El Comercio

Fieles a sus clásicos

La reina Letizia hizo su aparición ante el Campoamor vestida una vez más de Felipe Varela, su modisto de cabecera, que la vistió de cóctel para una entrada de tarde con salida casi nocturna. La casa define el modelo como «falda evasé en seda cady nude bordado a mano sobre tul invisible con hilo de metal negro y lágrimas de cristal Swarovski». El vestido se ceñía a la espléndida y delgadísima figura de la reina como una segunda piel color nude (Wallis Simpson, que fue casi reina, dejó dicho que nunca se estaba lo suficientemente delgada, y así es en reinas y comunes). Los bordados recordaban a los delantales y dengues recamados de azabache de los trajes tradicionales de asturiana con posibles. Los zapatos, de ante con plataforma y pulsera de Magrit. Y el cabello, recogido en moño bajo.

Doña Sofía, nuestra reina emérita, como siempre correctísima y muy sonriente, con un 'tailleur' gris plata, zapatos a tono y su inseparable chal. Como en otras ocasiones, hizo un guiño asturiano con dos collares de perlas de la joyería Quirós de Oviedo, el complemento regio que tan poco usa doña Letizia.