El Comercio

En los zapatos del pasado y el futuro

Íñigo Rodríguez-Claro y María Morales en primer término. Detrás, Carlota Gaviño y Pablo Messiez.
Íñigo Rodríguez-Claro y María Morales en primer término. Detrás, Carlota Gaviño y Pablo Messiez. / MARIETA
  • El director y dramaturgo Pablo Messiez estrena en Avilés 'Todo el tiempo del mundo'

  • El autor argentino rebusca en su propia biografía para filosofar sobre el paso del tiempo con la historia de su abuelo como excusa

Dos años lleva Pablo Messiez (Buenos Aires, 1974) trabajando en la obra que el viernes vivirá su estreno absoluto en el Teatro Palacio Valdés de Avilés. No es 'Todo el tiempo del mundo', en un fácil juego de palabras con el título del espectáculo, pero sí es mucho. Lo ha cocinado con calma, sobre todo porque en realidad esa historia se lleva fraguando en su cabeza a lo largo de toda su vida. Toma el dramaturgo, director y actor argentino que dirigió la multipremiada y elogiada 'La piedra oscura' la historia de Flores, su abuelo, el hijo de una madre soltera de la provincia de Buenos Aires que creció creyendo que su madre era su tía.

Gestionaba una zapatería de señoras aquel abuelo recuperado para el teatro con la colaboración inestimable de su madre, también muy presente en el espectáculo, y es allí donde se desarrolla una historia que en cierta forma se presenta como una suerte de filosofía del paso del tiempo, que plantea interrogantes sobre cómo el pasado está hecho de relatos y el futuro de deseos, que abunda en la relación que mantenemos con las palabras y cómo estas construyen la realidad.

Ese zapatero es el protagonistta de un universo onírico que plantea preguntas y superpone pasados, presentes y futuros en la búsqueda de saber quién es, en un camino de hallar respuestas plagado de relatos que se narran cuando cae la noche.

Con esos argumentos se hila 'Todo el tiempo del mundo', un proyecto de la compañía Grumelot, a la que Messiez se unió para dar a luz este montaje después de una satisfactoria experiencia previa de investigación sobre clásicos para el Festival de Almagro. Buxman y Kamikaze como productores obraron el milagro de poner a ensayar a nada menos que siete actores -Carlota Gaviño, Rebeca Hernando, Javier Lara, María Morales, Juan José Rodríguez, Íñigo Rodríguez-Claro y Mikele Urroz- y se lanzaron a la aventura de investigar sobre el primer borrador del texto e ir dándole forma hasta llegar al aquí y ahora. A ese presente que no existe porque pasa de ser futuro a pasado en instántes etéreos y que apunta a que todo está listo para salir a escena.

Actuará el elenco sobre una escenografía tan repleta de emociones como el propio texto. Porque en ella hay elementos tan auténticos como los vestidos de los matrimonios civil y religioso de la madre del director, el banquito de la zapatería en la que también trabajaba un familiar de Íñigo Rodríguez-Claro, llamado -casualidades- Floren. «Los objetos están cargados de pasado», confiesa el actor, quien subraya que se sumerge al espectador en un universo muy familiar y repleto de nostalgia.

Han disfrutado del montaje. Y lo siguen haciendo. Dicen haber trabajado con total libertad y eso se advierte. «Para que las cosas salgan bien hay que pasarlo bien», señala Pablo Messiez, quien añade que este nuevo montaje es también un homenaje a los abuelos.

Tras el estreno del viernes en Avilés, en un teatro que encaja en la zapatería que se recrea como el pie de Cenicienta en su zapato de cristal, la compañía se mudará a Madrid, donde estará en las Naves del Español del Matadero del 24 de noviembre al 18 de diciembre. A continuación les esperan Zaragoza y Sevilla.