El Comercio

De Varela  para la ceremonia.
De Varela para la ceremonia. / EFE

Glam, clasicismo y vuelta a las raíces

  • La Reina lució prendas de Carolina Herrera, Varela, Hugo Boss y el asturiano Marcos Luengo, además de unos espectaculares pendientes de diamantes

  • Del tirante al abrigo, doña Letizia ofreció una lección de elegancia en Asturias

Tras la llegada en la tarde del jueves de los Reyes al Principado, muchos ojos se vuelven hacia la Reina y su elección estilística para los tres días de visita. La moda no es apariencia o postureo sin importancia. Es en muchas ocasiones arte, en otras tradición artesana y también industria de esa que sustenta a un país.

La visita, en su modalidad estilística, comienza con un concierto en el Auditorio Príncipe Felipe, el inicio de los actos. Y llegó discreta, de negro con capa de lana, que recordaba a aquella prenda hoy día caída en desuso denominada 'salida del teatro'. La versión de la noche del jueves es una prenda comodín, para abrigarse con vestidos de fiesta que casi nunca son confortables. Modelos de capa parecidos han sido convertidos en icónicos por la princesa Beatriz de Holanda acompañando atuendos de gala. Pero, tras deshacerse de la capa, emergió la Reina en su versión más festiva. Tras la sorpresa inicial del cabello rizado y recogido a un lado con un precioso broche ya conocido, llegó el vestido de color negro, como acostumbra para los compromisos nocturnos, un modelo de vocación lencera, escotado y con finísimos tirantes. Con un largo algunos centímetros por debajo de la rodilla, poco común en los modelos de Varela. Y acompañado de un cinturón, complemento favorito de la Reina.

Causó la misma impresión que Marisa Berenson con idéntico peinado y muy parecidos vestidos cuando entraba en el mítico Studio 54 de Nueva York, aquella sala de fiestas que dejó momentos para la historia y pasos adelante en muchas vertientes culturales. La moda bebe aún de aquella época disco glam. La misma Marisa, musa de Halston, se atrevió por primera vez con lo que entonces se denominó el 'second skin' y, muchos años, vueltas y denominaciones más tarde, sigue en boga. Y, aunque cada temporada vuelve lo de llevar un vestido ajustado, aunque se llame de un modo diferente, la moda ha de mirar hacia adelante sin perder la vista atrás.

Pasada la fiebre glam para acompañar a la OSPA, llegó la mañana del viernes con sus también tradicionales audiencias en el Reconquista. Aquí nuestra Reina, melena lisa en esta ocasión, repitió modelo: el estrenado en un reciente viaje oficial a Estados Unidos. Vestido blanco confeccionado en estampado floral rojo y vivos negros en costadillos y cinturilla, de Carolina Herrera. Es la venezolana una diseñadora solvente de vocación tardía, curtida también en las noches del Studio 54, con su background artístico y su retrato de Andy Warhol para atestiguarlo.

Desde la apertura del armario de doña Letizia a nuevos creadores, es además la autora de algunos de los modelos más acertados dentro de los parámetros clásicos y de fondo de armario. Aunque nuestra Reina muestra sus gustos versátiles conociendo y alabando los diseños vanguardistas y la puesta en escena de firmas como María Ke Fisherman. Dos diseñadores madrileños de gran proyección en este momento.

La tarde en el Reconquista es el lugar en el que nuestro soberano da su uno de sus discursos más importantes y comentados. Le acompaña la Reina con un vestido de Felipe Varela, invariablemente, desde que comenzó su andadura como Princesa hasta hoy.

Al couturier hay que agradecerle su compromiso con la excelencia más absoluta a la hora de confeccionar sus trajes. Con independencia de las críticas que cosechen, suelen ser los atuendos seleccionados para esta gala profusamente trabajados y bordados a mano con pedrería de campanillas. Así fue el vestido del viernes, en ese que para muchos no es ni un color y está tan de moda en los últimos años: el nude. Con aplicaciones negras de Swarovski bordadas a mano, en bonito contraste. La falda ligeramente evasé es de nuevo un poco más larga que en entregas anteriores, mejorando el resultado de un vestido de corte clásico y atemporal, que es lo que piden el Campoamor y sus premios.

Y todo ello, acompañado con unos espectaculares pendientes con 432 diamantes negros con diseño de lágrima de la firma suiza Grisogono, una pieza única en la que también destacan dos diamantes blancos talla navette o marquesa.

La visita al Pueblo Ejemplar es el momento más distendido, dentro de tres días sin un minuto de respiro. Y la comarca de los Oscos recibió a doña Letizia con ese orbayu que es la vuelta a las raíces de una Reina asturiana. Destacable la elección de un modisto de la tierra, que a su local de Oviedo ha sumado recientemente un taller en Madrid. Marcos Luengo había vestido en la tarde del viernes a algunas de las señoras más elegantes de la entrega de premios. Y doña Letizia eligió ayer un abrigo de lana cocida fucsia, de manga caída, cuello mao y bolsos de plastón cosido con originales costuras de nervio. Además, escogió pantalones de corte impecable en gris de Hugo Boss, otra de las firmas favoritas de la Reina para sus estilismos más casuales. Aunque poco tenga de casual y mucho de extraordinario la montaña asturiana.

Y así se terminaron tres días de trasiego, moda y muy diferentes peinados para cada ocasión, una lección de elegancia. La declaración de principio de curso está hecha, su continuación vendrá con el devenir de los días y la moda que los acompañe.