El Comercio

Teatro de inevitable lectura ideológica

Fernando Guilén Cuervo se mete en la piel del profesor.
Fernando Guilén Cuervo se mete en la piel del profesor. / FOTOS: MARIETA
  • Con el aforo completo, el drama lacerante que habla del poder y el sexo desde un punto de vista imparcial, recibió una extensa ovación final

  • La polémica obra de David Mamet, 'Oleanna', se estrenó ayer en el Palacio Valdés

Se despidió ayer el Teatro Palacio Valdés, con lleno absoluto, antes de que comiencen sus obras de remodelación, poniendo en escena el estreno de una obra del norteamericano David Mamet, 'Oleanna'. Un autor de prestigio internacional que ya ha dejado su huella sobre las mismas tablas, por ejemplo en las representaciones de 'Noviembre' y 'La anarquista', que obtuvieron gran éxito tiempo atrás.

No obstante, 'Oleanna' posee características propias. Y muy polémicas. En su puesta de largo en Estados Unidos, provocó algaradas en los vestíbulos de los teatros. En España, ha tenido versiones anteriores, realizadas por José Pascual y Alberto Delgado. Esta adaptación de Juan V. Martínez Luciano, dirigida por Luis Luque e interpretada por Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez, prolongará sin duda la controversia que suscita un texto que se asoma a una cuestión candente, el acoso sexual, que en este caso se plantea entre un profesor universitario y una alumna.

El punto de vista de David Mamet elige la imparcialidad. O, por decirlo de otro modo, explora las razones subyacentes a las circunstancias que se desarrollan, incluyendo un repaso crítico del sistema educativo y un análisis de la ambigüedad del lenguaje, al que no es ajeno lo políticamente correcto. Pero, en el centro de los diálogos -que Mamet ha predicado que son el teatro mismo-, la pugna feroz enfrenta los idiomas del poder y el sexo, la lucha de perspectivas ideológicas irreconciliables y motivos personales antagónicos, sin que el desenlace no tome posiciones determinadas, equidistante entre inocencias y culpas. En su día, el dramaturgo se defendió de los ataques recibidos por parte de los grupos feministas, alegando que su misión no era política. Acaso de lo que no pueda escaparse es de las inevitables lecturas ideológicas que alienta un drama lacerante.

Guillén Cuervo y Natalia Sánchez dotan a sus personajes de una enorme verosimilitud, magníficos en unos papeles que requieren extremar los matices, al borde de la frontera del bien y el mal. Ese es sin duda el propósito que alberga la obra, eludiendo respuestas, escarbando las miserias que nos habitan. Sin embargo, tampoco es posible ignorar que la elección de la neutralidad narrativa es asimismo una opción moral. Con todo, el público fue pródigo en la extensa ovación final.

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