Radiografía de un drama cotidiano

Belén Cuesta, Carmen Balagué, Malena Alterio y Daniel Grao, en el Palacio Valdés.
Belén Cuesta, Carmen Balagué, Malena Alterio y Daniel Grao, en el Palacio Valdés. / MARIETA
  • 'Los universos paralelos' de Malena Alterio y Daniel Grao se estrena con gran éxito en el Palacio Valdés de Avilés

¿Cómo reponerse del dolor y de una pérdida irreparable sin dejarse llevar por la desesperación? A esta compleja cuestión busca responder desde el realismo y las verdades catárticas del teatro la obra de David Lindsay-Abaire 'Los universos paralelos', que ayer se estrenó en el Teatro Palacio Valdés de Avilés.

La función dirigida por el experimentado David Serrano y protagonizada en sus papeles principales por Malena Alterio y Daniel Grao, secundados por Carmen Balagué, Belén Cuesta e Itzan Escamilla, tenía ayer en el coliseo avilesino su puesta de largo, antes de comenzar a rodar por toda España, y los espectadores que llenaban el teatro tuvieron el privilegio de ver cómo el drama de Lindsay se levantaba con los retoques aún frescos de los últimos ensayos en su hora de la verdad. El resultado una pieza que funciona desde sus primeras escenas y no decae en su interés hasta la bajada del telón.

El autor, David Lindsay-Abaire -que recibió en 2006 el Pulitzer de teatro por esta obra- sabe cómo articular una pieza escénica sirviéndose de la dramaturgia de la vida cotidiana y dotar a sus personajes de la naturalidad necesaria para hacerlos creíbles y con ellos la tensión desencadenada sobre las tablas. Su tocayo Serrano ha sabido utilizar esos recursos del texto original para dirigir a un elenco de actores y actrices que se mueven como peces en el agua durante toda la función.

La pérdida reciente de un hijo es el leitmotiv que impulsa el drama y constituye el epicentro emocional sobre el que se mueven los personajes, con Patricia (la madre) y Alberto (el padre), encarnados por Malena Alterio y Daniel Grao, llevando buena parte del peso de la acción, un reto que ambos intérpretes resuelven con admirable eficacia, engrasados por la presencia en escena de Belén Cuesta (la hermana menor de Patricia) y la veterana Carmen Balagué (la abuela), verdaderos asideros a la realidad de la pareja. Ambas actrices transmiten convicción y frescura por todos los poros.

Lleno total y reconocimiento final de un público al que pareció convencer esta pieza sobre las dimensiones del dolor y las oportunidades de atenuarlo desde la reconciliación con la realidad, sin estridencias ni falsa moneda de melancolía.

Una lección moral sobre ese dolor del que dice el personaje de Carmen Balagué: «Con el tiempo no desaparece, pero acabas acostumbrándote a su peso, porque es lo único que queda del hijo perdido (ella también arrastra ese dolor por un hijo muerto prematuramente). Y sobre todo una lección de teatro alzado con las máscaras de lo cotidiano y el lenguaje confidencial y cómplice de la vida corriente, vulgar, la que aprendemos a bendecir cada día porque es lo único que no perdemos, más allá del dolor y la muerte inevitables. Teatro puro como la propia vida.