El Comercio

Crónica de un éxito anunciado

El escenario del Niemeyer se transformó en un gran dormitorio para acoger 'Una gata sobre un tejado de zinc caliente'.
El escenario del Niemeyer se transformó en un gran dormitorio para acoger 'Una gata sobre un tejado de zinc caliente'. / MARIETA
  • Juan Diego y Ana Marzoa brillan en la puesta de largo en Avilés de la versión de Amelia Ochandiano sobre el famoso texto de Tennesse Williams

Hacía varias semanas que se habían agotado las entradas en el Niemeyer para acudir al estreno nacional de la versión que Amelia Ochandiano -también, su directora- ha realizado de 'Una gata sobre un tejado de zinc caliente', la obra del teatro clásico contemporáneo por la que mereció su autor, Tennessee Williams, el Premio Pulitzer, en 1955, la cual era además su creación predilecta, sin menoscabo de otras piezas de su puño y letra que recibieron laureles, de 'Un tranvía llamado deseo' a 'Dulce pájaro de juventud' o 'La noche de la iguana'. De modo que, en principio, solo cabe confirmar un lleno absoluto en el auditorio diseñado por Óscar Niemeyer. Y una enorme expectación, que fue ampliamente satisfecha.

Anticipaba Amelia Ochandiano que había caído en sus manos el que fue último texto revisado por Tennessee Williams de la pieza y que aunque todos podemos tener en la memoria la adaptación cinematográfica que llevó a la pantalla Peter Brooks con Elizabeth Taylor y Paul Newman, pronto se sumergió en la hondura teatral, que va más allá de la película.

De igual modo aconteció en este esperado estreno. La historia de una familia sureña estadounidense, los Pollitt, en plena crisis, alrededor del cumpleaños del patriarca septuagenario, avivado el drama por el calor tórrido de un día de verano, trasladó al escenario toda la intensidad y la atmósfera que envuelve a los protagonistas.

El escenario realista recogió diálogos de alto voltaje, con orillas poéticas y chispas de humor ácido, a los que dieron vida al pie de la letra un inmenso Juan Diego, en el papel del patriarca -excelente-; Maggie Civantos oficiando sinuosamente de Maggie 'La Gata' -hasta en el nombre de ambas parece asomarse una predestinación-, Eloy Azorin incorporando la figura tensa de Brick, marido de Maggie; Ana Marzoa, la matriarca, dibujando un perfil complejo y apaciguador, también sobresaliente; y José Luis Patiño y Marta Molina, o sea, el hermano mayor y la cuñada de Brick, Gooper y Mae, secundarios en el grupo familiar que revelan sus aspiraciones de hacer valer la primogenitura.

Tennesse Williams tuvo una existencia tan gloriosa como atormentada, lo que tradujo en varias ocasiones a los personajes que edificó. Y aquí parece transpirarse esa temperatura, yendo del alcoholismo por el que navega Brick al cortinaje de la homosexualidad, la ambición y la mentira, la fragilidad y la muerte. Todo ello atravesado por palabras que rezuman del interior de la esfera familiar alumbrando dolientes verdades, la furia doméstica de la vida, cada cual en sus razones particulares, ofrecido por un mosaico interpretativo soberano.

Cuando llegó a las pantallas españolas la cinta de Peter Brooks, traía tintes de escándalo para aquella sociedad fácilmente dada a taparse los ojos. Hoy, 'Una gata sobre un tejado de zinc', en esta versión de factura soberbia, mucho más allá de cualquier pecado capital, demostró la virtud de los clásicos. Es simplemente imperecedera. Se entiende que haya tenido tantas adaptaciones -incluyendo la que hace veinte años también pasó por Avilés, con Aitana Sánchez Gijón y Toni Cantó-. La propuesta de Amelia Ochandiano es de las que dejarán huella. Sobresaliente y despedida con una ovación tan cálida -y larguísima, que también lo es la propia obra- como una gata sobre un tejado de zinc.