El Comercio

«Hay una gran sed de Humanidades»

Teresa Sanjurjo, en su despacho.

Teresa Sanjurjo, en su despacho. / Mario Rojas

  • Teresa Sanjurjo, Directora de la Fundación Princesa de Asturias

  • «La idea de ciudadanía fue constante entre los premiados, lo cual no es nada extraño ante la difícil situación del mundo»

Recién finalizada la trigésimo sexta edición de los Premios Princesa de Asturias, la directora de la fundación homónima que los impulsa, Teresa Sanjurjo, quien asumió esa responsabilidad en 2009, hace balance de las jornadas que comenzaron a mostrarse con la llegada del primero de los premiados, Hugh Herr, el pasado 16 de octubre, y que han tenido su habitual y gran colofón en la entrega de los galardones realizada en el Teatro Campoamor, víspera de la despedida en el Pueblo Ejemplar, cuyo honor este año correspondió a los Oscos.

Es imaginable que todavía tenga en los pies el recorrido por los Oscos. ¿Cómo ha sido ese epílogo?

No hice el recorrido completo, solo Santalla (Santa Eulalia de Oscos), porque la voluntad fundamental era aligerar la caravana para que los Reyes pudieran visitar los tres pueblos (Santa Eulalia, San Martín y Villanueva). Lo importante era el encuentro de los Reyes con los vecinos. Y fue una fiesta total. Amenazó la lluvia, pero acabó saliendo el sol, como si lo hubiéramos preparado (Ríe).

Aunque la fórmula general sea similar en cada edición, ¿qué singularidades señalaría de la presente?

Si bien no es tampoco una novedad, destacaría el grado de participación de los premiados en actos que involucraron a la sociedad. Richard Ford, además, habló de esa necesidad de que la ciudadanía se implique y no se tienda a la indiferencia que observa entre sus compatriotas norteamericanos. Construir ciudadanía fue asimismo una apelación de Natchwey para afrontar las cosas cuando están mal. Y Mary Beard, que nos remitió al conocimiento de la Historia para ser mejores ciudadanos en nuestro tiempo. O Herr, instando a la ayuda a los demás. La idea de ciudadanía fue constante entre los premiados, lo que no es nada extraño ante la difícil situación del mundo.

El discurso del Rey aludió a la esperanza contra el desaliento, poniendo a Asturias a modo de ejemplo de virtudes. Sin embargo, en estos mismos días se vaticina que la región perderá ciento quince mil habitantes en los próximos quince años. ¿Cara y cruz?

La cruz, en ese orden demográfico, no es solo de Asturias. Obedece a un modelo de desarrollo. Ya Rafael Puyol, asturiano que fue rector de la Universidad Complutense, advirtió hace algún tiempo de que uno de los mayores problemas de Europa sería el demográfico. A modo de pequeño consuelo, las virtudes que nos adjudicó Su Majestad son solo de los asturianos.

Está implícita en la referencia a la ciudadanía de los galardonados lo que Mary Beard declaró varias veces de forma explícita durante sus comparecencias: la necesidad de recuperar las Humanidades. Sucede que se van eliminando de los programas educativos en todo el mundo. ¿Voces a manera de oasis en medio del desierto oficial?

Serán oasis de esperanza. La respuesta de los ciudadanos en todos los actos lo que sí demuestra es que hay una gran sed de Humanidades. Mary Beard lo ha destacado en su blog del suplemento literario del 'Times', hablando de su encuentro en el instituto Pérez de Ayala con los alumnos y los profesores. La respuesta de la ciudadanía ha sido fantástica en cada uno de los actos programados. Y, por lo demás, nunca se sabe en qué lugar germinarán las semillas que se plantan.

Remontándose a las raíces de los propios premios, en alguna ocasión, coloquialmente, se los comparó con los Nobel. Ahora podría ser al revés, si pensamos, por ejemplo, en Bob Dylan, que fue antes Príncipe de Asturias que Nobel...

Eso ha ocurrido, sí; pero cada uno tiene sus objetivos e identidad particular, que en nuestro caso están muy asentados. Por supuesto, siempre en la perspectiva de un horizonte que nos mejore.

Con todo, también hay quien no comparte algún aspecto de los premios. La manifestación de la plaza de La Escandalera -que este año fue permitida por la Delegación de Gobierno en Asturias- proclamaba su bienvenida a los premiados y su rechazo a los patronos. ¿Cuál es la lectura que se hace desde la fundación?

La de seguir trabajando. Respetamos las disparidades de criterio, pero nuestra labor es la de continuar ofreciendo a todos los ciudadanos una cultura de calidad.

¿Y cómo es la relación con el Ayuntamiento de Oviedo, cuyo propósito es el de recortar subvenciones?

La relación es muy buena, tanto desde el punto de vista institucional como en lo personal.

Los premios van abarcando, junto al galardón del Pueblo Ejemplar, otras localidades asturianas para su programación. ¿Es una proyección esencial para la fundación?

Es muy importante. La guinda es la entrega de los premios en el Teatro Campoamor, pero en esa ceremonia la capacidad está limitada a mil trescientas personas. Por eso agradecemos tanto a los premiados que vengan antes y extiendan el vínculo al público general en diversos espacios y localidades asturianas, con estudiantes de Primaria, con universitarios, bibliotecarios, clubs de lectura, científicos e interesados en la ciencia, deportistas... Una cultura para todos, ese es el espíritu de la Fundación Princesa de Asturias. Y, como digo, la generosidad de los premiados y las ganas de compartir merecen todo nuestro agradecimiento.

Es probable que no le resulte sencillo elegir un momento que pudiera simbolizar las vivencias de lo últimos días, pero, si hubiera de optar por uno, ¿cuál sería en su opinión?

Aunque parezca un poco sorprendente, elegiría uno al que no pude asistir. Claro está: la condensación de emociones se produce en el Teatro Campoamor; sin embargo, quiero referirme a la reunión de Hugh Herr con los escolares en Avilés, de la que he visto fotografías y vídeos. Me decía el padre de Hugh Herr, ya en el hotel, que hubiera deseado encerrar ese momento en un recipiente de cristal para poder abrirlo cuando las circunstancias son difíciles y aprender de ese instante.

¿Un instante que representaría asimismo las razones de ser de la fundación?

Sin duda. El mensaje de Hugh Herr a los niños es también el ejemplo de su propia vida en constante superación. Y sería muy aleccionador disponer de una botella de cristal para conservar ese mensaje que nos haga superar inconvenientes y desgracias.

Fin de la edición XXXVI...

Sí, tras un día de descanso, empezaremos la evaluación y el inicio de la siguiente edición.