El Comercio

Asturias pone una pica en San Cugat

Patxi Fumanal, en el plató de 'Saber y ganar', en San Cugat del Vallés.
Patxi Fumanal, en el plató de 'Saber y ganar', en San Cugat del Vallés. / CEDIDA POR QUART PRODUCCIONES
  • El asturiano Patxi Fumanal afronta hoy su decimoséptimo programa de 'Saber y ganar'

Casi todo el mundo ha visto alguna vez 'Saber y ganar', el concurso más longevo de la televisión. Muchos se presentan, pocos son los elegidos y la mayoría caen eliminados al principio. Pero hoy un asturiano, el ovetense Francisco Fumanal, 'Patxi', se enfrenta a su decimoséptimo programa, y subiendo. Lleva un bote de 5.690 euros.

En general, jugar en plató es distinto a hacerlo desde el sofá. Mucho más difícil. «Pero en el programa he hecho 'calculadoras humanas' (prueba que consiste en resolver en poco tiempo varias operaciones aritméticas) que en casa no hacía». Y es que si uno se olvida de que está ante las cámaras «resulta muy llevadero». Además, todo el equipo es encantador: «Te tratan como si fueras lo más importante y no uno más».

Fumanal recomienda también dejarse llevar, porque «es un auténtico lujazo. Una experiencia gratificante no, lo siguiente. Hay mucho compañerismo, el ambiente es agradable y luego te quedas tomando una caña. No más tarde porque el restaurante cierra a las diez y media y acabas roto». Sobre los concursantes actuales, confiesa que José Pinto es «un monstruo. Compite, pero no hace sangre», y Elena, de Santander y recién caída, «un encanto».

Cada día se graban cinco programas, tres por la mañana y dos por la tarde. La primera jornada se le fue volando. Juanjo Cardenal, 'la voz', ya posó para una foto el primer día. Pilar Vázquez, la azafata, estuvo en Oviedo realizando un curso de protocolo y le gusta mucho la ciudad. Y, en cuanto al presentador, Jordi Hurtado, Fumanal secunda la conocida broma: «En persona es más inmortal todavía. Tiene mucha sorna, hace bien su papel día tras día».

Procurador de los tribunales y agente de seguros, Fumanal acostumbraba a ver el mítico concurso de La 2 en las sobremesas, para disfrutar de «algo entretenido» y relajarse «antes de la dura faena» de la tarde. Su mujer, Carmen, siempre lo animaba a presentarse, hasta que un día ella misma decidió enviar una carta. Y sirvió. «A finales de junio me llamó la productora. Te hacen un pequeño test de cultura general y te preguntan la disponibilidad en las fechas que te dan y confirmé para el 13 y 14 de septiembre. Me advirtieron de que, si pasaba, tendría que volver el 20 y estupendo, era San Mateo y festivo», relata. Hoy vuelve a estar en San Cugat del Vallés.

El concursante solo tiene buenas palabras para el equipo de producción. Se ocuparon de facilitarle el transporte y el hotel y de llevarlo a grabar. «Te lo mandan todo hecho, es una pasada: el billete de avión y un señor que viene a buscarte al aeropuerto», explica. Y recuerda con cariño el hotel: «Está muy bien y cerca, con piscina, arbolitos, tumbona... todo muy bucólico».

Los días son casi maratonianos. Las grabaciones comienzan a las ocho de la mañana y terminan a las siete, «y estás completamente rendido». El más duro es el primer día: cuando «llegas a la sala de espera y estás allí hasta que alguien falle. Estamos todos acojonados. Yo me conformaba con no hacer el ridículo», bromea.

Delante de las cámaras, Patxi no se olvida de dónde viene y lleva siempre «Asturias por delante».

Su gran apoyo, además de su familia, han sido sus compañeros de trabajo, que lo ayudan cuando se ausenta para grabar.

Ahora espera llegar «todo lo lejos que pueda». No se pone horizontes complicados. Y, además, «tienes muchos picos de un programa a otro, a veces acabas muy bien y el siguiente es duro». Si pierde, no pasa nada: «A mí lo que me apetece es pasármelo bien. El dinero que gane es lo de menos».