Siguiendo con consortes en su rama de política, y también de Ulises Mérida, Beatriz Tajuelo, novia de Albert Rivera, que llevó un modelo negro con hilo dorado y espectaculares mangas, que este exquisito toledano es capaz de hacer vestidos y a la vez origami. Sin duda Beatriz toma posiciones como 'fashionista' en su segunda aparición por los Premios Princesa: cuando vas guapa, todo mejora.

En su versión única e irrepetible, María Teresa Mallada, presidenta de Hunosa, cuyo atuendo podría resumirse en que la actitud hace casi todo en la moda y con esa virtud se puede poner una cualquier cosa. Era el suyo un vestido sin mangas, blanco, estampado en rojo de cuerpo entallado y falda voluminosa en diferentes largos. Ad hoc, sandalias en rojo con cordones infinitos. La procedencia, Rococoa, en Candás.

Mercedes Fernández, presidenta del PP asturiano, cabello ahuecado y conjunto en tonos grises, con pantalón de terciopelo, sandalias de cuñas y abrigo con hilo dorado de su propio guardarropa, naturalmente.

En cuestiones indumentarias, el olvido es a veces lo más sano. Una de las pocas invitadas de terciopelo, a pesar de ser este uno de los tejidos de la temporada, fue la elegantísima señora de Víctor García de la Concha, con un abrigo negro precioso.

Y así, entre aciertos y desaciertos, tacones y zapatos planos, muchos zapatos planos, colorín colorado esta alfombra se ha enrollado. Hasta el año que viene.