El Comercio

Richard Ford se arregla la corbata antes de hablar.
Richard Ford se arregla la corbata antes de hablar. / MARIO ROJAS

«Me infunden esperanza los actos cuyo objetivo es expandir la tolerancia»

  • «¿Por qué no tratamos de imaginar más, por mucho que las fuerzas de la convención social nos digan que imaginemos menos?»

  • Richard Ford.Escritor

Mezclando hilvanes de fino humor con un profunda reflexión acerca de la literatura, la política y la vida, el novelista estadounidense -«de Misisipi», puntualizó- y Premio Princesa de Asturias de las Letras, Richard Ford, inició su discurso en lengua española, brevemente, antes de proseguirlo «en americano» para «no hacer más el ridículo».

Tras el preámbulo, desarrolló una lúcida dialéctica entre las luces y las sombras de la existencia, que recibimos en su origen «vacía», explicó recurriendo a una cita de Ortega y Gasset. Vaciedad, como las páginas en blanco que anteceden a la escritura, que hemos de ir animando mediante la imaginación, entreverando el gozo y la desdicha. «¿Por qué no tratamos -como hizo Cervantes- de imaginar más, por mucho que las fuerzas reduccionistas de la convención social nos digan que imaginemos menos?», se preguntó dejando implícita la respuesta.

Se declaró un «novelista político», en un sentido que va más allá de los acontecimientos políticos cotidianos, que tampoco elude su prosa. «La política determina el destino de la humanidad al acrecentar nuestra capacidad de aceptar al prójimo, y de encontrar la empatía mutua y una causa común para todos», fuente de la que mana la literatura misma.

Realista, al modo que lo es su propia obra, extendió su mirada a los colegas de profesión que sufren condiciones más dificultosas. «Yo no vuelvo a casa en Siria. No vuelvo a casa en Birmania, o en Sudán del Sur, donde la tarea de la literatura -hacer que algo suceda, hacer que una vida vacía se convierta en poética para bien de todos- es prácticamente imposible. Y sin embargo la cumplen».

Desde la modestia, por su parte, el compromiso que asumió en la tarea fue el de «tal vez aportar alegría», virtud la de la alegría que «mengua velozmente en el mundo», asediada por figuras como la de «Donald Trump» o por «las desigualdades de renta y el abatimiento económico». Frente a ese desaliento, «me infunden esperanza los actos cuyo objetivo es expandir la tolerancia».